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El Faro Rojo: El almohadazo, susto fatal

  Por Ruta Libre

Publicado el lunes, 30 de marzo del 2015 a las 22:59


En medio de la penumbra, Fernanda sintió una mano que rodeaba su cuerpo: era su hijo, a quien golpeó para defenderse

Por: Rosendo Zavala / Saltillo.- Al sentir la mano de Miguelito acariciando su cuerpo, Fernanda estalló en cólera y reaccionó dándole un almohadazo que lo tumbó de la cama, ignorando que con el golpe había sentenciado la existencia del hijo cuyo único pecado fue quererla demasiado.

Envuelta en la penumbra del rencor, la potosina dejó pasar la noche hasta que sus ideas se aclararon y el nuevo día llegó, aunque la cotidianidad de la casa se había ido para siempre gracias a la tragedia que sin pensar había ocasionado.

Y es que de un inocente golpe la madre de familia había matado las ilusiones del niño, que necesitado de amor intentó abrazarla para sentirse amado, recibiendo el desprecio que lo mandaría al cielo, ante el asombro de los vecinos, que se limitaron a llorar la pérdida.

UNA TRISTE VIDA

Desde su más tierna infancia, Miguelito deambulaba por los rincones de la casona donde la violencia se respiraba en el ambiente, apenas tenía 7 años y su percepción de la vida era tan diferente, que se refugiaba en los libros para evadir la realidad.

Como casi siempre, el pequeño idealizaba su propio mundo en el aula de clases, donde ni la polvareda detenía su andar entre los pasillos del salón, porque cruzar el umbral de acceso se convertía en el pasaporte a una felicidad efímera, que defendió hasta el último día.

Aunque refugiarse en los libros era su máximo consuelo, las huellas de la violencia tatuadas en su piel dejaban ver lo extremo de la relación con su madre, que convertida en una dictadora lo golpeaba a placer para educarlo de la manera menos ortodoxa.

En medio del extenuante sol que caía sobre Lomas de Santa Cruz, Miguel cargaba chamarras para disimular las agresiones de que era objeto, aunque sus compañeros lo intuían, y para sobrellevar la tristeza ajena lo animaban jugando siempre.

Durante una noche de enero, Miguelito retozó por las calles de la colonia sin querer llegar a casa, pero el tiempo pasaba y tuvo que armarse de valor para encarar los cuestionamientos de su madre, que ferozmente lo incriminó sobre su tardía llegada.

NOCHE DE NOVELA

Tras restregar algunas palabras de desprecio en la propia cara de su hijo, Fernanda levantó la mano intentando maltratar al niño, que para defenderse corrió a la calle, aunque su inocencia le impidió llegar lejos porque fue alcanzado metros adelante.

Zarandeado y con el alma herida, Miguelito lloró hasta vaciar el cántaro de sus pesares, mientras la tarde moría lentamente, dando paso al “instante” que cambiaría para siempre la vida de la familia Hernández Martínez.

Faltaban algunos minutos para la medianoche y Fernanda permanecía en la cama viendo la tele, mientras afuera el invierno arreciaba como presagiando que algo malo pasaría en la vivienda que ya no volvería a ser la misma.

Justo cuando la mujer se entretenía con la novela del momento, el pequeño entró al cuarto, y queriendo limar asperezas comenzó una plática que pareció no interesar a la mujer, quien lejos de atenderlo matizó de tensión el instante, gritándole mientras le pedía que se fuera.

En un acto de franca rebeldía, el niño se recostó a un lado de ella y decidido a ganar su cariño le tendió un abrazo que la molestó de inmediato, maltratándolo emocionalmente para que desistiera de sus cariños, y propinándole el almohadazo que resultaría mortal.

De manera irremediable, el infante salió proyectado hacia la pared, donde chocó sin que nada pudiera evitarlo, cayendo al suelo inconsciente ante la mirada de la agresora, que lo cargó para llevarlo a la cama, donde lo recostó mientras apagaba la tele.

UNA MUERTE INESPERADA

Ya por la mañana el despertador sonó y sin titubear Fernanda se levantó para comenzar sus labores diarias, era casi fin de semana y la rutina se había apoderado de ella desde el primer instante, como cualquier día de enero.

En medio del almuerzo y las presiones de una jefa de familia, la señora gritó a su hijo que despertara para que se sentara a la mesa, pero él no respondió, encontrando en el silencio un presagio que la haría correr a la recámara, donde permanecía su retoño inmóvil.

Recordando el incidente de la noche anterior, la mujer intentó reanimarlo pero no lo logró, cayendo en pánico mientras su pareja sentimental corría para todos lados, buscando aclarar sus ideas para tomar una rápida decisión y moverse con presteza.

Sin perder el tiempo, Fernanda y Víctor Hugo subieron a Miguelito a un vehículo para trasladarlo de urgencia a una clínica del sur de la ciudad, mientras la muerte los acompañaba en su deambular. El pequeño logró llegar a un hospital de especialidades, donde falleció al no soportar el traumatismo sufrido al golpear su cabeza contra la pared.

Incrédulos por el repentino desenlace, los padres del menor culparon a las instituciones que los atendieron, pretendiendo evadir responsabilidades, aunque ya todo estaba dicho y la justicia acechaba para hacer pagar muy caro a la causante de la desgracia.

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