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El Faro Rojo: El ‘profe’

  Por Ruta Libre

Publicado el miércoles, 6 de mayo del 2015 a las 23:03


Adán no soportaba más el extraño amor que sentía por el profesor y así, de tajo, decidió acabar con el suplicio con 39 certeras

Por: Rosendo Zavala

Caminando sigiloso hasta la cocina, Adán tomó el cuchillo y por instinto volvió a la cama donde lo esperaba su amante que, sin augurar su destino, lo recibió tan sólo para soportar las 39 puñaladas que lo terminaron matando, apagando el romance que siempre estuvo marcado con el sello de la violencia.

Y es que sacando de sus entrañas el odio que albergaba por tan complicada relación, el universitario empuñó el arma que acabó con cinco años de amor fingido, pues el “cariño” que sentía por el maestro era tanto que decidió finiquitarlo en víspera de la Nochebuena.

Ambiente festivo

Añorando los recuerdos de una época que volvería a vivir, Adán Gamaliel se arregló con el ansia de un puberto enamorado y sacudiéndose la pereza que el invierno provocaba, se atavió con las mejores ropas; faltaban algunas horas para la fiesta navideña, aunque su intención era comenzarla desde antes.

Idealizando el futuro inmediato, el estudiante que pretendía forjar su destino con un título profesional salió de casa y tras despedirse de su mujer se enfiló hasta la Zona Centro, donde se encontraría con quien le movía las fibras emocionales…en sus ratos libres.

Con paso lento pero seguro, “El Gama” vagaba por las calles del primer cuadro citadino cuando un sonido peculiar le espantó los pensamientos, volteando sorprendido mientras un mar de gente lo rodeaba, indiferente.

Tras girar la vista, el corazón le dio un tumbo al ver el misterioso Mustang que se detuvo a su lado, aunque el alma le volvió al cuerpo cuando se percató que Lucio era quien manejaba el auto. Pronto subió para fundirse en el abrazo que daría preámbulo a la tragedia.

Minutos después, el vehículo se detuvo frente a la casona que el maestro tenía en Colinas de San Francisco, donde el reluciente portón se abrió con complicidad para dar paso a los amigos que lejos estaban de pensar en las turbulencias de un crepúsculo sombrío.

Bestial ataque

Cuando la oscuridad se cernía sobre Saltillo para comenzar la cuenta regresiva rumbo a la mejor noche del año, el profesor de secundaria dio paso a sus deseos carnales, animado por los efectos del vino que estaba ingiriendo con su amigo.

Respirando hondo ante la inminente llegada del ansiado sexo, Lucio se paró de la silla donde maquinaba el coito que pretendía llevar a la realidad, aunque algo pasó, porque como respuesta a sus proposiciones indecorosas sólo recibió rechazo.

Atónito por la negativa de su compañero sentimental, el educador reaccionó incriminándolo, exigiéndole placer; así comenzó la discusión que después dio paso a una reconciliación que resultaría efímera.

Haciendo labor de convencimiento para concretar su propósito, el ardoroso cuarentón endulzó los oídos del estudiante hasta llevarlo a la recámara donde continuaron bebiendo, siendo ése el escenario que el mentor idealizaba como el sitio perfecto para cristalizar su aventura. 

Frustrado por sentir que no llegaría a la Navidad con el recuerdo de una víspera apasionada, Lucio tendió sus manos para acariciar por la fuerza al visitante incómodo, golpeándolo en un acto de impotencia para luego recostarse, mientras esperaba que su galán le respondiera como hombre.

Aprovechando el descuido de su acosador, Adán caminó hasta la cocina para tomar el arma que empuñó con furia, guiando sus pasos a la recámara donde atacó al profe, que ni alcanzó a divisar la muerte, quedando sin vida en el “nido” donde ya no pudo saciar sus deseos carnales.

Navidad en familia

Asustado porque el celular del maestro sonaba sin parar, el homicida aceleró la marcha del Mustang que robó y desafiando a las sombras de la noche, recorrió las calles de la ciudad, parándose en las cercanías del complejo deportivo donde quiso abandonar su culpabilidad.

Tirando el teléfono entre el terregal por donde pasó corriendo, Adán se sacudió la presión que vivía y abordando un taxi llegó a su domicilio de la colonia González, donde se echó a dormir para no despertar las sospechas de su gente. 

Con el amanecer del 24 de diciembre, el feroz criminal se fue a trabajar, retomando su vida cotidiana, dando paso después a las compras navideñas que disolvieron por completo los pesares que lo atacaban desde la noche anterior.

Mientras el homicida desplegaba un amor incondicional a los suyos, familiares del profesor llegaban a la casa de éste, extrañados por su ausencia, realizando el hallazgo que les quitó hasta el aliento y las ilusiones de una Nochebuena perfecta.

Bañado en su propia sangre, el instructor de deportes yacía inerte en la cama donde lo había masacrado su acompañante, desnudo y con el deseo muerto a puñaladas por las condiciones que lo acorralaron en su afán de concretar una apasionada madrugada de amor.

Apenas pasaron algunos minutos en la noche más significativa del año cuando “El Gama” sintió que el destino lo alcanzaba, y es que la puerta principal de la vivienda retumbó con el eco de la justicia, era la policía que, con evidencia en mano, lo aprehendió para consignarlo ante instancias penales por el salvaje crimen cometido en tan significativa fecha.

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