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Ruta Libre
Publicado el lunes, 31 de agosto del 2015 a las 18:54
Una puñalada fue la válvula de escape de todo el odio que Jorge Francisco acumuló tras el cobarde asesinato de su primo
Por: Rosendo Zavala / Saltillo, Coah.- Traicionado por la furia que sentía, “El Pinky” sacó su cuchillo y en una rápida ofensiva apuñaló a Rodolfo de manera brutal, sacándole la vida para vengar la afrenta familiar que le hicieron cuando uno de sus primos había sido baleado por su victimado.
Sorprendido por su propio impulso, el vigilante de cantina se escondió entre las sombras de la noche buscando evadir a la Policía sin lograrlo, porque el destino lo alcanzó cuando las autoridades supieron que se resguardaba en la casa de un tío, siendo así como cambió su hábito de guardián a recluso en cuestión de minutos.
Oscura confusión
Tirado en la intimidad de su cuarto, Jorge Francisco aprovechaba los últimos minutos de descanso en casa, pues el fin de semana llegaba y con ello la bruma de trabajo que le esperaba en el bar donde sacaba a los borrachos que fastidiaban a los clientes.
Afuera, las calles de la Chamizal comenzaban a cobrar vida con el vaivén de los jóvenes que escandalosos gritaban su alegría al viento por el arribo del sábado, que con frescura se postraba sobre el cielo bajo el augurio invisible de la tragedia.
Y mientras el potencial homicida convivía con su esposa frente al televisor que aminoraba la cotidianidad, a unas cuadras de ahí se gestaba la bronca en la que su primo Édgar padecía los estragos de la maldad ajena.
Esto porque “El Boti” caminaba con su hermano Julio entre los oscuros rincones de la colonia La Minita, cuando una turba de sujetos les salió al paso y repentinamente un disparo rompió el silencio que hasta entonces imperaba en el lugar.
Sintiendo que su reloj biológico se aceleraba peligrosamente, Julio sacó con presteza su celular y reponiéndose al terror que lo invadía texteó algunas palabras en su teclado, elevando una plegaria de ayuda que proyectó hasta el infinito virtual.
Y es que en la colonia de junto, Bárbara escuchó el sonar de su teléfono y leyó el mensaje que la sobresaltó en automático, porque estresada narró a Jorge lo que ocurría, alertando a éste, que sin pensar en las consecuencias de sus actos tomó un cuchillo de la cocina para salir en busca de sus enemigos desconocidos.
Brutal cobranza
Acelerando a fondo la carcacha negra que tenía para hacer sus vueltas, “El Pinky” invadió la tranquilidad de la madrugada hasta llegar al cruce de Pedro Anaya y Miguel Miramón, donde se detuvo tras divisar a un aterrorizado Julio, que seguía pasmado por lo ocurrido en el lugar.
Venciendo las dificultades del momento, el azorado conductor logró subir al baleado a su carro para trasladarlo a un hospital, mientras el testigo cruzaba llamadas implorando la ayuda que los alcanzó de improviso.
Tras comenzar la odisea sobre ruedas, sus pesares amainaron cuando paramédicos de la Cruz Roja los interceptaron, siendo entonces cuando Jorge Francisco se postró de nuevo tras volante de su auto y retornó al lugar del ataque, avanzando por Anaya hasta que ubicó a los agresores de “El Boti”.
Cegado por la ira, el vigilante patinó la llantas de su Volare para dar alcance a los trasnochadores, cerrándoles el paso para junto a Julio encararlos decididos a cobrar cuentas, comenzando el intercambio de insultos que derivó en tragedia.
Sabiéndose superiores en todos los aspectos, los atacantes de Édgar atacaron a Julio con una lluvia de golpes que no pudo evadir, por lo que Jorge intervino repartiendo derechazos y logrando que dos de sus rivales huyeran, dejando a Rodolfo a merced de los ofendidos que desde ese momento tuvieron las circunstancias a su favor.
Fatal respuesta
Aturdido por verse en franca desventaja, Chuy corría mientras el vigilante lo perseguía con tan buena suerte que de inmediato lo alcanzó, aunque el infortunado defendió su integridad liándose a golpes con el hombre que tramitaría su existencia justo en esos momentos.
Entre el intercambio de “caricias” que los rijosos se brindaban ferozmente, Jorge aprovechó para sacar el cuchillo que con saña encajó en el pecho de su enemigo, repitiendo la escena hasta ver que el rival quedaba tendido en un charco de sangre, para luego darse a la fuga.
Poco después, una muchedumbre se arremolinaba en torno al cuerpo del masacrado que ya no respondía a los estímulos terrenales, porque había dejado de existir tras no soportar la brutalidad de los navajazos que le había inferido su atacante.
Con el correr de la madrugada, “El Pinky” seguía protegiendo su libertad bajo la etiqueta de prófugo, porque al tocar la puerta de su tío en la colonia Nogales amplió el accionar del destino, que para entonces ya estaba marcado con el sello de la justicia.
De manera implacable, agentes ministeriales armaron el rompecabezas que pondría fin a las pesquisas del puñalero asesino, tras localizarlo mientas descansaba en la vivienda que lo había acogido con la más comprensiva de las complicidades.
Acusado hasta por los rayos de sol que le apuntaban, el rijoso cedió ante las órdenes de los policías, que esposado lo subieron a la patrulla en la que lo llevaron a las instalaciones de la FGJE, para ponerlo a disposición de las instancias correspondientes.
Tras un proceso legal que se prolongó durante meses, Jorge Francisco fue sentenciado por el juez segundo de lo Penal a 26 años de prisión bajo el delito de homicidio calificado, por lo que ahora sólo aguarda el paso del tiempo para saldar con rejas el crimen cometido contra alguien que ni siquiera conocía.
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