Coahuila
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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 20 de febrero del 2021 a las 04:00
Diana Martínez | Saltillo,Coah .-
“El dolor también es el costo de amar…”, así describió Esaul García la aflicción que ha vivido desde hace cuatro meses, desde que su papá ya no está físicamente con él y con su familia.
Fueron los primeros días de septiembre cuando recibió tan lamentable noticia, luego de que su papá Constantino García Flores, de 56 años, perdiera la vida tras 16 días hospitalizado por un diagnóstico de Covid-19.
Después de seis meses que se presentó el primer caso de coronavirus en Coahuila, la familia contrajo el virus a finales de agosto.
Fueron días difíciles, los primeros síntomas los pudieron contener en su casa con apoyo del oxígeno, sin embargo, la gravedad de la enfermedad los llevó a pensar en la hospitalización.
“Cuando mi hermana habla con él y le dice que podemos ir al hospital, y puede ser que ahí haya otro tratamiento y que regreses y estés bien; entonces él con ese miedo que tenía, pero también ya en su desesperación aceptó”, relató Esaul, tras señalar que llamaron a una ambulancia para hacer el traslado.
Él lo acompañó en la ambulancia, lo observó mientras recorrían las calles hasta llegar a la Clínica 2 del IMSS, y ya en las puertas se despidió de él; fue la última vez que lo vio con vida.
“Era un área donde yo ya no podía entrar, pero había una puerta de cristal y fue la última vez que lo vi, y todavía alcanza a decirme adiós con su mano, sonriendo todavía, estaba tranquilo al momento de entrar y con esa imagen me quedé”, recordó.

Siempre lo acompañaron
Pero la distancia no fue impedimento para que su familia lo pudiera acompañar emocionalmente en el hospital. El área de Trabajo Social les informó que podían hacerle llegar mensajes a través del agua y suplementos que le mandaban.
“Entonces ahí le escribíamos mensajes. En un primer momento cuando empezaba esto de las cartas, yo les dije a mi mamá y hermana ‘vamos a escribirle y a enviarle cartas’ y pensé que el resto de la familia también estaba al pendiente, y pues les pedimos a los demás y ellos también le enviaban”, relató.
Los compañeros de trabajo se unieron a esta actividad y desde fuera todos le mandaban ánimos y muestras de cariño para hacerle saber que lo acompañaban en ese momento difícil de su vida.
“Cada que yo atravesaba el puente peatonal del hospital para llevarle las cosas, observaba las ventanillas del hospital, era pensar que en alguna de ellas debe estar y decirle échale ganas, vamos a salir”, señaló.
“Las horas y los minutos en ocasiones pasan rápidamente, pero otros días el tiempo parece estar en nuestra contra”, describió Esaul al recordar los días en los que esperaban noticias del estado de salud de su padre.
“Sus signos vitales están en tales parámetros, está bien pero nunca saber qué pensó y qué dijo”, dijo con tristeza Esaul, “lo que suma al dolor de ya no tenerlo y de no saber qué pudo haber dicho y haber pensado en sus últimos momentos”.

Pese al miedo, su fe les ayudó
Su fe les ayudó a ser fuertes en esos momentos complicados, les permitió seguir adelante pese al miedo diario y encomendar a Dios la sanación de su padre.
“Somos una familia, por mi mamá, muy apegada a la oración, entonces eso nos fortaleció mucho y nos ayudó mucho que hacíamos oración a diario, desde que lo internaron era una forma de conectarnos y de enviarle esas buenas vibras”.
Diariamente rezaban como familia, se unían en un momento de comunión con Dios con esperanza.
“Dios le dio su sanación de esta forma y quizá de esta manera él ya descansa de este malestar, de lo que le aquejaba. Cuando empezó a sentirse mal para él pesó mucho el malestar, muchísimo”.
Fue alrededor de las 9 de la noche del 10 de septiembre cuando recibieron la noticia y desde entonces su vida no volvió a ser igual.
“Hay días que de plano se pasa y se olvida, y es cómo le voy a preguntar a mi papá tal cosa o platicas en la familia de que hay tal cosa, decimos vamos a consultarlo con mi papá, regresarnos y decir mi papá no está”, lamentó.
Junto a la tristeza también hay días de mucho temor por la situación que se vivió, fue sumamente complicado ese temor a lo frágil que somos, indicó.

Muestras de cariño
“Hay días que parece que no hay fuerzas, hay días que uno dice… la vida es muy frágil, como para qué seguir o como para qué continuar, pero es ahí donde uno se da cuenta que es lo que nos queda de amar a las personas. En la medida en la que amamos a las personas nos duele separarnos”, triste momento en que algunas lágrimas ruedan por las mejillas de Esaúl.
Sin embargo, las muestras de cariño y apoyo de los familiares, amigos y conocidos, les han permitido ver lo mucho que son queridos y todo el respeto que Constantino provocó en quienes lo rodeaban.
“Tantas muestras de cariño y de apoyo de conocidos, gente que estuvo con él en sus estudios, compañeros de trabajo, tuvieron muchos detalles que nos hacían ver el gran ser humano que era”, agregó.

Esaul, con un rostro que connotaba orgullo, indicó que su padre siempre los presumió con sus compañeros de trabajo. “Ellos son mis pequeños, mis chiquitos, con esas palabras lo decía”.
Describió cómo su papá siempre estuvo con él en los grandes momentos importantes de su vida, cuando salió de la universidad o con los logros de su trabajo.

“Cada que ocurría algo importante en la familia, vámonos por tacos, vámonos a cenar y era un rato muy gratificante el decir que nos reconocemos como familia, como lo bueno que pasa”, recordó.
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