Coahuila

Publicado el domingo, 1 de febrero del 2026 a las 03:35
Aquel Viernes Santo del 2025, el Cristo crucificado de la capilla, literalmente herido y descarapelado, parecía querer decirnos algo…
Después de haber retomado a principios del 2025, la atención sacramental a la comunidad de Santa Eulalia, por parte de las Hermanas Catequistas Guadalupanas y de un equipo de catequistas de Acuña, y habiéndose reanudado las eucaristías, después de una ausencia de 7 meses, fijamos la fecha de las confirmaciones para el mes de septiembre.
Cercanos a esta última fecha y tras varios meses de preparación, hubo algunos desacuerdos respecto a la irregular asistencia a misa y a la formación no tan completa de los niños, por lo que, con algunas incomodidades de los familiares y de nuestro propio equipo, tuvimos que aplazar la misa de confirmaciones hasta el sábado 6 de diciembre.
Pero como no hay fecha que no se cumpla, ni plazo que no se llegue, arribamos a la primera semana de diciembre. Un servidor tenía ese mismo día Asamblea de Pastoral Bíblica por la mañana, y por la noche, fiesta patronal en la parroquia de Cristo Buen Pastor ahí mismo en Acuña, por lo que sólo tenía unas cuantas horas para ir y venir a Santa Eulalia, 50 kilómetros distante muy metida en el desierto coahuilense.
Ese mismo año 2025, un servidor había estado en la capilla de Santa Eulalia, dedicada al Sagrado Corazón, todo aquel Viernes Santo (18 de abril), y me había dado cuenta que el Cristo crucificado de tamaño natural, en ese momento cubierto con tela morada, estaba todo descarapelado del torso, piernas y brazos, por lo que pregunté a los padrinos que lo habían donado y que, providencialmente ahí estaban, ya que viven también en EU, si tenían posibilidad de restaurarlo, a lo que instantáneamente respondieron que sí lo harían, y se lo llevaron…
Pues bueno, volviendo al mes de diciembre, y a unos días de que celebraremos los sacramentos, el mismo Cristo sufriente venía corriendo desde el Estado de Hidalgo, donde fue restaurado, y se enfrentaba a terribles inseguridades, marchas y bloqueos, como cualquier mexicano en carretera, y ya era jueves 4 de diciembre y no había aún entrado al Estado de Coahuila. Pasó el viernes y nada, todavía el sábado por la mañana no había llegado. Pero, como llevado por ángeles, el doliente pero valiente Cristo llegó el sábado 6 de abril a la 1 pm, en la caja de una camioneta estaquitas, envuelto en varias colchas que lo protegían. Apenas hubo tiempo para instalarlo en el retablo, cuando empezó la misa en punto de las 5:00 de la tarde.
En la misa descubrimos, para asombro de todos, lo que el Cristo quería decirnos, que no sólo nosotros, catequistas, feligreses, pueblo y obispo, queríamos estar con la comunidad de Santa Eulalia, sino que el amoroso Cristo de la Capilla, más que nadie, quería estar presente en la celebración de los sacramentos. Por lo que no fueron los desacuerdos ni las diferencias los que pospusieron la misa, sino el consolador Cristo del retablo, el que por ninguna razón quería perderse el momento y deseaba estar presente acompañando a sus niños de santa Eulalia, en la recepción del bautismo, comunión y confirmación. Y porque cuando Cristo quiere, todo se acomoda para que Él, esté presente.
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