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Dueña de estanquillo quiere adoptar a Bryan

  Por Lourdes de Koster

Publicado el domingo, 11 de abril del 2010 a las 14:00


Yo le decía que me lo dejara aquí, que me lo diera para adoptarlo bien”, dice María de Jesús Cortés

Saltillo, Coah.- “Yo le decía que me lo dejara aquí, que me lo diera para adoptarlo bien”, dice María de Jesús Cortés, dueña del estanquillo “El Pirul”, quien en varias ocasiones cuidó de Bryan, lo aseó, lo dejó gatear y balbucear en casa.

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Según afirma la dueña de una taquería cercana a la gasolinera en el entronque a La Carbonera, Jenny desde hace años se dedica a la prostitución, como una forma de ganarse la vida.

“Ellas –dice el referirse a las jóvenes foráneas que llegan a este lugar– sólo conocen esta forma de vida, quizá no tuvieron chance de estudiar o ser mamás como uno, decentes”, asegura María de Jesús, mientras calienta el arroz y los guisados en una estufa que tiene en su modesto negocio.

Dice que ayer andaba en esta misma gasolinera la hermana de Jenny, se llama Alondra. Preguntó por su hermana y el niño Bryan, porque lo iba a buscar al DIF para que se lo entregaran.

Actualmente la Procuraduría de la Familia, a cargo de María Teresa Araiza Llaguno, mantiene abierto un procedimiento legal en contra de la madre de familia, a la que sólo se le conoce como Jenny.

“Pero la realidad es que la situación es muy difícil para ellas”. Insistió en que como madre y abuela buscará la tutela del niño, para que tenga un lugar digno en donde vivir.

“Las últimas veces que me lo trajo, el niño (Bryan) ya no se estaba tranquilo, quería gatear, andar libre en el piso, como cualquier otro bebé, pero a veces su mamá le gritaba… pobrecito del niño”, cuenta la dueña de esta taquería, localizada a un lado de la vulcanizadora, en la que hace unos días Jenny “encargó” a su hijo Bryan de nueve meses.

ABORTOS

Para el dueño de la vulcanizadora Escamilla, Edmundo Escamilla, quien desde hace 15 años presta sus servicios como mecánico en un local ubicado en el entronque a La Carbonera, las historias tristes de mujeres olvidadas de las autoridades y que se ganan la vida en el comercio sexual, son el pan de cada día.

“¿Se acuerda usted de los fetos y de la sangre que encontraron en un arroyo cerca de aquí, hace como un año? Pues ya sabrá lo que pasó, realmente no hay un control y las mujeres aquí no tienen valores, ni orientación, ni se saben cuidar para no traer hijos no deseados”, comenta al llegar de un servicio en una de las grúas.

“Ellas saben cómo cuidarse… son mujeres y si trabajan en esto deben saberlo… hay tanta cosa para no tener hijos y luego no andar dejándolos donde sea, para que se los cuiden”, expresa el hombre, quien también dice ser padre de familia.

Uno de sus empleados fue el que recibió a Bryan la semana pasada. Jenny se lo dejó encargado para ir al baño, pero ella ya no regresó por él. Fue hasta la mañana del martes pasado cuando los del taller reportaron lo ocurrido a la Policía de Arteaga.

Acudieron los oficiales Jorge Alberto y otro efectivo de apellido Acosta, quienes se llevaron al menor directo al DIF estatal, para integrar la investigación por abandono.

El dueño de la vulcanizadora recuerda que cuando él llegó a su negocio se encontró con la sorpresa del bebé. El niño había defecado en varias ocasiones, estaba enfermo, aparentemente presentaba una infección estomacal. Respiraba agitado y temblaba de frío.

Con sus propios medios, Escamilla pidió que le ayudaran a cambiar de pañal al bebé y que lo asearan. Las mujeres –amigas de Jenny y quienes trabajan en la misma gasolinera– le compraron un par de pañales, un biberón y leche para alimentarlo.

Jenny no le dejó ni qué comer, ni advirtió que su hijo en ese momento estaba enfermo. Tuvieron que marcar al número de emergencia para que las autoridades se hicieran cargo del niño, que sigue bajo custodia del Estado.

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