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Publicado el jueves, 11 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- La violencia, la crisis económica, la tecnología y el tener una infancia difícil de sorprender hacen del oficio de payaso un reto duro de superar. Arrancar una sonrisa nunca ha sido sencillo, pero ahora, dice “Milo Milín”, resulta aún más complicado.
Y en eso son los payasos de la calle los que están en la batalla, los que al subirse a un camión o al estar en un crucero se topan con rostros hoscos y preocupados, alertas a quien se les acerque y poco dispuestos a bajar la ventanilla para dar una moneda o para siquiera voltear a mirarlos.
“A diferencia de los payasos de fiestas infantiles, los payasos de la calle merecen un justo aplauso. La condición de inseguridad y la economía, de gente apática, prácticamente estamos en una situación difícil, pero los payasos de la calle se suben a las combis a los camiones, en los cruceros buscando la manera de crear una sonrisa”, expresó el profesional de la diversión.
“A quién no le ha tocado llegar al semáforo en rojo y al voltear vemos las mismas caras malhumoradas, de depresión. Volteamos a un lado y a otro y están igual, en los camiones la gente va encerrada en sí misma, en sus problemas y situaciones”.
“Pero cuando se sube el personaje al camión o en el crucero y por medio de un acto de magia aparece un conejo, un globo, sale el chispazo cómico o malabarea, o con su actuación hace sonreír a la gente ensimismada en sus problemas, lo hace por una cooperación voluntaria, pero aún así, si no saca un centavo, logró su objetivo de sacar una sonrisa a la gente, al menos logró eso”.
“En una fiesta infantil la gente va predispuesta a divertirse y para uno es más fácil, en la calle es muy difícil, se convierte en un superhéroe real, sin armas poderosas, tenemos problemas pero los enfrentamos, una vez maquillados nos transformamos en seres de alegría, esa es la finalidad del payaso”.
A la par de eso, la tecnología y la modernidad del entretenimiento infantil, también hace de los niños un público difícil.
“Nosotros tenemos que crear la manera de hacer otras cosas, valernos de cosas graciosas para superar ese tipo de emoción y poder lograr la aceptación de los niños. Ya no son los mismos de antes, tenemos que ir innovando, creando cosas nuevas, si cantábamos las tradicionales Mañanitas y ahora lo hacemos al ritmo del hip hop o del rap para atraer a los niños”.
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