La premisa es incontrovertible: por el bien de todos, primero los pobres. Y sí, en un país como el nuestro con tantos rezagos, con esa histórica deuda con los sectores más desprotegidos y vulnerables, con ese abismo de desigualdades en todos los terrenos, resultaba indispensable aplicar una contundente estrategia para acotar las diferencias económicas, sociales, culturales y de oportunidades entre unos pocos y la mayoría.
Para aterrizar esa premisa de primero los pobres, la 4T implementó más de 80 programas y acciones de desarrollo social que para este 2023 dispondrán de un presupuesto asignado de 144 mil 127 millones de pesos, lo que representa un aumento nominal de cerca del 20% respecto a lo ejercido este año.
La cuestión es que el Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales advierte que el 87% de estos programas y acciones no cuentan con las condiciones necesarias para resolver el problema que les dio origen, lo que en términos simples significa que no están funcionando, y ello explicaría que pese a esos miles de millones que destina la 4T a los más desprotegidos, pues la pobreza sigue aumentando, según los datos del Inegi.
Sí, la premisa es incontrovertible, el problema es que los programas de desarrollo social, básicamente asistencialistas, pues simplemente no están funcionando. En fin, no sobra advertir que las cosas marchan mal, aunque resulte que el Indep, y su diagnóstico, sean denostados y reducidos a un golpe más de la mafia de conservadores corruptos que se empeñan en cuestionar a la 4T, como resulta todo lo que confronta la realidad con los “otros datos”.
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