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Don Juan Domínguez centenario de gran valor

  Por Orquídea López Allec

Publicado el sábado, 3 de abril del 2010 a las 15:00


Tiene un excelente sentido del humor, pero sobre todo una gran memoria que le hace recordar momentos

Piedras Negras, Coah. – Tiene un excelente sentido del humor, pero sobre todo una gran memoria que le hace recordar momentos desde que tenía apenas cuatro años de edad.

Don Juan atañe que tal vez su prodigiosa memoria sea producto de lo mucho que leyó en los años en los que aún tenía vista para hacerlo regularmente.

“Ya completé los 100 años, me lo propuse y se los dije a mis amigos que yo iba a llegar a mis 100 años de edad y ya ve, lo logré, ahora quiero otros 30 más”, comenta riendo don Juan Domínguez Alonso quien nació el 8 de marzo de 1910 en el rancho San José, perteneciente al municipio de Guerrero, Coahuila.

Goza de perfecta salud, resalta y aunque lamenta que ya no puede caminar como antes y ni permanecer sentado, eso no le quita sus ganas de seguir viviendo y contar chistes o historias.

Y es que don Juan ha leído tanto de historia, como novelas y cuentos, los cuales comparte con sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.

Recuerda que comenzó a leer, luego de ser expulsado de la escuela primaria, cuando apenas estaba en tercer grado, debido a que andaba de novio con una niña.

“Antes las escuelas eran muy estrictas, se dieron cuenta que andábamos de novios y nos expulsaron a los dos”, comparte en medio de la sorpresa de sus familiares que le escuchan.

Pero eso no frenó a don Juan, ya que su hambre por aprender le hizo prácticamente devorar libros que le hicieron aprender de forma autodidacta.

Además de que sabe muchos chistes y los cuenta sin repetirlos, pues recuerda perfectamente a quien le contó y quién le compartió el chiste en cuestión.

Don Juan ha sido llamado Alfredo casi toda su vida y es que indica que sus padrinos de bautizo Jesús Rodríguez y Carlota Rodríguez, quisieron ponerle ese nombre porque ellos tuvieron un hijo que falleció cuando apenas tenía seis años de edad.

“Por eso ellos quisieron ponerme Alfredo y así todos me llamaron y me llaman, pero en realidad en mi registro, oficialmente tengo el nombre de Juan”, comenta.

Don Juan tiene muy bellos recuerdos de su padrino don Jesús, aunque convivió con él muy poquito tiempo.

“A él lo mataron cuando yo apenas tenía cuatro años de edad, me acuerdo que llegaron los soldados y le preguntaron: ¿Usted es Jesús Rodríguez? y él respondió que sí”, relata.

“Mi papá ya le había dicho que mejor se fuera, pero mi padrino no quiso irse porque pensaba que era el mismo grupo revolucionario con el que andaba uno de sus hijos, pero no fue así, eran contrarios”, añade con un dejo de tristeza.

A pesar de que este suceso fue hace 96 años, don Juan lo tiene como tatuado en su memoria, y le duele como aquel día, cuando apenas tenía cuatro años.

Entonces precisa que la Revolución Mexicana fue una etapa muy dura para quienes la vivieron en carne propia.

“Mis padres son de General Cepeda, ahí estuvieron un tiempo, pero decidieron huir de la Revolución y se fueron a vivir a la Congregación Los Rodríguez, en el municipio de Guerrero, donde yo nací”, detalla.

Ya su vista no le ayuda mucho, ni su oído, sentido para el cual requiere la utilización de un aparato.

Sin embargo, con la ayuda de su hijo Juan, quien le habla al oído y regula el sonido de su aparato, puede continuar la charla, llena de anécdotas y de enriquecedora historia.

Don Juan indica que los tiempos de su niñez eran difíciles económicamente hablando, ya que en aquellos años a su padre, quien trabajaba en la agricultura, le pagaban tan sólo 75 centavos por día.

“Mi padre trabajaba de sol a sol y le pagaban sólo 75 vcubrir todos los gastos que requería la familia, pues éramos cinco hijos y mi mamá y mi papá”, asevera.

“Por eso, mucha gente se fue a Estados Unidos, se fueron huyendo de la violencia que había, pero también de la carestía que se presentaba, esperaban poder tener una mejor vida”, añade.

Su familia decidió quedarse y sembrar la tierra para poder mantenerse, para poder alimentarse.

Al cumplir 16 años de edad, don Juan optó por aventurarse a viajar a Estados Unidos en busca de empleo para poder ayudar a su familia.

Y es que como en muchas otras poblaciones de la frontera, en el rancho en el que vivían era una costumbre que los hombres jóvenes emprendieran el vuelo para buscar una mejoría económica, situación que aún prevalece en muchas poblaciones.

Y fueron muchas aventuras que le tocó vivir y aprender de la vida, sin embargo, no dejó a su familia a diferencia de otros jovencitos que pisaban tierra anglosajona y se olvidaban de su progenie.

Así pues, al regresar al terruño, se enamoró de doña Cecilia Salinas, hija de don Félix y doña María Salinas, quienes eran sus vecinos.

“Yo tenía 27 años de edad y mi esposa tenía 26 años cuando nos casamos en 1937”, recuerda con gran emoción.

Tuvieron tres hijos: Lidia (f), Juan y María Luisa, estos dos últimos son quienes lo cuidan, rodeándolo de amor, que también le dan sus nietos, bisnietos y tataranietos en su hogar ubicado en la calle Doctor Andalón número 503, en la colonia Doctores.

Tesoros en el Río
Don Juan, quien continúa relatando su vida, con una rica charla que envuelve a cualquier persona que le escuche, hace un comentario que a todos los presentes deja muy interesados:

“Mucha gente se fue para el otro lado, por la violencia, pero antes de irse, escondieron muchas de sus riquezas en las orillas del río Bravo”, dice.

“Sí, ahí hay muchos tesoros escondidos, están enterrados en las márgenes del río, puras monedas de las buenas, de oro”, agrega.

Para don Juan, muchos de esos “tesoros revolucionarios” ya han sido encontrados, pero aún piensa que existen algunos ahí perdidos entre la maleza, entre las aguas del anteriormente llamado Río Grande.

Abierto al amor
Al invitar a don Juan a formar parte del grupo del Club del Milenio de Periódico Zócalo, el cual está integrado por hombres y mujeres de más de 98 años de edad, se emociona.

Y es que dice no conocer a nadie que tenga su edad: “Todos se han ido muriendo, ya sólo yo quedo de los que conocía antes”.

“Y yo me siento como si no tuviera 100 años, mucha gente me dice que como le he hecho, yo pienso que son mis ganas de vivir”, agrega.

Una de sus nietas le cuestiona que si quiere conocer a señoras de su edad para volverse a enamorar y el esboza una sonrisa pícara.

“Si quiero una novia, pero sería solo para verla”, comenta riéndose.

“Pero que sea una joven, no una de mi edad, una vieja ya no pasa corriente”, apunta en medio de la risas de los presentes.

Reportera: ¿usted fue muy enamorado don Juan? Pues, ¿Cuántas novias tuvo entonces?

Don Juan: “Válgame Dios, si les contara las novias que tuve. Yo venía a Piedras Negras a trabajar y cada que venía pues me tenía que buscar una novia porque yo era muy bailador, como no todas las mujeres bailaban con desconocidos, pues tenía que hacerme novio de ellas para poder tener pareja para el baile, lo que sí es que primero tenía que asegurarme que la joven supiera bailar, si no, no le hablaba de amores”.

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