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Publicado el miércoles, 4 de diciembre del 2013 a las 15:00
Saltillo.- Braulio Fernández Aguirre era un político de los de antes, que aunque sabía que iba a ganar, hacía campaña hasta en las comunidades más remotas, así lo deja ver Roberto Orozco Melo en su libro “De Carne y Hueso”, en donde retrata las anécdotas de un gobernador que supo perder cuando le tocó hacerlo.
El ex gobernador Braulio Fernández vivió en la casa frente a la cara poniente de la Alameda Zaragoza, a un costado de la Preparatoria Mariano Narváez, una casa blanca rodeada de bardas con enredaderas.
Don Braulio acostumbraba cruzar la Alameda Zaragoza diariamente para llegar al Palacio de Gobierno durante las mañanas, por la tarde, su destino era otro: el cine Palacio, en las calles Victoria y Manuel Acuña, a donde acudía acompañado de su esposa y aún hay quienes lo recuerdan.
“Los transeúntes veían al matrimonio Fernández Aguirre caminar a temprana hora por la Alameda, sin guaruras ni comitiva.
Cuando no tenía más compromisos que asistir a su oficina en Palacio, caminaba, lo que mucha gente aprovechaba para recordarle asuntos que sufrían retrasos o plantearle problemas personales”.
Aquí algunas anécdotas de don Braulio Fernández Aguirre, mismas que fueron publicadas en el “Heraldo de Saltillo” al cumplir un siglo de vida.
‘Hermanas tan pendejas’
Fue en el sexenio de don Benecio López Padilla, allá por los 40, cuando don Braulio Fernández Aguirre hizo su primer intento de llegar a la Presidencia Municipal de Torreón, con tan mala suerte que perdió la oportunidad ante el candidato de la línea oficial, don Rafael Duarte, quien a su condición de hermano de la primera dama de Coahuila agregaba la de concuño del presidente Miguel Alemán. Don Braulio sólo tenía el apoyo del pueblo, pero en aquellos años éste no contaba mucho.
Cuando se decidió el asunto, reunió el señor Fernández Aguirre a un grupo de sus más cercanos amigos para comer y agradecer su apoyo, y éstos, de paso, lamentar que su gallo no hubiese conseguido la candidatura del PRI. Entre ellos estaba Gregorio García Yeverino, un agresivo líder cetemista lagunero que no entendía, y lo decía en los más variados tonos, por qué razón había triunfado un desconocido de los torreonenses, y no alguien que tenía todas las simpatías a su favor.
Don Braulio callaba, pero otro contertulio quiso intervenir para apaciguar las protestas de “Goyo”, que ya alcanzaban registros inconvenientes.
“Mira, Goyo, la cosa es sencilla. Duarte es cuñado del gobernador y concuño del presidente. Por eso ganó”.
Goyo García Yeverino guardó silencio, meneó la cabeza en signo de irremisible aceptación de las razones del triunfo, pero se levantó indignado y dijo con voz estentórea: ¿Mala suerte?
“Se le acercó un vendedor de billetes de lotería y le ofreció una serie para el sorteo más cercano.
Don Braulio, un hombre atento y educado, tomó los billetes, los vio, los regresó al billetero y le dijo:
-No, mi amigo, muchas gracias, pero yo tengo muy mala suerte. El vendedor de lotería lo miró sonriente y con una actitud dubitativa, le respondió, irónico:
“¿Mala suerte usted, señor, con ese chambón que se acaba de agarrar?”
Los circunstantes soltaron la carcajada y don Braulio tuvo que comprar y repartir aquellos billetes de lotería, que por cierto no alcanzaron ni reintegro”.
Mentiras y verdades
“En la primera hornada de presidentes municipales del sexenio de Braulio Fernández Aguirre se arraló el grupo de precandidatos en cierto municipio del norte. Nadie quería aceptar la responsabilidad municipal, porque se publicaba por ahí un periódico semanario que no medía el alcance de sus críticas hacia los funcionarios y les sacaba a orear sus trapitos públicos y privados”. La fecha de las convenciones del PRI estaba a vuelta de hoja en el calendario y no se atinaba a dar con el candidato adecuado. Como don Braulio no confiaba mucho en el delegado del PRI, fue a aquel municipio donde llegó a la hora de cenar. Tenía citado a un ganadero para convencerlo de aceptar la candidatura del PRI. -Eso no es problema, mi amigo -insistió el Ejecutivo-. Usted tiene entre sus conocidos gente muy capaz que puede asistirlo. Además, yo estaré pendiente para que usted pueda hacer una buena administración.
-No, no, señor gobernador. Ya me imagino: todavía no habré calentado la silla y los periodistas comenzarán a decir cosas en mi contra, sobre todo los del semanario. Me van a inventar cuentos y movidas, me calumniarán por cualquier motivo. No, no, no, ni pensarlo. -Usted de eso no se apure. Cuando lo empiecen a criticar, viene conmigo, me dice quién lo está molestando y yo le ayudo a contrarrestar los ataques.
Pasó la campaña, llegó la toma de posesión y la nueva administración municipal se encarriló junto con las otras 37 de la entidad. Seis meses después, el señor gobernador Fernández Aguirre recibió una solicitud de audiencia por parte del alcalde en cuestión. Lo atendió con mucha cordialidad, pero no dejó de notar que el hombre venía bastante triste y cargaba, además, un voluminoso paquete de periódicos.
-Siéntese, señor alcalde. ¿En qué le puede servir su amigo el gobernador?
El presidente municipal se revolvió en su silla, tosió para aclarar la voz y repuso:
-¿Se acuerda de lo que me dijo cuándo me trepó a esta mula rejega, señor gobernador? Sobre lo de los periodistas… ¿Se acuerda? -Sí, como no, mi amigo. ¿Apoco ya lo empezaron a molestar esos señores?
Como única respuesta, el alcalde puso el paquete con los periódicos sobre el escritorio, los desató y desparramó sobre la pulida superficie, al tiempo que decía:
-Allí están todas las cosas que me inventan esos desgraciados. Yo vengo a renunciar señor gobernador.
Don Braulio le dio dos chupadas a su puro y luego abrió uno de los cajones de su escritorio:
-Mire, mi amigo, asómese, para que vea todo lo que dicen de mí.
El alcalde echó una ojeada rápida al cajón, donde había varios ejemplares de distintos diarios, se sentó de nuevo en su lugar, y después de un gran respiro exclamó:
-Pos’ sí, señor gobernador, y me va a perdonar, pero lo que dicen de mí no es cierto.
‘Fue un magnífico gobernador de Coahuila’
Por: EUGENIA FLORES SORIA
“Tengo muchísimos recuerdos buenos de él”, relata Javier Villarreal Lozano sobre el ex gobernador Braulio Fernández, a quien describe como un hombre de gran sencillez y generosidad. “Siempre admiré su capacidad para organizar al estado; tuvo una actuación en momentos no fáciles, pero que logró sacar adelante”, explica.
El director del Centro Cultural Vito Alessio Robles conoció a don Braulio cuando el general Raúl Madero era gobernador. “Ahí empecé a tratarlo, después tomamos cierta confianza, la suficiente para invitarlo a ser testigo de mi boda civil, lo cual aceptó muy gentilmente”, señaló. Villarreal quiso destacar un detalle que recuerda del ex gobernador: su inquebrantable afición al cine. “Él vivía en (las calles) Cuauhtémoc y Madero, y junto con su esposa Lucía, una señora bellísima y distinguidísima, caminaba al cine Palacio acá en Victoria. Pero siempre tenía la delicadeza de enviar por delante a su chofer para que comprara los boletos, porque cuando lo veían llegar, naturalmente no le querían cobrar”.
SUS LOGROS
Villarreal Lozano expresó que una de las principales preocupaciones de don Braulio fue la educación. “Él construyó las escuelas y la Rectoría de la Universidad. También se preocupó mucho por lo más alejado de Ocampo, los ejidos de Cuatro ciénegas. Por cierto, una anécdota que a mí me tocó vivir fue que cuando él iba de gira a esos lugares del norte, manejaba su camioneta acompañado de su más grande amigo, Enrique Marroquín. Era verdaderamente de una austeridad notable.
Yo creo que nunca cambió un ápice su vida de agricultor, de hombre de campo”, afirmó.
“Ya grande se acordaba de mí, me preguntaba por mi esposa, recordando nombres. Tenía un dicho muy bonito. Decía: ‘pues yo quiero llegar a los 100 años aunque me haga viejito’”, finalizó Villarreal.
GRAN ORGANIZADOR
Por su parte, Arturo Berrueto, director del Consejo Editorial del Estado, mencionó que debemos sentirnos tristes por la pérdida tan grande de don Braulio. “Fue un magnífico gobernador de Coahuila. Antes de eso rector de Rentas de Torreón, presidente municipal de esa ciudad, diputado federal. Tuvo una vida llena de triunfos, como ser un hombre muy trabajador”, expresó.
“Cuando llegó al Gobierno del Estado había problemas económicos, con frecuencias había huelgas, sobre todo entre los maestros, y él superó todo eso. Organizó la administración pública y a la vuelta de poco tiempo ya las cosas marcharon muy bien”, señaló. Berrueto recordó que el ex gobernador personalmente firmaba cada uno de los pagos que se hacían en la Tesorería. “Claro, Coahuila era otro, era más pequeño que ahora. No es posible compararlo al de hoy, aún así hizo una gran labor”, destacó.
“Era un gran conversador, tenía una plática como decimos, ‘muy sabrosa’, sabía conquistarse a la gente. Él era de Torreón, los saltilleros, nos decía, lo saludábamos con mucho respeto, pero al rato ya éramos sus amigos. Sabía darle su lugar a cada quién de manera que a la vuelta de la esquina había una amistad que hasta la fecha perduró”, finaliza el director, que hace énfasis en el gran entusiasmo que siempre tuvo don Braulio por su trabajo.
Senado de la República da pésame a familiares
En Twitter, el Senado de la República externó el pésame a su hijo, el legislador Braulio Manuel Fernández Aguirre: “oremos por su externo descanso”, citó el mensaje, además guardaron un minuto de silencio.
En esta misma red social, el gobernador de Coahuila, Rubén Moreira Valdez, escribió su condolencia: “Falleció un gran coahuilense, Braulio Fernández Aguirre, Ex Gobernador. Nuestro pésame a familiares y amigos” (@rubenmoreiravdz).
Además, el alcalde electo de Torreón, Miguel Ángel Riquelme Solís, también emitió su condolencia por este medio: “Mi más sentido pésame a la familia Fernández Aguirre por el sensible fallecimiento de Don Braulio Fernández Aguirre Ex Gobernador d Coahuila” (@mrikelme).
Desde Saltillo, el presidente municipal electo, Isidro López Villarreal, tuiteó (@IsidroLopezV): “Nuestro abrazo y condolencias a familia del ex gobernador Braulio Fernández Aguirre. Ilustre Coahuilense”, acompañando el texto de una imagen del ex mandatario estatal.
Gobernador progresista
Padre de dos políticos coahuilenses, Héctor y Braulio, el ex gobernador pasó sus últimos años en su residencia de Torreón Jardín, donde solía recibir a destacados políticos a nivel nacional, a quienes mostraba su lucidez y simpatía.
Braulio Fernández nació en San Pedro de las Colonias el 21 de noviembre de 1912, gobernó Coahuila de 1963 a 1969, donde su periodo se distinguió por la profunda reforma administrativa y obras públicas. Recibió la estafeta del gobierno de Raúl Madero y dejó su puesto a Eulalio Gutiérrez Treviño.
Además, fue diputado, senador y alcalde en dos ocasiones, primero en 1946 y durante su gestión se inauguraron el campo aéreo y el palacio federal, luego en 1958, cuando dotó de agua potable a colonias populares y edificó el gimnasio municipal y la cárcel.
Fue senador de la República en 1970 y, posteriormente, fue designado por el presidente Luis Echeverría como director general de la Comisión Nacional de Zonas Áridas.
Cuando se retiró de la política, se dedicó a ser un exitoso agricultor de vid y nuez en el rancho Tierra Blanca, cerca de Matamoros, Coahuila. El señor Fernández es recordado como uno de los gobernadores del estado más progresistas, que llevó servicios públicos a comunidades tradicionalmente marginadas y apoyó decididamente a la educación.
Ciudadano preocupado por sus paisanos
Los amigos y demás coahuilenses que lo trataron, lo recuerdan como un hombre alegre, lúcido y un ciudadano preocupado por el bienestar de sus paisanos.
Braulio Fernández perdió a su esposa Lucía hace algunos años y le sobreviven sus hermanos Jesús y Beatriz. Además de sus hijos María Lucía, Héctor y Braulio, así como de sus hijas políticas María Cristina Sirgo de Fernández Aguirre y María Cristina Murra de Fernández Aguirre, diez nietos y también bisnietos.
Los más jóvenes de la familia Fernández Aguirre dijeron momentos después de conocer el fallecimiento de Don Braulio: “nos sentimos muy agradecidos por el tiempo en que pudimos convivir con nuestro hermano, padre, abuelo y bisabuelo, su ejemplo de trabajo y esperanza durará por siempre entre nosotros”.
Los dos varones han desempeñado varios cargos públicos a lo largo de su carrera política en el Partido Revolucionario Institucional.
El ex gobernador se sintió mal de una afección pulmonar la noche del viernes 29 de noviembre, poco después de su cumpleaños, los médicos estabilizaron su salud este lunes 2 de diciembre y alrededor de mediodía del martes 3 dejó de existir.
-¡Y nuestras hermanas tan pendejas, que se casan con puros pinches ruleteros!
-No, don Braulio, perdóneme usted -le respondió al gobernador-. Yo no soy político; ¿para qué me enredo en cosas que no entiendo? Luego vamos a salir mal.
Don Braulio, quien fumaba uno de esos largos y sabrosos puros con los que solía ayudarse a bien reflexionar las preguntas y respuestas en sus diálogos con sus gobernados, lo tranquilizó al decirle:
Don Braulio asintió y no pudo ocultar una sonrisa comprensiva.
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