Saltillo
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Grupo Zócalo
Publicado el domingo, 9 de abril del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Al amanecer del primer día de la semana, las mujeres se dirigen al sepulcro para buscar a Jesús en la tumba. El ángel del Señor les da la noticia: Jesús, el crucificado, no está aquí, ha resucitado. Desde ese día, Jesús Resucitado viene a nuestro encuentro en lo ordinario de nuestra vida.
Saludos de gozo y paz en este Domingo de Pascua a toda la comunidad diocesana de Saltillo, a todas las comunidades cristianas con quienes compartimos la gracia del Bautismo, y a todas las personas de buena voluntad. Cristo Resucitado nos bendice con su gracia y nos da vida nueva.
En este día de Pascua, Jesús nos invita a no tener miedo y confiar en Él. Como las mujeres del evangelio, nos acercamos a Cristo con gozo espiritual y lo abrazamos como Señor de nuestra vida.
Jesucristo viene a nuestro encuentro en lo cotidiano de nuestra existencia, en los ambientes donde transcurre nuestra vida, en la familiaridad de nuestras relaciones, así como en los momentos de duda, miedo o inseguridad. No hay que buscarlo en la tumba, sino vivo, como lo encontraron los apóstoles en Galilea, en sus labores y oficios, en sus casas y aldeas, entre los enfermos y atormentados por el mal. Con esa misma sencillez y cercanía, hoy Jesús nos pide que le demos un espacio en nuestro corazón para encontrarnos con Él.
Esta experiencia con Jesús vivo nos anima a comunicar a los demás esta buena noticia. ¿Qué hemos de comunicar y cómo lo podemos hacer? Como los apóstoles, hemos de proclamar quién es Jesús para nosotros: el Hijo de Dios, ungido por el Espíritu Santo, Señor y Salvador. Además, hemos de compartir cómo Cristo ha pasado por nuestra vida haciendo el bien, sanando y bendiciendo nuestra persona y nuestras relaciones con los demás por medio de su amor compasivo.
Somos testigos de la bondad del Señor, beneficiados de su perdón y de su paz, comensales de su banquete de vida nueva. Gracias al bautismo recibido, hemos sido sepultados en su muerte y hemos resucitado a una vida dedicada al Señor. Vivimos para Dios en Cristo Jesús, y esta vida tiene un horizonte de intimidad espiritual que supera toda expectativa.
Si el mundo nos ofrece relaciones “líquidas”, amores fugaces e impulsivos, condicionados por los gustos y los beneficios materiales, Jesús, en cambio, se hace amigo y hermano nuestro con un vínculo sólido de amor, que no conoce límites, permanente y comprometido, que llena nuestro corazón con un amor que es capaz de disculpar, creer, esperar y soportar todo.
Si en verdad deseamos comunicar la buena noticia de Cristo resucitado, debe notarse en nuestra vida ordinaria que buscamos los bienes de arriba, donde está Él. Nuestro corazón ya no puede estar centrado en las cosas de la tierra, por buenas y atractivas que sean, pero que son pasajeras y no satisfacen en plenitud. Hemos de poner nuestro corazón, es decir, intereses, opciones, valores, criterios de vida, en los bienes del cielo, donde esta Cristo, sentado a la derecha de Dios.
Hoy es el día en que el Señor actúa y se manifiesta su vida en nosotros. Hoy es el día en que también los cristianos proclamamos que Cristo es nuestra vida, la cual no podemos ocultar ni disimular. Nuestro compromiso de fe nos impulsa a manifestarnos, unidos íntimamente unidos a Cristo, para gloria del Señor y bien de toda la humanidad.
Vivamos este tiempo de Pascua como discípulos convencidos de la resurrección del Señor, dando a conocer las maravillas de su amor, y ayudando a que nuestros prójimos tengan también la experiencia de una vida plena en Cristo. Seamos testigos creíbles de la resurrección.
Mons. Hilario González García, Obispo de Saltillo
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