Internacional
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La Jornada
Publicado el martes, 17 de marzo del 2026 a las 21:02
La Habana, Cuba.– El clima diplomático entre Cuba y Estados Unidos ha alcanzado un nuevo punto de fricción tras un intercambio de advertencias directas entre los mandatarios de ambas naciones. Mientras el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció una “feroz guerra económica”, el gobierno de Donald Trump sugirió acciones inminentes ante el deterioro de la situación en la isla.
A través de sus canales oficiales, Díaz-Canel respondió a las crecientes presiones de Washington, asegurando que cualquier intento de intervención externa enfrentará una defensa sólida por parte del pueblo cubano.
El mandatario cubano acusó a la administración estadounidense de utilizar las limitaciones económicas de la isla —derivadas de más de seis décadas de bloqueo— como un “indignante pretexto” para justificar planes de derrocamiento por la fuerza.
” “Pretenden y anuncian planes para adueñarse del país, de sus recursos y de las propiedades. Ante el peor escenario, a Cuba la acompaña una certeza: cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable”, afirmó Díaz-Canel.
El líder cubano calificó las sanciones actuales como un “castigo colectivo” diseñado para rendir a la población mediante la asfixia financiera.
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump reiteró su postura crítica hacia el sistema cubano, señalando que el país se encuentra en “muy mal estado”. Sin entrar en detalles estratégicos, el mandatario estadounidense lanzó una advertencia que ha encendido las alarmas en la región: “Haremos algo con Cuba muy pronto”.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esta visión al señalar que el modelo económico de la isla es insostenible tras la pérdida de sus principales aliados históricos:
– Fin de los subsidios: Rubio destacó que la economía cubana ya no cuenta con el respaldo que en su momento brindaron la Unión Soviética y, posteriormente, Venezuela.
– Crisis de gestión: El funcionario estadounidense afirmó que la actual dirigencia “no sabe cómo arreglar” los problemas internos, concluyendo que la solución definitiva requiere de un cambio de liderazgo en el poder.
El intercambio de declaraciones se produce en un momento de fragilidad para la economía cubana, marcada por la escasez de suministros básicos y una inflación creciente. La retórica de “resistencia” por parte de La Habana y la promesa de “acción” por parte de Washington colocan la relación bilateral en uno de sus momentos más tensos de la presente administración.
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