Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 29 de marzo del 2026 a las 04:00
Sabinas, Coah.- Entre las celebraciones del mes de marzo destaca el Día del Embalsamador, fecha que honra a los profesionales de la tanatopraxia (conjunto de técnicas, tratamientos y prácticas aplicadas sobre un cadáver, para su higienización, desinfección, conservación temporal y restauración estética), cuyo objetivo es presentar una imagen digna y natural de la persona fallecida, facilitando el duelo de sus seres queridos.
En exclusiva para Periódico Zócalo, Abril Teresa Zúñiga Ríos, embalsamadora de la ciudad de Sabinas.
“Por diferentes razones, en varias ocasiones dejé inconclusos algunos proyectos académicos, pero un día captó totalmente mi atención un tiktok, de una chica que mostraba su trabajo como embalsamadora, y recuerdo bien que le dije a mi mamá, esto es, yo me quiero dedicar a esto, lo dije con mucho convencimiento.
Había escuchado de personas que aseguran que sus profesiones las llamaron, era un tanto escéptica de ese llamado, pero en verdad se siente.
A finales del 2022 comencé a estudiar en una escuela de Tamaulipas, y a principios del 2024, una funeraria de Sabinas, me dio oportunidad de hacer mis prácticas.
La preparación de los cuerpos es un verdadero arte.
Es un acto de amor y respeto a los que ya no están entre nosotros.
Todos los trabajos son diferentes, si es por muerte natural influye su tipo de enfermedad, su edad, si es por accidente, para cuántos días se debe preparar el cuerpo.
Su rostro muestra el nivel de sufrimiento al que estuvo expuesto antes de morir.
Una de las cosas que me han causado mayor asombro, es ver cómo un cuerpo se relaja cuando le hablas, cuando le pides permiso de la manera más respetuosa posible poder tocarlo.
Tomo su mano, le digo que lo estoy acompañando y que me honra formar parte de esa transición, pues siempre he creído que lo último que se pierde es la audición.
Lo que nunca me imaginé cuando elegí esta carrera, es que sería yo, la persona que prepararía a mi madre para su despedida.
Ella me dio la bienvenida a la vida, y yo la maquillé para verla regresar a la casa de Dios.
Dentro de mi dolor, me sentía profundamente afortunada de tener el honor, de ser yo, quien la tocara, la vistiera, quien la embelleciera por última vez.
Cuando ella enfermó de insuficiencia renal, se apoyaba mucho en mi hermana que en aquel entonces era estudiante de Medicina, pero fue a mí a quien la vida le dio la dicha de darle la tranquilidad y la seguridad en su última morada.
Pues la mayoría de las personas tiene una idea muy diferente del trato y el procedimiento que hacemos con aquellos que fallecen.
Nuestra labor no termina con la preparación de un cuerpo, también nos permite desarrollar y aplicar una gran empatía, hacia los familiares que están sufriendo la pérdida.
Les damos su tiempo para despedirse, priorizamos su opinión, tratamos de conectar con su dolor y escuchamos atentos a sus peticiones.
Se viven tantas emociones y tan extremas, que es necesario, que eventualmente tengamos apoyo sicológico.
Pero, por otro lado, uno de los mayores aprendizajes que me ha dado este trabajo, es aprender a disfrutar cada momento compartido con las personas que amo.
Porque lo único seguro que tenemos en la vida en la muerte.
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