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Redacción
Publicado el sábado, 19 de marzo del 2011 a las 15:00
Piedras Negras, Coah.- Jesús Edwin Corona y Cepeda, quien en 1976 se constituyó como el primer instructor de buceo mexicano, habla en la entrevista exclusiva para esta casa editorial. Sucede que mi abuelo Manuel trabajaba en la secretaría particular de don Venustiano, cuando éste era gobernador del estado de Coahuila, quien le comisionó alguna encomienda con su primo Lucas, radicado en Cuatrociénegas; padre de una hermosísima joven, dechado de arte, cultura y belleza, educada en París como lo acostumbraban por aquel entonces las gentes de alcurnia. Verla y enamorarse de ella, fue cuestión de un instante.
Y tal parece que Luz de la Garza, que era el nombre de mi abuela, quedó de igual forma prendada. Así que esa misma noche, mi abuela salió raptada, pero vestida de blanco, o sea envuelta en una sábana, rumbo a Saltillo, donde mi abuelo dio cuenta de su misión y solicitó a don Venustiano la mano de su sobrina, relatando su hazaña.
Huelga mencionar que el Varón de Cuatrociénegas sólo acertó a exclamar “¡Ay Manuel!” y en su oportunidad, estampó su firma de testigo en el acta nupcial. Y como en los cuentos, mis abuelos fueron felices en un fructífero matrimonio que procreó nueve hijos: Edmundo, Luz María (Luchina), Raquel, Rodolfo, Julieta (mi mamá) Manuel, Haydee, Adela y Mario. Esa lección cambió totalmente mi manera de pensar y es lo que me hace denunciar, cuantas veces puedo, a los malos y corruptos gobernantes, que utilizan los puestos públicos para enriquecerse.
RC.- Don Edwin ¿por qué afirma que usted fue el primero en bucear en Cuatrociénegas..?
RC.- Don Edwin, ¿Cuándo se inicia al buceo..?
Antes que nada, hay que quitar el don, simplemente soy Edwin, “El Nazi” y así con el inicio en el buceo, fue como nació también el apodo. Fue en un 6 de junio de 1962, cuando estando en Cozumel, ocurrí a prestar ayuda a un grupo de personas que participarían en una expedición de buceo. Allí me reclutaron al estilo de los marinos del Siglo XVII y amanecí con una “cruda” pavorosa en el Banco Chinchorro en la frontera con Belice. No me quedó más remedio en los 15 días siguientes que aprender a bucear. Y me apodaron “El Nazi” por ser güero, de ojo azul y “aventado” como decía nuestro paisano “El Piporro”.
RC.- ¿Qué recuerda de su infancia..?
Dos sucesos de gran importancia; el primero el medio aprender a nadar en Cuatrociénegas y el segundo el formar parte del equipo de natación del Club Deportivo Alberca Aurora de Coyoacán, donde obtuve un Campeonato Nacional Infantil en nado de pecho. Allí conocí a grandes nadadores de la época, y por primera ocasión escuché hablar de Ramón Bravo.
RC.- Usted es considerado uno de los pioneros del buceo mexicano, cuéntenos de nuestro amigo Ramón Bravo..
Creo que, independientemente de sus hazañas como nadador, ha sido el primero “y más mejor” camarógrafo submarino, reconocido internacionalmente y sin duda alguna el de mayor prestigio en la República Mexicana. A ello hay que agregar una ágil pluma que le convirtió en un ameno reportero y en un magnífico novelista de lo que acontece bajo el agua. Incluso algunas de sus novelas como “Tintorera” fue llevada a las pantallas del Séptimo Arte y otras, como “El Cenote de la Muerte” relatan hechos, que en su momento, fueron verídicos.
Algo muy relevante en Ramón fue su modestia, y hago mención de ello, ya que siendo vicepresidente del comité técnico de la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas, me tocó el enorme honor de validar su nombramiento como instructor internacional de buceo en grado Tres Estrellas, que es el grado máximo que cualquier instructor de buceo en activo logra alcanzar. Y la constancia correspondiente se exhibe en el Acuario de Veracruz, con su nombre y mi firma.
RC.- ¿Qué le pareció la “proclama de conservación del RÍo Bravo” que nos escribió este gran nigropetense..?
Ramón era un amante no sólo del medio submarino, sino de la naturaleza, y un “lobo solitario” para sus contemporáneos que no se preocupaban, como hoy, por la conservación del medio ambiente. Error, que por común, nos ha llevado al desastroso panorama con el que nos enfrentamos. La Proclama de Conservación del Río Bravo, se anticipó, cuando menos tres décadas a la condición actual.
RC.- Su abuelo fue el Diputado Constituyente Manuel Cepeda Medrano “El sobrino”, ¿quién se casó con Luz de la Garza, sobrina de don Venustiano Carranza, compártanos aquella anécdota de la boda…fue verídica..?
En efecto, uno de mis grandes orgullos es el de ser descendiente de Manuel Cepeda Medrano, diputado constituyente por el V Distrito de Coahuila, (Parras), y después tesorero general de la nación. La anécdota a la que se refiere es verídica, salvo lo de la sábana, pero aquí la voy a relatar en la forma conocida en la familia.
RC.- ¿Cuál fue la lección de su abuelo , quÉ cambio su perspectiva del servicio público..?
En una ocasión, siendo senador de la República, me citó en su oficina en la calle de Donceles en la Ciudad de México. Ya para retirarse, me solicitó que llamara a un ruletero, (aún no se acostumbraba el anglicismo de “taxi”) para trasladarnos al Restorán Torino (Av. Coyocán y Xola) a una comida que mensualmente celebraban los diputados constituyentes en ese lugar. Sorprendido por esta petición le dije: Pero abuelo, si tienes coche y chofer, ¿para qué quieres un ruletero?, a lo que me respondió: Mira hijo, el coche y el chofer, son para servicio de la nación, no para mis asuntos particulares.
No puedo asegurar que fui el primero en bucear en Ciénegas. Pero lo que sí puedo mencionar es que viendo ese panorama subacuático tan especial, lo hice del conocimiento del entonces gobernador del estado, Rogelio Montemayor Seguy y posteriormente en la Casa Carranza de la Cd. de México, al cuestionarlo sobre el asunto, me indicó que ya se estaban dando los primeros pasos para la investigación científica de estas lagunetas, por parte de la universidad.
RC.- Qué recuerda de su expedición al Amazonas y del Lago Taracoa y sus pirañas..?
Llegamos a bucear a Taracoa por la noche. Yo iba al mando de una expedición de 12 buzos mexicanos que me acompañaban en la aventura. El subjefe era Federico Mayo, un acaudalado español que, también fue amigo de Ramón.
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