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Coahuila

El cocinero que dio de comer a miles de saltillenses

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Nativo de San José de Aura, municipio de Ocampo, Coahuila, en las colindancias con Chihuahua, una comunidad que de Saltillo esta distante más de 400 kilómetros, de allá llegó Crescencio “Chencho” López Medrano en busca de mejores oportunidades. El pueblo le quedaba chico y él que quería emprender una actividad más productiva. Los de Aura perdieron a un nativo del solar, pero nosotros ganamos a un gran amigo, que por muchos años nos dio de comer buena comida a bajo costo, ¡y qué sabor!

López Medrano, un hombre recio, como el mismo desierto donde nació y pasó los primeros 15 años de su vida. De hablar grueso, como gritándole al viento, pero además de un gran ímpetu para el trabajo, buena persona y servicial a más no poder. Hijo de Alberto López y Francisca Medrano, llegó a Saltillo en el año 1956.

Tras laborar en algunos restaurantes como lavaplatos, mesero, la vida le tenía deparada una agradable sorpresa, encuentra a la que sería su compañera de toda la vida, —“hasta que la muerte  los separó”-. Doña María Elena Cervantes Rosas, una morena luchona, inteligente y gran empresaria, sin haber ido a una universidad.

“Chencho” decide dejar el cargo de eficiente cocinero en el restaurante Espejo número 2, de Andrés Valdés, y trabajar por su cuenta y riesgo.

En compañía de doña María Elena y su hija mayor Mara, emprenden la odisea de vender comida caliente a partir de lonches o tortas en pan francés, hamburguesas, tacos en tortillas de maíz y de harina, de diferentes guisos, principalmente pollo, ternera, carne de puerco, y sirven en un modesto puestecito rodante desayunos, (huevos al gusto) frente a la construcción del Hospital de zona número 2 del IMSS.

El negocio iba bien, pues era toda una innovación. Ahí duró hasta que el entonces Alcalde en turno, dio permiso oficial a una sobrina para quitar a “Chencho” del fructífero lugar.

Una mañana me encuentro a “Chencho” en el nuevo edificio del Ayuntamiento de Saltillo y muy enojado me platica lo sucedido. “Con esta gente no se puede”, le dije y le pedí que no se preocupara, que para todos existe Dios “y más para ti, que has sido un hombre muy positivo, lo mismo que tu señora esposa”. Y le sugerí un local cerrado y así lo hizo.

Repentinamente localicé a “Chencho”, a María Elena y Mara en un localito en el terreno adjunto a la gasolinera de don Nacho Galindo, en Canadá y Carranza. Luego se cambió enfrente, a un costado del Eurotel. Kerim Saade, el propietario, compró las casas ahí construidas y la familia López Cervantes tuvo que emigrar de nuevo y se ubica ya en forma definitiva en una casa que adquiere la familia a medio construir, en Rancho de Peña, más al norte del Carranza. Tal vez para el éxito del negocio, muy escondida, pero de todas maneras sus clientes, que son muchos, dieron con él. Ahí, continuó la buena comida, la buena sazón de “Chencho”, de Eliud y de las muchachas, con sus abundantes y sabrosos platillos, comidas corridas y todo lo que elaboran que les han caracterizado como un modesto, pero excelente restaurant. No sé si todavía exista, hace muchos años que no voy.

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