Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Árbitro ‘inventa’ un penalti y el portero se niega a atajar: el delantero anota y se desata la bronca Detienen a Inés Gómez Mont, presentadora de televisión, en Florida VIDEO: Se roba el Bugatti del mismísimo CEO de la marca frente a la sede de la empresa Localizan tres cuerpos entre nopales en camino a La Manzanilla, León; presentan huellas de violencia Remanentes de ‘Vance’ provocan inundaciones y crecida de ríos en Los Cabos

Zócalo

|

Clasificados

|

Información

< Clasificados

Clasificados

Drama en sectores irregulares, el frío los ataca

  Por Paola A. Praga

Publicado el viernes, 12 de diciembre del 2008 a las 16:00


Habilitan como casa una camioneta

Saltillo, Coah.- La súplica al cielo es constante: que no llueva y que las temperaturas no lleguen a menos cero. Petición que la naturaleza ha ignorado por completo durante estos días. Las condiciones climatológicas han recrudecido el viento y el frío cala hasta los huesos.

Ni la lámina ni la madera colocada como techos lo cubren en la colonia Nueva Esperanza. La realidad es fría. El viento helado entra sin pedir permiso a las más de 40 casas levantadas sobre la tierra y las piedras.

Ahí, donde las fogatas son el único recurso para aminorar un poco el entumecimiento que llega a los pies, transcurren las historias, donde la pobreza, la injusticia y el desempleo son más duros que la temporada de invierno.

“Anoche se nos voló el techo, empezó a llover y el aire estaba a todo lo que daba y mi señora y yo estábamos dormidos y que se va el techo y otro pedazo se nos cayó”, platica Rubén García.

Con la tragedia, la pareja apenas alcanzó a cubrir a sus dos hijos, una niña de dos años y un bebé de dos meses. El termómetro marca cero grados. Otra noche helada los espera. No hay dinero para comprar la lámina, pero si algo tiene claro Rubén es que no puede pasarla a la intemperie.

“Fui con mi cuñado y le platiqué cómo estaba la cosa. Me dijo: ‘Pues llévate la camioneta, para algo ha de servir’. Yo dije: ‘Pos cómo no. Claro que me sirve’.

Uno podrá estar un día o dos con los vecinos, pero pues ya al tercer día apestas”, comenta sonriendo.

La puerta corrediza de la camioneta Trans Sport blanca está a medio cerrar. Adentro se alcanza a ver debajo de los cobertores los rostros de los bebés y el de tres mujeres adultas.

Ahí pasarán la noche seis personas: los dos bebés, la esposa, la cuñada, los dos sobrinos y la suegra de Rubén. Él, con las manos en las bolsas del pantalón, sin titubear afirma que se aguanta el frío. “Uno como quiera, lo que importa son las señoras y los niños, los niños más que nada”.

Los paseos vallenatos se escuchan a lo lejos, provienen de un tejabán del que cuelga una lona, vestigio de la campaña electoral, donde el candidato cuelga de cabeza. Afuera, cuatro jovencitos se calientan el cuerpo cerca de una fogata.

Todos son menores de edad, trabajan en la obra y tienen cerca de tres años viviendo en la Nueva Esperanza. Para ellos no es nuevo el pasar frío debajo del cartón y la madera.

“Yo me acuerdo que el año pasado estuvo bien gacho, porque de repente nos quedábamos sin madera y pues ya sin lumbre, y unascasillas no tenían luz”, platican poniendo las manos frente a las llamas.

Los perros se cambian de lugar, caminan de allá para acá, buscando un poco de calor. Las pequeñas cuadras se ven desiertas. Al colocarse cerca del arroyo se distinguen cuatro puntos brillantes: son las fogatas encendidas donde vecinos se reúnen para compartir la lumbre.

El cielo está despejado y el aire cada vez es más intenso. Allí no hay calentadores de gas, ni agua caliente. No sobran cobertores ni suaves pijamas. Allí sobra el hambre, el frío y las ganas de trabajar.

Notas Relacionadas

Se atoran en INE para elegir presidencia provisional

Hace 3 dias

Relatos y Leyendas: La apedreada

Hace 4 dias

Más sobre esta sección Más en Clasificados