Maquiavelo, entre otras cosas, aseguraba que, se puede controlar a un pueblo con sólo distraerles y hacerles creer que piensan y actúan con total autonomía, y que su voz importa, aunque en la realidad sólo repitan lo que el príncipe les dicte; con ello se logra un régimen, donde el fanatismo político sustituye al pensamiento y el fervor reemplaza al criterio, al punto de dictarles lo que se debe odiar lo que se debe amar y lo que se debe de callar.
Tal cual lo aseveré en la primera parte de esta entrega, para el régimen morenista ha sido imprescindible el uso de distractores como estrategia de comunicación y agenda pública para ocultar información; así pues, y aunque la efectividad o intención de estas tácticas distractoras son tema de debate, para los integrantes de esta auto nombrada “cuarta transformación” siguen siendo el único método empleado para desviar la atención de temas sensibles como la corrupción, el crimen organizado y su ineficacia gubernamental.
Así pues, y aunque usted aún no lo haya notado, la 4T, ha empleado, durante todo su reinado, diversas estrategias de distracción en su comunicación, las cuales a simple vista pueden descifrarse, como lo son la generación de polémicas continuas, generadas desde la misma “Mañanera”, espacio en el que la titular del poder del Ejecutivo acostumbra mentir para entretener a los medios de comunicación tratando de desmentirla, inundando el espacio público con múltiples replicas, que desvían la atención de problemas sociales o crisis políticas.
De igual forma, otro recurso distractor utilizado por el régimen lo es la retórica anti medios y la polarización, consistente en descalificar y acusar a todos los medios de comunicación y a sus periodistas de ser enemigos y parte de la corrupción del pasado, con lo que desacreditan cualquier crítica, a la vez de que construyen un enemigo común.
Así pues, y aunque usted no lo crea, otro de los distractores gubernamentales lo es el discurso de la honestidad, la austeridad y el combate a la corrupción, temas que aunque la ciudadanía cada día descubre que, dichos combates, han sido más simbólicos y retóricos que efectivos en sus resultados concretos, pues la Presidenta no deja de mencionarlos, sólo para crearles la duda razonable y pensemos que, quizá, no todo está tan mal.
Así pues, de todos estos distractores que he mencionado, los cuales por su grado de engaño debieran calificarse como pecados gubernamentales imperdonables, para quien esto escribe, existe un distractor mucho más peligroso, delicado y monstruoso, y que lo es, que su arma para lograr distraer mientras roba el futuro de nuestro país, lo es la de engañar a los ciudadanos, haciéndoles creer que están en una revolución o generando un cambio mientras son usados como decorado electoral inseguro desinformado y creyendo que lo que hace, lo hace por convicción.
Este último distractor ha permitido al régimen que nos gobierna, descaradamente, declarar como asunto de “seguridad nacional”, la clasificación de los mega proyectos y otras actividades para eludir la transparencia y la rendición de cuentas, limitando el escrutinio sobre su eficacia, así como la designación de funcionarios leales sin experiencia, aunque hacerlo debilite la capacidad técnica de la administración pública para resolver problemas.
Más sobre esta sección Más en Coahuila