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Por
Leticia Espinoza
Publicado el martes, 6 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Son como ángeles blancos que caminan por los hospitales, escuchan el clamor de los enfermos y enseguida acuden a su llamado, para aliviar con medicinas, pero sobre todo con una palabra de aliento y amistad, el dolor.
Son las mujeres con una cofia en la cabeza, son las enfermeras saltillenses, y entre todas ellas María Angélica Quiroz García y María Dolores Tamayo serán distinguidas con la Presea al Mérito de Enfermería de Saltillo, la primera en reconocimiento Pos Mortem.
Presea Post Mortem Las horas de trabajo en los hospitales atendiendo a sus pacientes fueron una gran satisfacción para María Angélica Quiroz García, quien nació el 4 de enero de 1947.
Fue la primera hija de Vicente Quiroz Iracheta y Ana María García de Quiroz.
Ser enfermera siempre le gustó porque era una persona muy servicial, de allí su decisión por dedicarse el resto de su vida a la medicina. Así ingresó al Instituto Roberts y posteriormente a la Escuela de Enfermería de la UAdeC.
Para luego desarrollar su profesión simultáneamente en la Clínica 1 del IMSS y el Hospital Universitario, en donde llegó a ser jefa de enfermeras en el quirófano de ambas instituciones, en las cuales trabajó 28 años.
“Trabajaba de noche y de día en cada hospital, sólo descansaba poco tiempo, pero nunca se le veía cansada, nunca se dio por vencida porque disfrutaba su trabajo y era su vocación”, comenta Oswaldo Quiroz, su único hermano.
Al predicar con el ejemplo, María Angélica siempre aconsejó a Oswaldo prepararse para ser alguien en la vida, diciéndole: “Mírame a mí, me siento muy satisfecha con lo que hago y quiero que seas igual en un futuro”.
A la muerte de la señora Ana María, María Angélica se hizo cargo de Oswaldo. “Cuando murió mi madre yo era casi un adolescente y mi hermana se hizo cargo de mí, de mis estudios, por eso fue para mí como una madre”, dice.
Caracterizada como una persona justa, amorosa, responsable, pero sobre todo muy sociable, llegó a ser fundadora de importantes grupos como el Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Coahuila y la Asociación de Jubilados y Pensionados del Seguro Social.
Y si bien la Presea al Mérito a la Enfermería es un reconocimiento Post Mortem. Oswaldo explica que a él le hubiera gustado que fuera distinguida en vida. Sin embargo, hoy se siente muy orgulloso porque esto es un reconocimiento muy merecido, justamente al recordar un año de su muerte el 2 de enero.
MARÍA DOLORES TAMAYO
Como todo un personaje es considerada María Dolores Tamayo, pues generación tras generación ha admirado su labor en diferentes instituciones médicas, además ser la primera enfermera fundadora de la Cruz Roja Mexicana Delegación Saltillo en 1944.
Su vocación inició mucho tiempo atrás, cuando en su infancia cuidaba a uno de sus hermanos al enfermar.
En los pasillos de la benemérita institución recuerdan con cariño las hazañas de María Dolores o Lolita como la solían llamar, porque, para ahorrar gastos, Lolita fue enfermera, camillera y socorrista al manejar la primera ambulancia que tenía la Cruz Roja. Y nunca le importaron las críticas que podían surgir ante la condición de la mujer en los 40s.
La trayectoria de Lolita Tamayo continuó en el Centro de Salud de Ramos Arizpe, en 1955, donde sirvió con el mismo espíritu 18 años, lo mismo que en brigadas que llegaron hasta los ejidos como en el propio centro.
El trato con pacientes también lo desarrolló como jefa de de la primera clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social en el mismo municipio, donde logró ganarse el cariño de los ramosarizpenses.
Pero fue en 1990 cuando volvió a recorrer las instalaciones de la Cruz Roja, que tantas satisfacciones en sus inicios le había dado, desde manejar aquella ambulancia hasta conocer a cotizados artistas como Pedro Infante en su visita a la ciudad para recaudar fondos a beneficio de la institución.
Fue una bella mujer, pero más allá de su físico y su extraordinaria personalidad, era el trato cariñoso con la gente lo que la caracterizó y ganó el aprecio de la comunidad médica y sus colegas.
“Yo conviví con ella los últimos 13 años, cuando volvió como voluntaria, era una persona muy sensible, muy humana con la gente, venían y enseguida los atendía, daba pláticas a los enfermos con un mensaje muy especial del cuidado de la salud”, menciona Laura Narváez, empleada administrativa en la Cruz Roja.
En los últimos años Lolita se dedicó a orientar y ser parte de grupos de la tercera edad en el ISSSTE, y hoy esta dinámica mujer, quien supo y ha sabido equilibrar, su vida entre familia y enfermería recibirá la Presea al Mérito de la Enfermería a sus 88 años.
MARÍA ANGÉLICA QUIROZ GARCÍA
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