Coahuila
Hace 1 hora
A partir del 7 de marzo (día 7 de 20 de la precampaña dentro del proceso electoral en curso) para los 11 precandidatos únicos de Morena en Coahuila (y por consecuencia, para todos los involucrados en general) la elección se transformó. Es otra. No han iniciado siquiera campañas (de hecho aún falta un mes para eso en la entidad oficialmente), y ya el juego es distinto.
El partido político que aspira a convertirse en hegemónico rompiendo el juego democrático se rige por otras reglas: unas que sólo aplican para ellos y les dan ventaja sobre los demás. Por ello en su sesión del Consejo Nacional -órgano interno donde Coahuila es el único estado que no tiene representación gracias al boicot que hiciera el PT en 2022, cabe señalar- celebrada el sábado pasado, acordó adelantar los tiempos para ungir a sus candidatos que abanderarán el emblema en la elección de 2027, donde además de 17 gubernaturas, se renovará la Cámara de Diputados y, si no sucede nada extraordinario, habrá consulta para la revocación de mandato de la Presidenta en la misma jornada.
Lo anterior busca, entre otras cosas, reducir el espacio para el golpeteo entre cientos de aspirantes a los múltiples cargos que se disputarán, y evitar con ello la división interna (bajo la máxima maquiavélica que al día de hoy sigue siendo tan efectiva como hace 500 años: “divide y vencerás”).
En los cálculos políticos de Morena, si se adelanta y el 22 de junio designa “coordinadores estatales” de los inexistentes “comités de la 4T” (candidatos a Gobernador, en realidad), evitará que los no seleccionados tengan oportunidad para movilizarse, boicotear, y hacer grilla. Les maniata, de acuerdo con su prospectiva. Lo mismo sucede con los candidatos a diputados federales (mismos que serán investidos el 3 de agosto), a presidentes municipales (emplazados para el 21 de septiembre) y a diputados locales (8 de noviembre).
No sólo eso, en la misma jugada los guindas también pretenden someter a sus todavía aliados, Partido del Trabajo y Partido Verde, obligándoles a plegarse a sus intereses con un año de anticipación a la contienda. Un episodio más del autoritarismo miope que desde su constitución han mostrado: o están con nosotros, o están contra nosotros.
Es osado, sin embargo, creer que no habrá damnificados por dicha maniobra y que con tanta anticipación se puede aplanar y pavimentar el terreno, eliminando cualquier atisbo de oposición interna y externa. Aunque ese es otro tema.
Dicha circunstancia, no obstante, cambia sin así desearlo el sentido de las próximas elecciones en Coahuila para quienes habían sido registrados desde noviembre como “coordinadores seccionales” y que, al día de hoy, fungen como precandidatos únicos de Morena, pues los meses que deberían servir en lo sucesivo para construir una candidatura efectiva, invirtiendo en ello tiempo, esfuerzo y dinero, servirán ahora como plataforma de propaganda para poder agenciarse las candidaturas más atractivas en el horizonte, a votarse dentro de un proceso federal más favorable a sus intereses.
Véalo así: qué sentido tendría en este momento poner todos los huevos en la misma canasta, cuando las opciones políticas se han abierto intempestivamente. Además, en el hipotético caso de ganar una diputación local, dicha circunstancia les inhabilitaría como eventuales “coordinadores” (candidatos a diputados federales y alcaldes, ya que no podrían ocupar esas posiciones de tiempo completo cuando ni siquiera han protestado el cargo electo en el Congreso del Estado).
Cortita y al pie
Morena prioriza las 17 gubernaturas y conservar la mayoría calificada en la Cámara (no en vano impulsa por separado la regresiva Reforma Electoral con esa finalidad). No existe un plan adicional para rescatar a los interesados de Coahuila que quedarán atrapados en esa coyuntura. Son sacrificables; es el mensaje. No importan.
Por otro lado, localmente, provocará que se cierre el círculo entre quienes han acaparado candidaturas en los últimos procesos. Los mismos de siempre. Se publicó aquí el 23 de noviembre: se dicen del pueblo aunque son un coto cerrado en el estado. El menú que ofrecen para 2026 obedece a un patrón de nominación: los elegidos pertenecen a una facción, y la mayoría tiene estigma de perdedores. Irónicamente, están ahí gracias a cubrir una cuota grupal, y precisamente por estar divididos en grupos tienen pocas probabilidades de llegar a ganar.
En Morena permanecen entrampados en un círculo vicioso: si no postulan perfiles identificables y con experiencia previa, no se ven competitivos a sí mismos. Esa dicotomía impide que sangre nueva pueda acceder y, en cambio, terminen por reciclar fracasados año tras año, cuyo estilo se basa en frivolidades para llamar la atención o llenar un espacio vacío con algo, cualquier cosa, ante los ojos de un hipotético electorado. Ese relevo generacional que ni ha dado el ancho ni entusiasma a nadie.
La última y nos vamos
Por lo demás, ¿qué sigue para ellos?
Muy sencillo: apostar a redoblar la propaganda, pero no impulsar la movilización ciudadana (que cuesta y no precisamente poco dinero). Al contrario: les convendría perder la curul, y ganar en cambio reconocimiento popular en estos meses donde tienen coartada para publicitarse sin que esto signifique un delito a ojos vistos, con la mira puesta en reflejar ese fenómeno en una eventual encuesta de popularidad a levantarse entre julio y agosto, mediante la cual se tomará la decisión.
Ahí está, por ejemplo, Alberto Hurtado. El primero en transgredir la territorialidad del distrito que corresponde a su registro. Desde su primer informe de actividades, en 2024, ya desplegó propaganda personal en los cuatro puntos cardinales de Saltillo. Lo sigue haciendo deliberadamente. Ahora bien, ¿primero en tiempo es primero en derecho? No necesariamente.
Aspiran, pues, a ganar perdiendo. Es decir, hacer méritos ante el Comité Ejecutivo Nacional de Morena inmolándose en una votación local que se sabe perdida desde la centralista Ciudad de México, a cambio de obtener una posición preferencial para el proceso electoral del año inmediato, 2027, donde la suma de factores podría permitirles obtener un mejor destino para su causa.
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