Coahuila
Hace 3 meses
En una era de podcasts, streaming y algoritmos, la radio y la televisión no se desvanecen, se reconfiguran para seguir educando, informando y acompañando.
La radio no ha dejado de ser la ventana que abre el oído y la mente a todo tipo de mundos imaginables, y la televisión sigue instalándose en la pantalla como una placa luminosa que revela distintos universos sin abandonar el sillón. Estas dos formas de comunicar se alimentan de la inmediatez, de la diversidad y de una curiosidad que no admite barreras.
El futuro de los medios tradicionales de comunicación reside en la adaptación. La adopción de modelos híbridos, multiplataforma y bajo demanda que complementen los formatos digitales permitirá continuar escuchando y modelando la infancia con responsabilidad, imaginación y esperanza.
El origen formal de este día no es casualidad. Ese medio que no exige permiso para imaginar, la radio, recibió en 2011 un reconocimiento concreto de la Unesco, para celebrar que las ondas pueden educar, informar y unir comunidades enteras. La televisión, por su parte, fue convocada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1996 para que un día recordara el poder de la imagen como vehículo de información, educación y vínculo entre culturas.
Pero, si un día internacional se piensa para la infancia, su razón de ser no está en la grandilocuencia de las grandes audiencias, sino en la promesa pequeña y audaz de cada casa. Que cada niño tenga acceso a información veraz, adecuada y apta para su desarrollo; que su voz pueda ser escuchada en los titulares y en los relatos; que el contenido mediático contribuya a su educación, a su creatividad y a su seguridad.
En este contexto, la idea de Unicef de un día conjunto de radio y televisión a favor de la infancia no es sólo una fusión de formatos, sino una síntesis de propósitos: ampliar el acceso a contenidos educativos, garantizar la protección frente a contenidos dañinos y promover la alfabetización mediática para que niñas y niños aprendan a leer el mundo con pensamiento crítico.
En la radio, la historia entra por el oído, siembra preguntas, hábitos y esperanzas. La radio universal ha ido descubriendo la fuerza de una lectura del mundo que promueve entre niños y niñas: programas educativos, relatos y voces que acompañan la vida diaria en espacios de aprendizaje y juego.
La televisión, el espejo que permite mirar la diversidad del planeta a través de la pantalla: noticias, cuentos, documentales, experiencias de vida que llegan a las casas con una claridad que la palabra sola muchas veces no alcanza. La televisión puede enseñar, reconocer y legitimar la participación de las niñas y los niños y, cuando se diseña con cuidado, puede protegerlos y abrirles nuevas puertas hacia una ciudadanía más consciente.
La raíz de este proyecto –inserto en La Convención sobre los Derechos del Niño (Artículo 13 y Artículo 17, entre otros)– reconoce también el papel de los medios de comunicación para contribuir al desarrollo de la personalidad y al aprendizaje.
Un día dedicado a la radio y la televisión en favor de la infancia –el segundo domingo de diciembre de cada año– podría convertirse en un compromiso público para convertir esas normas en prácticas concretas: que las parrillas televisivas incluyan contenidos que respeten la diversidad y la dignidad de las infancias, que las radios difundan programas educativos con lenguaje accesible y con participación de niñas y niños, que existan mecanismos para reducir las brechas de acceso y facilitar contenidos para comunidades marginadas y para familias que viven en situación de vulnerabilidad.
La promesa de este día no es sólo celebrar, sino comprometerse: cada emisión, cada programa, cada historia creada para la niñez deberá acercarnos a una sociedad más justa, más curiosa y más humana. Porque cuando la radio canta y la pantalla ilumina, la infancia no es un espectador pasivo, es el primer laboratorio de un mundo que quiere aprender y descubrir nuevos universos.
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