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| El rector de la Universidad de Coahuila y el inspector académico.

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El Centenario del Ateneo Fuente

  Por Federico Muller

Publicado el domingo, 5 de abril del 2026 a las 04:00


El rector de la Universidad de Coahuila y el inspector académico.

Saltillo, Coah.- El 1 de noviembre de 1967, el Ateneo Fuente cumplió 100 años de vida institucional. El Gobierno del Estado de Coahuila organizó una ceremonia conmemorativa en el Paraninfo.

Entre los invitados al solemne evento estuvieron el Presidente de México, licenciado Gustavo Díaz Ordaz; el Gobernador del estado; el rector de la Universidad de Coahuila, y otros funcionarios federales y estatales.

El discurso conmemorativo fue pronunciado por el licenciado Felipe Sánchez de la Fuente, quien más tarde sería nombrado cuarto rector de la Universidad.

El artista responsable de la parte musical de la velada estaba especialmente preocupado por el juicio —certero e imparcial— del director del Conservatorio Nacional, también presente en la comitiva invitada.

Aquella noche, el pianista Efraín Domínguez Valdés decidió interpretar el vals cromático del compositor francés Benjamín Godard, una obra de alta virtuosidad.

Las cuerdas y el arco del violín no podían faltar en el programa: la violinista lagunera Marcela Shade acompañó al pianista.

Meses después, Domínguez Valdés sería nombrado inspector académico por el rector Sánchez de la Fuente.

Al finalizar la ceremonia, el director del Conservatorio subió al estrado y lo felicitó personalmente por su ejecución pianística.

Percepción e imagen

Aún después de más de 50 años, quienes lo conocieron recuerdan al licenciado Felipe Sánchez de la Fuente como un hombre de expresión sobria y palabras mesuradas.

En los inviernos saltillenses, su porte erguido hacía lucir los trajes que vestía —cortados a la medida, confeccionados en casimires de lana importada— en tonos gris oxford y azul muy oscuro, contrastando con la camisa blanca y la corbata lisa de colores sobrios.

Cada mañana cruzaba la explanada para dirigirse a su despacho en la planta alta del edificio rectoral. En su mano izquierda sostenía los guantes blancos, parte de su atuendo personal, que lo distinguía de sus colaboradores universitarios.

La primera entrevista con el rector

Antes de entrar a su oficina, el profesor Domínguez fue recibido por la secretaria del rector.

Tras un breve saludo, ella le pidió su nombre, lo tecleó en una tarjeta y se dirigió al privado del rector.

Minutos después, regresó y le dijo con voz firme pero amable: “Puede pasar, maestro. El licenciado lo va a recibir”.

Los acuerdos a los que llegaron fueron dos, suficientes para trazar su ruta de trabajo en el nuevo puesto.

El rector, a manera de justificación, comentó: “Aunque soy originario de Saltillo, tengo más de 20 años radicando en Torreón. Necesito una persona que supervise las escuelas de Torreón, Monclova y, por supuesto, las de Saltillo. Que me informe de sus requerimientos y problemas”.

Lic. Felipe Sánchez de la Fuente

Cursó sus estudios de educación básica y media superior en el Colegio de San Juan y en el Ateneo Fuente.

Se tituló como abogado en 1927 en la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Fue nombrado rector por la Junta de Gobierno en febrero de 1968.

Sus colaboradores más cercanos fueron Rafael del Río, Guillermo Portillo y Yeo Núñez.

Durante su gestión se construyó el edificio de la Rectoría, ubicado en la esquina del bulevar Constitución y la calle Durango, en la colonia República.

El proyecto fue realizado por una firma de arquitectos saltillenses.

Para el anecdotario…

El profesor Domínguez gusta compartir recuerdos de su labor como colaborador del rector.

Cuando visitaba alguna escuela en Torreón o Monclova, antes de presentarse con el director, conversaba con los trabajadores encargados del mantenimiento y la limpieza del plantel.

De ese modo, al momento de ser recibido, ya contaba con un diagnóstico preliminar sobre las necesidades de la institución y el desempeño de sus responsables.

En una ocasión, al salir de su hotel para dirigirse a la Escuela Preparatoria Venustiano Carranza, abordó un taxi.

El conductor le advirtió: “Si gusta, puedo dejarlo cerca de la PVC; los estudiantes mantienen un paro de labores. Es peligroso acercarse, se expone a que vandalicen mi medio de trabajo”.

Durante el trayecto intercambiaron algunas palabras.

Una vez que el maestro Efraín Domínguez se identificó, la conversación dejó de ser monosilábica y se transformó en un diálogo más abierto.

El taxista le confió que tenía un hijo que no había sido admitido en la Universidad.

El cargo que desempeñaba permitió al profesor responder con una seguridad que hoy resulta reveladora de la época: “No se preocupe —le dijo—. Su hijo, desde este momento, queda inscrito en la PVC”.

El nombramiento

He pensado en usted para desempeñar la labor de inspector académico de la universidad”, le dijo el rector.

A manera de evasiva, el profesor respondió: “Tengo mi tiempo ocupado dando clases en el Ateneo Fuente, la Preparatoria Nocturna y la Normal del Estado”.

No se preocupe por eso —replicó el rector—. Se le liberará de la carga académica”.

Sin más argumentos para rechazar la invitación, salió del despacho con el nombramiento ex profeso.

Antes de cruzar el umbral de la puerta, el rector le dijo: “Todos los días nos reuniremos en el Café Tena, de 10 a 11 de la mañana, para revisar el trabajo realizado”.

Cabe recordar que en los primeros años de 1960, la Universidad se conformaba por menos de 10 escuelas.

La Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro y la Benemérita Escuela Normal del Estado estaban afiliadas a la máxima casa de estudios de Coahuila.

El profesor Efraín Domínguez Valdés

A los 16 años participó en el concurso de piano organizado por Televicentro Monterrey.

Más de 50 jóvenes del norte de México probaron sus talentos musicales en esa convocatoria.

El saltillense fue finalista, ocupando los primeros lugares.

Su carrera musical no se ha interrumpido desde la adolescencia, y actualmente maneja un repertorio de alrededor de 2 mil obras.

 

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