Este artículo analiza el consumo de alcohol en Saltillo desde tres enfoques: económico, antropológico y sociológico. Estas perspectivas permiten entender -o al menos explicar- por qué su ingesta genera juicios sociales diferenciados según el estatus socioeconómico del consumidor.
Áreas o polígonos violentos
A finales de 2024, el comisionado de Seguridad y Protección Ciudadana de Saltillo, Miguel Ángel Garza Félix, declaró a un medio local que 10 colonias o fraccionamientos de la mancha urbana concentran los mayores índices de violencia callejera e intrafamiliar. (El Heraldo de Saltillo, Nov. 2024). Según el funcionario, esta violencia se asocia principalmente con el consumo de alcohol y estupefacientes, en específico por parte de menores de edad.
Desde una perspectiva territorial, cinco de estas colonias se ubican al sur de la ciudad, mientras que el resto se localiza en las zonas oriente y poniente. Estas áreas conflictivas presentan características similares: los lotes habitacionales miden entre 100 y 120 metros cuadrados, con viviendas que oscilan entre 50 y 110 m². En promedio, cada vivienda alberga a cuatro personas. En cuanto a los espacios públicos, los parques y jardines urbanos ofrecen sólo 6.9 m² de áreas verdes por habitante, cifra inferior a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (10-15 m²).
Las zonas oriente y poniente registran promedios aún menores, de 3.4 m² por habitante. Demográficamente, estas colonias están pobladas principalmente por jóvenes de entre 14 a 24 años y 25 a 35 años. En términos de ingresos, los hogares perciben entre 8 mil y 10 mil pesos mensuales, cifra que se encuentra por debajo de la media nacional de aproximadamente 13 mil pesos. La mayoría de estos ingresos proviene del sector informal: comercio, servicios, oficios manuales, y en menor medida, del empleo gubernamental.
Los factores económicos y demográficos mencionados moldean patrones específicos de consumo de alcohol en estas colonias, similares a los observados en otras zonas populares de Saltillo. Este patrón contrasta con el de las clases más acomodadas, lo que pone en evidencia diferencias en el tipo de bebida, los espacios y momentos de consumo, así como en las consecuencias que éste produce.
¿Qué tipo de alcohol se consume?
El tipo de bebida refleja más que una simple preferencia: implica un simbolismo social. Las clases altas tienden a consumir whisky, vinos importados, coñac, mezcales gourmet y ginebras artesanales, productos asociados con el estatus. En contraste, las clases populares consumen con mayor frecuencia cerveza, bebidas preparadas y licores económicos. Así, el tipo de alcohol consumido actúa como un primer marcador de diferenciación social.
¿Dónde se consume?
Saltillo ocupa el primer lugar en Coahuila en percepción ciudadana del consumo de alcohol en calles y plazas públicas. Según el Inegi, más de 50% de los saltillenses reporta haberlo presenciado. Mientras las élites consumen alcohol en lugares cerrados y regulados -clubes, restaurantes, eventos sociales, incluso cavas en casa-, los sectores populares lo hacen en espacios públicos más visibles y menos regulados, lo que incrementa el estigma y la exposición ante autoridades y medios.
¿Cuándo se consume?
En Saltillo, como en gran parte de México, el consumo de alcohol suele estar vinculado a celebraciones familiares o fiestas nacionales. Las raíces de esta práctica están en tradiciones religiosas y culturales que datan de la época prehispánica, cuando el pulque tenía un papel ceremonial. Con la llegada de los españoles, el pulque fue desplazado por bebidas destiladas, ahora presentes en fiestas patronales y otras celebraciones comunitarias.
¿Qué consecuencias hay?
Las consecuencias del consumo de alcohol están mediadas por el contexto económico y social. En las clases altas, los efectos adversos son mitigados por redes de apoyo familiar, relaciones con el poder institucional y acceso a servicios médicos o legales. En cambio, en las clases trabajadoras, el consumo excesivo puede traducirse en pérdida del empleo, rupturas familiares y mayor vulnerabilidad ante la justicia o la marginación social.
Consumo de alcohol en Saltillo
“El consumo entre jóvenes es preocupante. En el primer semestre de 2024, el Centro de Integración Juvenil (CIJ) atendió a 503 jóvenes de entre 10 y 19 años por consumo de alcohol, representando 88% de los casos atendidos, con un incremento notable en el grupo de 10 a 14 años. A nivel estatal, Coahuila se ubica en el cuarto lugar nacional en consumo de alcohol, con un promedio de 6.7 litros por habitante al año, superando la media nacional de 4.6 litros”.
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