Coahuila

Publicado el martes, 2 de noviembre del 2021 a las 03:53
Saltillo, Coah.- Para los mexicanos, el Día de Muertos se rodeaba de fiesta y color, pero la pandemia vino a trastocar las tradiciones. Cambió la perspectiva que las personas tienen de la muerte, además de transformar los ritos fúnebres que propiciaban el duelo, dejando el proceso por ahora incompleto.
“No he podido salir de esto”, lamentó Daniela Ruiz, al describir el inmenso dolor que aún siente por la muerte de su padre, quien perdió la vida el 17 de enero de este año a consecuencia de Covid-19.
Juan Ruiz tenía 64 años cuando enfermó, la gravedad de sus síntomas lo obligaron a ir al hospital el viernes 10 de enero, ahí permaneció internado una semana hasta que falleció.
La tristeza que dejó en su familia y en Daniela, la menor de sus hijos, sigue presente. A ellos les hubiera gustado tener un cuerpo que velar y enterrar.
“ Yo creo que si al menos nos hubiéramos podido despedir bien, porque yo por ejemplo vi el cuerpo y ya, para el siguiente día me entregaron una caja, ya de ahí la llevamos a misa y todo, pero ya era una caja, ya no estaba mi papá ahí”, señaló.
Recordó con cariño a su padre, un hombre amoroso y comprometido, quien a pesar de todo siempre veló por su bienestar.
“ Mi papá era una persona muy maravillosa. Fue un hombre de bien, vio por todos sus hijos, tuvo tres hijos, adoptó tres y me tuvo a mí. Amó a sus nietos, a cada uno de ellos”.

La cremación complicó el duelo
Como Daniela, muchas personas perdieron seres queridos a consecuencia de la pandemia. En Coahuila han muerto más de 7 mil 300 personas por coronavirus y sus familias no han podido velar ni enterrar los cuerpos.
El 5 de mayo de 2020, se publicó el decreto que establecía que los cuerpos de los fallecidos por causa de Covid-19 tendrían que ser cremados. Esto impactó en cómo las familias asimilaban la muerte de sus seres queridos, indicó Berenice de la Peña, directora de la Facultad de Psicología.
Explicó que el observar a la persona sin vida en el ataúd, la posibilidad de despedirse de ella y finalmente depositarla en el panteón, representa la posibilidad de tomar conciencia de que ya no está, de que ya no va a formar parte de nuestro cotidiano y poco a poco se podrá asimilar el hecho.
“ Es un proceso cognitivo y emocional, de aceptar la realidad. El proceso de velación nos permite de alguna manera asimilar más fácilmente a través de todos los sentidos”, detalló.
Pero además, los ritos fúnebres tradicionales les permitían a las personas iniciar el duelo, sin embargo, las medidas de prevención de contagios limitaron también las velaciones y los entierros, complicando mucho más el proceso de desprendimiento.
“ El proceso de la velación, el proceso del acompañamiento de las personas que viven un duelo, que están desprendiéndose emocionalmente de un ser querido es muy importante, puesto que nos da dentro de nuestra cultura los tiempos y las formas de hacernos a la idea de que esta persona ya no va a estar”.

Limita duelo miedo al contagio
El miedo de un contagio limitó también el acercamiento físico a las personas que recientemente perdieron a un familiar, por lo que las muestras de cariño y condolencias se hacían con mayor frecuencia a través de mensajes de texto, redes sociales o por llamadas telefónicas.
Ante este panorama, y a un año y medio de las primeras muertes por Covid-19, hay duelos inconclusos, donde las personas no han alcanzado a asimilar que sus padres, hermanos, hijos o amigos han muerto.
“ Con la pandemia ese proceso se trunca y ese proceso ya no es tan fácil de vivirlo, porque a muchos de nuestros seres queridos nos los entregan ya nada más en cenizas, y el no ver, el no vivir este proceso y el no enfrentarnos a esta realidad de ver a las personas inertes crea ciertos huecos emocionales y vacíos cognitivos”.
Duelos complicados
Con la reactivación de la economía, con el descenso de casos y muertes, se han retomado muchas actividades que por el confinamiento estaban suspendidas.
Las familias con procesos de duelo empezaron a buscar ayuda con especialistas, quienes se han topado con situaciones complejas.
“ Nos estamos enfrentando a duelos muy complicados, a duelos que no se han podido procesar, que se han retrasado muchísimo, porque todo cambió, las muertes fueron súbitas, entraba la persona al hospital y a los dos o tres días nos avisaban que ya había fallecido”, indicó la doctora y tanatóloga Claudia Martínez.
Incluso, hay personas que tuvieron que vivir por largos meses con duelos múltiples sin concluir. Con el dolor de la pérdida de varios de los integrantes de sus familias y amigos, pero además con complicaciones económicas, laborales y sociales a causa de la pandemia.
Muchas de estas personas ignoraban, además, que estaban en proceso de duelo, pero sus cuerpos mostraban signos de ansiedad, de depresión y tristeza profunda por los sentimientos que no habían podido liberar.
“ De lo que nos estamos dando cuenta es que, año y medio después del inicio de la pandemia, empiezan a manifestarse todos estos signos y síntomas del duelo, se retrasó mucho y hay mucha gente que no sabe que está en duelo, porque te dice ‘no duermo’, ‘me duele el estómago’, ‘me duele la cabeza’, porque piensan que el duelo es tristeza y no nada más, también hay manifestaciones físicas”, describió.

Faltó el acompañamiento espiritual
Además del acompañamiento familiar, el acompañamiento espiritual forma parte importante para superar una pérdida, sin embargo, muchas iglesias estaban cerradas o con actividades limitadas, lo que restringió la asistencia de fieles para encontrar un sentido a la muerte de sus seres queridos.
“ Las medidas sanitarias para cuidar a la población en gran medida se ha tenido que restringir mucho esto. Se ha visto muy afectado este aspecto, porque ciertamente la celebración de las exequias ayudan mucho a que las personas pasen este momento de duelo tan duro”, señaló David López, sacerdote.
El ritual de la Iglesia católica, conocido como las exequias, que son las misas propias para despedir a los difuntos, fueron suspendidas en los primeros meses de la pandemia. Para los fieles fue una situación complicada, ya que estas les permitían saber que la muerte física no representa el final.
“ Tienen un simbolismo muy marcado, desde la entrada, el recibimiento, las palabras, las lecturas, el agua bendita, el incienso, eso nos habla de una realidad transcendente y nos invita a recordar que la muerte no tiene la última palabra y que el fin del hombre no termina en la tumba”, detalló.
Ante esto, muchos fieles buscaban posteriormente el acompañamiento de sus líderes espirituales, aunque muchas otras personas se encerraron en sí mismos, negándose a la posibilidad de sanar las heridas.

Cambió la perspectiva de la muerte
La pandemia también modificó la perspectiva que las personas tenían de la muerte, ya que la posibilidad de que la vida concluyera estaba presente en cualquier momento estaba en la posibilidad de saludar a otra persona contagiada, tan cerca como una superficie sin desinfectar; la muerte ya no era lejana.
“ De repente y súbitamente me doy cuenta de que las personas jóvenes, sanas, las personas que no eran tan lejanas a mí, mis vecinos, mi familia, mis abuelos, empiezan a fallecer, incluso hubo personas que estuvieron enfermas y estuvieron a punto de morir, tuvieron un contacto cercano con la muerte”, indicó la doctora y tanatóloga Claudia Martínez.
Por lo que, los expertos recomiendan asimilar que la vida está acompañada de forma permanente e indudable de la muerte. Esta conciencia de la existencia de las personas permitirá que la muerte no los tome por sorpresa y que los duelos sean más fáciles de asimilar.
“ Tenemos que aprender a vivir de otra manera, porque nos vamos a morir, eso es algo incuestionable, hacerlo como una cuestión real, la muerte es parte de nuestra vida”, manifestó.

A más de un año Heridas abiertas
Ya pasó más de un año desde que falleció Ofelia Herrera y la herida que dejó con su muerte aún está abierta.
Ofelia murió el 27 de septiembre de 2020 cuando tenía 60 años. Ella fue internada cuando sus vías respiratorias estaban muy delicadas y batallaba con la oxigenación.
“ Lo vivimos horrible, porque nada más recibíamos la información de ella y de cómo evolucionaba por pura llamada telefónica. Entonces eran días que teníamos la incertidumbre total, la ansiedad de no verla, de no oírla, ni nada”, relató su hija mayor Nora Delia Rodríguez.
Como el diagnóstico de su muerte fue de Covid-19, el cuerpo fue cremado conforme a las normas vigentes en ese momento, por lo que la familia únicamente recibió sus cenizas.
“ Fue horrible porque nada más ir a firmar un papel, todo frío, todo frío, todo como una pesadilla, regresarnos a la casa sin nada y espérense porque están súper saturados todos los crematorios”, recordó.
En aquel mes, las muertes por Covid-19 superaban las 10 por día, por ello las cenizas de Ofelia se las entregaron dos días después. Íntimamente la familia rezó un rosario, compraron flores y llevaron su urna a depositar en un panteón.
Pese a que ha pasado el tiempo, Nora recuerda a su madre con orgullo, no podrá olvidar nunca el ejemplo de trabajo y esfuerzo que le dejó, y aunque le ha costado trabajo superar su muerte, tiene el consuelo de que ella está en un mejor lugar.
“ Era una persona muy emprendedora, luchista, y su carácter alegre, de gozar, de disfrutar la vida, eso es lo que recuerdo de ella”, concluyó.
Y aunque la familia de Ofelia era muy numerosa, sus hermanos, sobrinos y amigos no pudieron acompañar a sus hijos y nietos en ese difícil momento.
Como esa familia, miles en Coahuila han tenido que transitar por ese proceso en soledad, lo que ha complicado aún más los duelos, indicó Berenice de la Peña, directora de la Facultad de Psicología.
“ Cuando una persona está en duelo las redes son muy importantes, quienes les van acompañando fungen un papel fundamental para estar y acompañar a superar el momento”.
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