Querida persona lectora: ¡Feliz Año Nuevo!
Espero que hayas iniciado este nuevo ciclo de la mejor forma. No me refiero necesariamente a esos festejos que se presumen en redes sociales, ni a una cena de gala en un restaurante lujoso o a una fiesta en la discoteca de moda de algún lugar exótico del mundo.
Por supuesto, si tu deseo fue despedir el 2025 y darle la bienvenida al nuevo año así, y eso llenó tu corazón, entonces creo que fue la mejor manera de hacerlo.
El fin de año es uno de esos momentos en los que parece obligatorio celebrar, haciendo algo que se pueda “postear” con fotos hermosas y frases emotivas; sentimos que tenemos que divertirnos sí o sí para contarlo a nuestras amistades y familias, o incluso para presumirlo ante personas desconocidas.
Sin embargo, no hay una forma de celebrar superior a otra. Para mí, la clave es hacer lo que de verdad queremos, lo que dé paz y calma al corazón y nos brinde tranquilidad. No me gusta pensar en el 31 de diciembre como un día cualquiera; es un momento importante que merece ser honrado.
Es un cierre de ciclo. Un momento para agradecer todo lo que recibimos durante el año que termina: no sólo los momentos alegres, sino también las enseñanzas que llegaron a través de aquellos episodios oscuros, que estuvieron cargados de enojo, tristeza o frustración.
Todos esos momentos sucedieron para darnos una lección que muchas veces nos resistimos a aprender, pues tenemos la tendencia de evitar la aceptación y enfrentar las dificultades desde el victimismo, quejándonos con el Universo o con quienes consideremos responsables por lo que nos sucede.
Quizás, en el momento en que aprendamos a sentir gratitud por el año que termina, nuestro corazón se abrirá. Ese es el ingrediente secreto para despedir con amor lo que se va y dar la bienvenida a lo que apenas comienza.
Tal vez no estamos en el mejor momento de nuestra vida porque enfrentamos dificultades o sufrimos la ausencia de alguna persona querida; sin embargo, siempre hay razones para agradecer a la vida por sus regalos. A menudo no los vemos porque los damos por sentados o porque siempre ambicionamos más.
Pero cada inicio de año es una gran oportunidad para transformar nuestra realidad, ya sea cambiando la narrativa de lo que nos contamos sobre nosotras y nosotros mismos o realizando una limpieza profunda de lo que ya no necesitamos o nos hace daño (sean objetos, hábitos, situaciones o personas).
El año que inicia nos permite hacer un “reinicio” general y decidir quiénes ya no queremos ser. Es la oportunidad para construir una nueva –y posiblemente mejor– versión de nosotras y nosotros mismos.
Para lograrlo, es necesario observarnos con sinceridad, identificar cuáles áreas de nuestra vida necesitan ese reinicio, reconocer nuestra responsabilidad en lo que queremos modificar y asumir un compromiso serio con las acciones necesarias para generar el cambio al que aspiramos.
Lograr esta transformación depende solamente de cada persona, y el año que inicia es el mejor momento para comenzar.
Querida persona lectora, deseo que tus sueños de hoy sean la realidad de mañana.
¡Que tengas un año nuevo mágico!
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