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Publicado el viernes, 13 de febrero del 2009 a las 15:51
Enviada especial
Investigación Especial: México, D.F.- El fenómeno de pederastia y homosexualidad en la Iglesia católica es una situación aberrante y real, que siembra la duda en la fe de miles de creyentes en el mundo, especialmente en México. José Barba Martín, ex legionario de Cristo, es una víctima viviente del padre Marcial Maciel y nos cuenta su triste historia.
Narrar el abuso de Maciel lo pone triste, y se nota en su cara mientras da un sorbo a la copa con vino tinto que ordenó durante la cena, en la que concedió la entrevista en un restaurante de la avenida Insurgentes, en la Ciudad de México.
Dice que en verdad creía en Maciel, en que era un santo viviente. En el ideal a seguir, que en Maciel no había pecado y al final destruyó cientos de vidas y no tan sólo de los menores abusados, sino de todas las familias de ellos y de quienes creían en él.
El también padre de familia y abuelo quiebra la voz cuando vuelve al lugar donde Maciel lo obligó a masturbarlo hasta alcanzar el orgasmo. Todo cambió en febrero de 1953. “En Salamanca fuimos a poner la primera piedra del Colegio de Salamanca; no se puso la primera piedra, pero sí hicimos el viaje y de ahí todo cambió”.
El quebranto del sacerdote mexicano, fundador de la Legión de Cristo y acusado de pederastia, obliga a pensar en el encubrimiento y los intereses reales de quienes dirigen la comunidad cristiana.
El daño emocional, social y en la fe originado a jóvenes que dejaron sus casas llenos de sueños y con el ideal de practicar el sacerdocio no ha sido remediado, asegura el entrevistado.
Los líderes de este catolicismo siguen en deuda con quienes idealizaron y obedecieron de manera irrestricta al padre Maciel, hoy cuestionado por la supuesta existencia de una hija, producto de una relación oculta con una joven de apenas 15 años.
¿Es la vida de Maciel –quien murió en los Estados Unidos en enero pasado– realmente un ejemplo a seguir para los católicos?
Algunos aseguran que se trata de un hecho aislado, cuyas heridas en la creencia de los fieles pronto sanarán.
Sin embargo, para los ocho ex legionarios dispensados para dejar el seminario sus vidas quedaron marcadas por el padre Maciel, a quien Juan Pablo II reconoció… y encubrió, según el profesor e investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México, José Barba.
LA FRAE
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