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Ruta Libre
Publicado el lunes, 19 de enero del 2015 a las 23:34
Por: Rosendo Zavala / Saltillo, Coahuila.- A Marvin no le interesó la amabilidad de sus ‘amigos’ y, sin mediar palabra, mató a dos a pedradas
Convertido en presa de su propia furia, Marvin salió de la casona para saciar su vileza apedreando a los anfitriones, asesinándolos ante la mirada feroz de la perra, que ni revolcándose de coraje pudo salvarle la vida a sus amos.
Tan sólo unos minutos bastaron para que el centroamericano que había pasado por Saltillo fortuitamente dejara su huella permanente en la ciudad, al perpetrar el doble crimen que aterrorizó a la sociedad durante los primeros días del año.
El viento soplaba frío sobre la cara de Cuquita cuando Salcido la previno inesperadamente, la tarde estaba cayendo y el clima gélido no tardaría en posarse sobre ellos, así que optaron por resguardarse en la propiedad abandonada que desde tiempo atrás habitaban sin problemas.
Mientras el tráfico del bulevar V. Carranza corría indiferente, los indigentes se apresuraban para acondicionar el tejabán que las circunstancias les habían deparado como propio, pues aunque no tuvieran ni un peso para mal comer durante el día, se proveían mutuamente del calor humano que necesitaban para seguir subsistiendo.
Aunque el 2012 había comenzado tan trivial como todos los años, los amigos estaban muy lejos de pensar que aquel viernes de febrero sería diferente, porque la tragedia vino de la calle en forma de amistad sin que se dieran cuenta.
Y es que en medio del bullicio que los infelices sociales creaban con su plática descompuesta, la figura de un hombre ataviado con gabardina negra, pero de facciones fuereñas, los extrañó, decidiendo invitarlo a su posada para que contara sus anécdotas que prometían ser originales.
Encantado por la idea, Marvin ingresó al cuartucho donde un viejo colchón que destilaba los olores de un pasado lejano hacía las veces de recámara, mientras el ambiente se nublaba con la camaradería del grupo, que se divertía con el vino barato que sobró de la borrachera anterior.
Ajenos a la realidad, los cinco “nuevos amigos” que habían llegado al predio de la colonia Doctores para emborracharse sin sentido intercambiaban experiencias, mientras “La Pantera” descansaba afuera de la propiedad como esperando el trágico momento.
SANA CONVIVENCIA
Con el correr del viernes negro, la mujer de cabellos retorcidos caminaba por todas partes buscando hacerse de los pesos que fortalecieran su faceta de dueña, que quedó en entredicho cuando la última gota de mezcal barato se extinguió en la boca de alguno de sus amigos, optando por remediar la situación para no padecer los estragos de la sequía de alcoholemia.
Tras juntar el dinero que los infortunados portaban como resultado de un día de recaudación de limosnas, Salcido corrió a la tienda donde se surtió de veneno etílico, mientras sus “compadres” lo aguardaban consumidos por el deseo de seguir intoxicándose.
Fue así como el Día de la Candelaria les brindó la mejor de sus celebraciones, donde el alcohol se había convertido en el único amuleto de la felicidad interminable que parecía invadirlos como casi siempre.
Esto porque tanto Cuquita como Salcido, José y Francisco se sentían halagados de tan especial visita, el extranjero que con palabras bonitas los había envuelto en su juego de frases que tenía un doble sentido, porque sería cuestión de tiempo para que la amabilidad se convirtiera en la brutalidad que atrajo a la desgracia.
Durante varias horas, Marvin relató los pasajes y odiseas vividas durante su travesía por la frontera sur, donde se armó de valor para llegar al norte mexicano mientras maquinaba su intención de arribar definitivamente al río Bravo y entonces… el vino se acabó.
ENLOQUECIDO
De inmediato, José y Francisco se encargaron de la “misión” que se antojaba complicada, porque los expendios ya estaban cerrados, pero aún así caminaron por el bulevar Figueroa, donde a lo lejos se divisaba el comercio que podría sacarlos del apuro.
Mientras los parranderos se surtían de alcohol, Salcido intercambiaba opiniones banales con el ilegal, que enfurecido se paró del colchón donde reposaba, abandonando la casona para postrarse al exterior con un sólo propósito.
Sin mediar palabras, el sujeto de cabello corto y fisonomía extraña arremetió contra los presentes desatando el infierno en la tierra, al apedrear el lugar alcanzando con su maldad a doña Cuquita y Salcido, que quedaron tendidos en el suelo malheridos y con la vida en suspenso.
Instantes después, José y Francisco llegaron con las botellas de vino, pero se encontraron con la terrible escena que les estremeció sobremanera imaginando lo peor, cuando desde lejos observaron el inusual movimiento de patrullas que parecían evocar a la tragedia.
Con el arribo de las autoridades la confusión se apoderó del lugar, pues la perra que minutos antes había presenciado el brutal ataque había enloquecido de dolor, arremetiendo contra un policía y un paramédico que coordinaban esfuerzos para salvar a los heridos, que fallecieron mientras eran ingresados en diversos hospitales.
Por su parte, Marvin corría para mantener intacta su libertad, aunque con su efímero paso por la casona había sido identificado por el resto de los briagos que lo describieron ante las autoridades como el autor material de los hechos… aun así logró esquivar a la justicia.
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