En mis redes sociales en Ivaginaria siempre hay debates interesantes o verdaderamente inquietantes, por lo que dicen las personas y por cómo está la temperatura de la intolerancia, la ignorancia, pero, sobre todo, el fanatismo religioso. Uno de los grandes lastres de la Iglesia católica, por ejemplo.
El pasado 31 de diciembre, el papa alemán Josep Ratzinger murió con 95 años, y como centro del occidente que es la religión católica, es un hecho histórico que el primer papa que renuncia en centurias a su cargo de ser líder del catolicismo sea recordado, cuestionado y también reconocido.
Sin el histrionismo de Juan Pablo II y sin su carisma, evidentemente, Ratzinger tuvo que llegar a levantar el mugrero de su predecesor y enfrentar, por fin, al elefante blanco de la Iglesia católica desde siempre, como lo ha sido el abuso sexual, la violencia de género (hacia las monjas para empezar) y la continua impunidad de los curas agresores.Los asuntos que se mencionan como logros de Ratzinger ante su deceso son todos graves y urgentes, como las finanzas de su Iglesia y el oscuro banco vaticano, la cloaca más sucia de la cristiandad.
Asumió también asuntos que Juan Pablo II no quiso mirar ni le interesó, como el tema LGBTQ y para rematar con la enormidad de los acosos, violaciones, violencias y transgresiones de los curas católicos en todo el mundo.
Con suma inteligencia renunció a ser ministro de la Iglesia, hecho que no se registraba desde 1294, pese a que existe una edad de retiro para los obispos que se puede extender en los papas como sucedió con Juan Pablo II, que parecía querer ser eterno.
En siglos anteriores, las renuncias de papas datan desde la primera centuria del cristianismo, y luego se sucede una rebatinga de papados en los que unos renunciaban a favor de otros; en otros casos hasta hubo tres papas simultáneos, hasta que el emperador Segismundo, el jefe del Imperio Sacro Romano Germánico, los hizo renunciar a los tres.
Ratzinger dejó el papado en 2013 y, sin duda, por su precisa formación teológica y como buen alemán, lo ha de haber sopesado mucho, pero fue el papa a quien le tocó enfrentar, frenar de alguna forma, investigar y tomar real responsabilidad sobre los miles de abusos ancestrales por parte de los curas. Abusos sexuales que ya le estaban costando dinero a la Iglesia católica, fieles, credibilidad.
No sé si sea una herida de la cual se vayan a recuperar, pero el mismo Ratzinger tuvo que lidiar con el caso de su hermano Georg, sacerdote y abusador sexual, quizás por conocimiento de este hecho tuvo que hacerlo desde el principio, e incluso pedir perdón a las víctimas en nombre de la Iglesia.
Muchos encomian sus logros sobre este hecho, y quizás lo que valdría la pena resaltar es que al menos enfrentó el problema que otros papas conocían y tenían frente a sus ojos.
Por supuesto que hay un mundo de fieles y no fieles del catolicismo que están enojados ante la indiferencia de los papas ante los abusos sexuales, sin embargo, es necesario reconocer que al menos Ratzinger intervino poco o mucho, forzado y orillado quizás, pero lo logró hacer y destapar ese pozo podrido de la religión católica.
En una cita de Vatican News del papa Benedicto XVI dice: “Nosotros mismos nos vemos arrastrados a esta grandísima culpa cuando no la afrontamos con la necesaria decisión y responsabilidad”. Muchas veces los agraviados quieren solo eso: una disculpa.
Les deseo un feliz y hermoso año a todas las personas que vienen a este espacio.
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