Internacional
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La Jornada
Publicado el domingo, 8 de febrero del 2026 a las 16:50
Moscú.– En una nueva ofensiva retórica contra sus contrapartes en Washington y Bruselas, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, afirmó este domingo que las revelaciones en torno al caso del fallecido magnate y delincuente sexual, Jeffrey Epstein, exponen la “verdadera cara” de los liderazgos occidentales.
Durante una entrevista concedida a la televisión estatal rusa, el jefe de la diplomacia del Kremlin sostuvo que el escándalo de la red de tráfico sexual no es un hecho aislado, sino un síntoma de la degradación de las élites que, según sus palabras, pretenden imponer un dominio global.
Para Lavrov, la gestión judicial del caso Epstein es una prueba de la impunidad con la que operan los círculos de poder en Occidente, reforzando la narrativa de Moscú sobre la superioridad moral y estratégica del bloque euroasiático.
A las declaraciones de Lavrov se sumó la portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova, quien en una entrevista para Russia Today acusó a los países occidentales de practicar una justicia selectiva y de ocultar pruebas cuando los intereses de las élites globales están en riesgo.
Zajárova trazó una línea de conexión entre diversos eventos históricos y contemporáneos para sostener su punto:
– Magnicidios y Atentados: Comparó la falta de transparencia en el caso Epstein con el asesinato de John F. Kennedy y los sabotajes al gasoducto Nord Stream.
– Evidencia audiovisual: Calificó de “ridículo” que, a pesar de existir presuntos registros en fotografías y videos de actividades delictivas, el sistema judicial occidental mantenga una postura de ambigüedad.
“Es ridículo que ahora sus delitos o intenciones delictivas queden plasmados en fotografías y videos. Y aun así dicen que ‘no todo está claro'”, sentenció la portavoz.
Este cruce de declaraciones se enmarca en la estrategia de comunicación de Rusia para desacreditar el orden liberal internacional. Al utilizar casos de alta sensibilidad social en EE. UU. y Europa, el Kremlin busca alimentar el escepticismo sobre las instituciones democráticas occidentales y consolidar su propia influencia en el escenario global.
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