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Coahuila

El delfín en problemas

Por David Brondo

Hace 3 años

La primera encuesta para definir los perfiles de los aspirantes a la Coordinación de los Comités de Defensa de la Transformación en Coahuila, es decir, al candidato de Morena a la Gubernatura, no arrojó buenos resultados para Ricardo Mejía Berdeja, el delfín del presidente López Obrador.

La encuesta ha venido a confirmar lo ya sabido: Mejía no es el precandidato de Morena más conocido.

El subsecretario de Seguridad Pública no va adelante en ningún sondeo serio. Vaya, no gana ni en las encuestas de su partido. Ni siquiera alcanza el segundo lugar. Solo va arriba en sus encuestas manufacturadas por encargo. El delfín está en problemas.

La encuesta levantada por el Comité Nacional de Encuestas de Morena arrojó que el senador Armando Guadiana es el precandidato más conocido entre los coahuilenses con un 76 % de conocimiento, seguido por el expanista Luis Fernando Salazar con 53.

Mejía registra apenas el 46 %, un dato relevante porque los dirigentes del partido esperaban que, tras su intensa campaña, saliera puntero. No ha sido así. Un cuarto aspirante, Reyes Flores, delegado del Gobierno federal en Coahuila, aparece con un 28 por ciento.

Manejo en lo oscurito

Los resultados no son buenas noticias para el subsecretario. En términos boxísticos diríamos que en el primer round lo mandaron a la lona.

Pero, ojo, esta primera encuesta no dice, ni mucho menos, que Guadiana será el coordinador de los Comités ni confirman la viabilidad de su candidatura al Gobierno del Estado. Los resultados conocidos únicamente responden a la pregunta: ¿Conoce usted o ha oído hablar de… ? Y nada más. Morena no ha dado a conocer ningún otro resultado.

De hecho, en los rejuegos del partido llaman la atención los enjuagues y la turbiedad de los dirigentes. Ni siquiera fueron capaces de dar a conocer los porcentajes obtenidos por cada candidato. Esos números fueron filtrados por los operadores de Guadiana.

Como si les doliera informar del fracaso de Mejía, tanto el Comité Ejecutivo Nacional como el Comité Estatal a cargo de Diego del Bosque, apenas ofrecieron un pincelazo del sondeo. Ocultaron el cuadro completo.

En un escuetísimo comunicado informaron que “los aspirantes (a la Coordinación de los Comités de Defensa) con mayor nivel de conocimiento entre el pueblo coahuilense” son Guadiana, Salazar, Mejía y Reyes Flores. Así nada más.

Revelaron lo que todo mundo sabía sin necesidad de encuestas. No dijeron, por el contrario, cuál fue la metodología utilizada, ni el número de entrevistados ni las preguntas realizadas. Todo quedó en lo oscurito.

Los dirigentes de Morena fueron incapaces de reconocer públicamente cuál es el aspirante más conocido. Por supuesto, tampoco informaron quién va adelante en las preferencias. Hacerlo equivaldría a sacrificar a Mejía. El candidato oficial no sólo no es el más conocido; tampoco puntea en las preferencias ciudadanas.

¿Transparencia? ¿Claridad? Esas palabras no están en el diccionario del partido.

Mejores “atributos”

Los resultados inesperados han llevado a los líderes de Morena a improvisar un juego de artificios para ganar tiempo y no incomodar al Presidente y su delfín.

El partido ahora tendrá que esperar que la segunda encuesta programada para “medir atributos como la honestidad, la cercanía con la gente y la credibilidad, le sea favorable a Mejía.

¿Cómo se va a llevar a cabo esa encuesta? Sólo los dirigentes de Morena lo saben. En la oscuridad de su cuarto de operaciones decidirán cuál de ellos tiene los mejores “atributos”.

Por lo pronto, Mejía aseguró ya que no tiene la menor duda de que ganará esa encuesta y será el coordinador de los Comités de Defensa de la Transformación.

¿Podría dudar alguien que el delfín es el más honesto, el de mayor credibilidad y el más cercano a la gente? Desde que López Obrador trepó al subsecretario al barco de sus conferencias mañaneras para promoverlo, la línea de acción quedó trazada. Las preferencias de militancia y ciudadanía salen sobrando.

Mejía es la vara de medir del Presidente. Así lo han entendido el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, y sus operadores. La decisión está tomada; ahora es necesario operarla, legitimarla, encuestarla.

No importa el desarraigo del elegido. Tampoco si tiene o no domicilio en Coahuila o si su trayectoria pública en los últimos lustros la ha realizado Guerrero o la Ciudad de México. ¿Ha brincado del PRI a Convergencia y de ahí a Movimiento Ciudadano para terminar en Morena? ¿Qué más da? La consigna es empujarlo, blindarlo, sacarlo adelante.

La maquinaria está en marcha, pero a los dirigentes los sondeos —los propios y los externos— no les alcanzan. ¿Cómo pueden legitimar lo que los números no legitiman?

Un premio sin precio

La encuesta fue el método elegido para designar al coordinador de los Comités de Defensa, una figura creada para posicionar al candidato morenista y permitirle hacer campaña por todo el estado al margen del calendario electoral.

Pero el problema está ahí: los resultados de las encuestas no dan para sacar adelante al delfín. Por si fuera poco, el malestar de Guadiana, Salazar y Flores frente a un proceso sesgado comienza a meter ruido.

¿Qué hacer? En las prisas se vale todo: violar la ley, adelantar actos de campaña, multiplicar la propaganda fuera del calendario electoral y dejar de lado las encomiendas de la Subsecretaría de Seguridad.

Si llegara a ser postulado, Mejía no lo hará por méritos propios ni por los resultados de las encuestas, sino por una razón: porque el Presidente quiere.

La palabra de López Obrador está dicha. Mejía, a su vez, demuestra su agradecimiento a los cuatro vientos. En la cuenta oficial de la Subsecretaría de Seguridad en Twitter ha colgado un un mensaje emotivo, vehemente, efusivo:

“Una felicitación afectuosa a nuestro líder patriota, honesto y comprometido, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, por su cumpleaños. Dios lo siga bendiciendo y le conceda salud y bienestar”.

Ni los cubanos se atrevieron a tanto en los tiempos de Fidel Castro. La seguridad sale sobrando. Lo importante es la lisonja, la lealtad, los humos enaltecedores del incienso.

Ser candidato, ser el delfín, no tiene precio.

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