Coahuila
Hace 5 dias
¿Merecen existir tantos partidos políticos en nuestro país, chupándose una buena rebanada del presupuesto federal que sale de nuestros bolsillos? Es una duda que le ronda a cualquiera que paga impuestos.
Porque uno se pone a pensar y se cuestiona tanto, ¿para qué tantos, si al final parecen repetir lo mismo o solo sirven para que unos cuantos vivan del cuento?
Cada vez que hay elecciones en mi tierra en Coahuila, me gusta platicar con los vecinos en donde asiste el candidato o candidata, y tal vez paso desapercibido debido a que no cargo una cámara o un micrófono y es cuando aprovecho para platicar con ellos y lo mismo con la gente que habita en las zonas rurales. Sin importar el candidato o la época todos opinan lo mismo, “¿por qué diablos mi dinero va a parar a manos de partidos que ni conozco, y que desaparecen como si nada?”
Y tenía razón, al menos la lógica de la gente común, como usted o yo, se pregunta por qué se les da tanto dinero a estos institutos políticos sin que rindan cuentas claras. No es solo crítica por criticar; es una inconformidad real, de esa que se escucha en las sobremesas familiares o en las filas del banco. Así como cada vez que se acerca alguna elección ya sea para diputados, alcaldes, gobernadores o Ejecutivo. Muchos ni siquiera saben cuántos partidos hay, pero sí sienten el peso de los impuestos que los mantienen a flote.
Mire, el Instituto Nacional Electoral, es decir, el INE, para los amigos, que remplazó al viejo IFE hace ya unos años, tiene la obligación de poner orden en esto. Debería reformar las reglas para crear nuevos partidos, hacerlas más estrictas. Porque, piensen un momento: una vez que un partido se registra, recibe fondos públicos, compra propiedades, vehículos lujosos, equipos de comunicación carísimos… todo con el pretexto de campañas y difusión.
Pero si el partido se disuelve y pasa seguido; no hay quien les obligue a devolver un peso. Ni los bienes inmuebles, ni los autos, nada. Se lo quedan todo, como si fuera un regalo de cumpleaños. ¿Les parece justo? A mí me suena a un mal negocio para el contribuyente.
Y no falta quien lo haga a propósito. Hay de esos pseudo-políticos, oportunistas de carrera, que reúnen los requisitos mínimos con solo un puñado de firmas, unas asambleas aquí y allá, ¡listo!, registran un partido.
De inmediato empiezan a recibir las prebendas que la ley les da, sin importar si son grandes como el PRI o el PAN, o chiquititos, de esos que llaman “chiquilladas”. No necesitan ganar elecciones masivas; con existir, ya ganan.
Es como abrir una tiendita solo para cobrar subsidios y cerrar cuando se acaba el chiste. Lo triste es que ese dinero sale de impuestos que pagamos todos los mexicanos, y en estados como Coahuila, nosotros los locales sentimos el pellizco doble, porque también aportamos al presupuesto estatal.
Algunos políticos, cuando les preguntas por qué permiten tantos partidos, te salen con el clásico: “Es el costo de la democracia”. ¿En serio? Bueno, quizás haya algo de verdad ahí, pero déjenme decirles que muchos ciudadanos opinan que, con tres o cuatro partidos bien definidos, de ideologías distintas.
Con solo uno de izquierda, otro de centro, quizás uno conservador y otro más progresista, ya sería suficiente para impulsar la democracia. No necesitamos remedos o copias baratas de los grandes. ¿Para qué más?
Con unos pocos, se promueve la competencia real, se fomenta el debate genuino, y se evita este desfile interminable que solo confunde al votante. Imagínense un menú de restaurante con cincuenta platillos iguales; al final, eliges por inercia, no por convicción.
Ahora, para ponerles números concretos porque las palabras solas no bastan y a aterrizando lo que está pasando en estos días de 2026. Según el INE, hay seis partidos políticos nacionales registrados: el Partido Acción Nacional (PAN), el Revolucionario Institucional (PRI), el del Trabajo (PT), el Verde Ecologista de México (PVEM), Movimiento Ciudadano (MC) y Morena.
Pero atención, porque hay cuatro organizaciones más pisando fuerte para unirse al club: Construyendo Sociedades de Paz que huele a resurrección del viejo Partido Encuentro Social (PES), México Tiene Vida que es un grupo conservador de Nuevo León, Somos MX con ex perredistas de la Marea Rosa y Que Siga la Democracia que no son más que morenistas puros. Si logran el registro y tal parece que van en camino, con cientos de miles de afiliaciones cada uno, podríamos llegar a diez partidos nacionales.
Piensen en eso más opciones, sí, pero también más gasto. Y hablando de gasto, agárrense. Para este año 2026, el financiamiento público federal a estos partidos suma nada menos que 7,737 millones de pesos. Sí, leyó bien: siete mil setecientos treinta y siete millones.
Es obvio, Morena se lleva la tajada más grande, unos 2,615 millones, seguido por el PAN con alrededor de 1,300 millones, y así bajando hasta los más pequeños. Esto sin contar los extras para campañas específicas o liderazgo de mujeres que, por cierto, obligan a destinar al menos 221 millones solo para promover el empoderamiento femenino en la política, lo cual está bien, pero ¿se usa realmente?.
Todo esto sale del presupuesto federal, que a su vez viene de nuestros impuestos, es decir, del famoso IVA que pagamos en el supermercado, el ISR de nuestros sueldos, las contribuciones de las empresas.
En Coahuila, por ejemplo, donde la economía gira alrededor de la industria y el campo, cada coahuilense aporta su granito o, mejor dicho, su montón a este pozo sin fondo.
Pero esperen, no todo es queja. Si consideramos que en México puede tener todos los partidos que quiera, ¿por qué no? La pluralidad es parte de nuestra esencia como nación diversa. El problema no es la cantidad, sino cómo se financian. ¿Y si los hacemos autosuficientes? Que vivan de donaciones voluntarias, de cuotas de sus militantes y simpatizantes.
Así, quien quiera un partido lo mantiene con su propio esfuerzo, no con el dinero de todos. Ha quedado demostrado, una y otra vez, que estos fondos públicos dados con el argumento de promover el voto y las ideas terminan enriqueciendo a unos cuantos líderes.
Compran autos de lujo, residencias ostentosas, viajan como reyes. Recuerden casos pasados, como aquellos partidos efímeros que surgieron en los 90 o 2000, solo para que sus fundadores salieran con fortunas inexplicables. Ahí está el más reciente, el PRD que perdió registro en elecciones pasadas y dejó un rastro de bienes que nadie reclamó de vuelta.
En mi experiencia, cubriendo temas locales como columnista, he visto cómo estos “chiquillos” aparecen en elecciones, prometen el cielo y las estrellas, y luego se evaporan. Tomemos el ejemplo del Partido Encuentro Solidario, que en 2021 tuvo su momento y luego desapareció, llevándose millones sin rendir cuentas plenas.
Y me sigo cuestionado sobre lo anterior, ¿sirvió para la democracia?. Tal vez un poquito, pero el costo fue alto. También piensen en Movimiento Ciudadano, que empezó chico y ahora es mediano, pero ¿cuántos más como él necesitamos?
Con tres o cuatro fuertes, como en otros países, miren a Estados Unidos con dos grandes, o España con cuatro principales, se logra equilibrio sin despilfarro. Al final del día, señores, la democracia no debería ser un lujo caro que pagamos sin preguntar. Es un derecho, sí, pero uno que debe ser eficiente. ¿Qué tal si presionamos por reformas?. Una en la que el INE exija devolución de fondos a partidos fallidos, que limite los registros a ideologías únicas, que promueva fusiones entre similares. Ustedes, como ciudadanos, tienen voz: en las urnas, en las redes, en conversaciones como esta. Porque si no, seguiremos en este baile eterno, donde la música suena, pero el bolsillo duele. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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