Coahuila
Hace 1 semana
El mundo celebra cada 15 de marzo una promesa provisional, una promesa que sólo se cumple si la defendemos entre denuncias, cobros y clics: el Día Mundial de los Derechos del Consumidor. En su origen (1962, ante el Congreso de los Estados Unidos) había un reclamo de información, elección y representación; una conversación que, para tener sentido hoy, debe hacerse visible en cada anuncio, en cada reseña, en cada facturación.
En la era de las compras por internet, la conversación entre quién compra y quién vende se reescribe sin dejar de recordar su origen. ¿Qué tan seguro es lo que compramos? ¿Qué tan claro es lo que aceptamos? ¿Qué tan escuchados estamos cuando algo falla? Los derechos originales, nacidos de la prudencia de no abandonar a la gente ante productos defectuosos o publicidad engañosa, se multiplican. La evolución de derechos es una criba de necesidades que el tiempo ha ido agregando.
La publicidad que llega a través de un dispositivo móvil o asistente virtual —Alexa, Siri o Google —, los catálogos en línea creados con Inteligencia Artificial, las ofertas que se actualizan con la velocidad de un algoritmo, obligan a ampliar el horizonte de los derechos. Ahora no basta con exigir que un producto sea seguro; hay que exigir que su seguridad viaje con claridad desde la etiqueta hasta la experiencia del uso; que la información esté en lenguaje comprensible, con precios totales y condiciones claras, sin atajos ni letras pequeñas.
Hoy cada experiencia de compra —desde una caja de cereal hasta la suscripción a un servicio — atraviesa por un contínuum de derechos que se adapta a los retos de la tecnología, la desinformación y la globalización.
En México la protección al consumidor se articula alrededor de la Ley Federal de Protección al Consumidor (LFPC) y de la labor de Profeco, la Procuraduría Federal del Consumidor. La ley vigente, desde principios de los años 90, planteó un marco claro para la seguridad de productos y servicios, la información veraz, las prácticas comerciales justas, las garantías y la reparación de daños.
En nuestro país conviven la LFPC con la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares y su regulación, que busca garantizar que la información personal se trate con consentimiento informado, claridad sobre fines, acceso y rectificación, y seguridad frente a uso indebido.
A lo largo de los años, la normativa se ha ido reformando para responder a nuevas realidades: ventas a distancia, comercio electrónico, contratos de adhesión y, en general, la exigencia de mayor transparencia en cláusulas y condiciones. Pero la era de las compras por internet exige, además, un marco de protección de datos personales, para que la experiencia de compra no sea una invasión velada.
Ahora se suman al viejo anhelo de educación del consumidor: el derecho a saber cuándo un anuncio es engañoso, a entender las condiciones de la oferta, a romper con prácticas que manipulan emociones o que ocultan costos. Derecho a la explicabilidad de los algoritmos que seleccionan qué vendo y qué me muestran, así como se hace con el derecho a desactivar la publicidad personalizada cuando así lo decida; o el derecho a la portabilidad de mis datos cuando deseo cambiar de servicio, cuando se trata de conservar el número de teléfono.
Por ello, en esta vorágine de consumo en línea debemos preguntarnos: ¿qué clase de economía queremos cuando el comercio opera a través de cada pantalla, y cuando las reglas deben explicarse en lenguaje claro y en cada paso de la experiencia de compra?
Este día no es sólo una conmemoración, sino una invitación a la acción: que cada plataforma o tienda en línea asuma la responsabilidad de hacer visibles políticas de privacidad, seguridad de datos, así como costos totales de impuestos y condiciones de envío Nosotros, como consumidores, asumimos el control de nuestras decisiones, leyendo cuidadosamente cada condición y aceptando solo lo que entendemos. Que cada “acepto” sea dado con plena conciencia de los datos que compartimos.
La agenda de los derechos del consumidor en la era digital está viva; en México, como en el mundo, cada usuario exige claridad, pide respeto a su privacidad, reclama soluciones y, sobre todo, reclama una compra que no agreda su dignidad, sino que la confirme.
*El borrador de este texto fue generado con apoyo de la IA
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