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Publicado el miércoles, 23 de febrero del 2011 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Su gran ejemplo de responsabilidad y de trabajo, así como de su serenidad, es el legado que deja don Margarito Molina López, quien falleciera a sus 110 años de edad.
Don Margarito, quien perteneció al grupo que Zócalo Saltillo reuniera en 2008 al celebrar a personas de más de 100 años de edad en el evento Memorias del Milenio, fue sin duda un gran hombre.
Originario de El Venado, San Luis Potosí, pero coahuilense por decisión propia al vivir la mayor parte de su vida en esta entidad, laboró por más de 80 años.
Y es que don Margarito Molina López decidió “jubilarse” de su trabajo en 2000, cuando cumplió sus 100 años.
Era tal su responsabilidad y compromiso tanto con su trabajo, como con su familia pues era el único sostén, que don Margarito en ese lapso de ocho décadas de trabajo, decidió trabajar sin vacaciones.
Por muchos años trabajó en la Mueblería Lenchner, de don Salomón Lenchner, donde se volvió administrador a pesar de no tener estudios profesionales.
Margarito Molina López, nació en El Venado, San Luis Potosí, hijo de don Luis Molina de la Paz y de doña Estanislada López Mata, quienes lo trajeron a vivir a Coahuila, cuando apenas tenía tres años.
En sus 11 décadas de vida, don Margarito jamás requirió el uso de bastón para desplazarse, esto aunado a su postura erguida, hacía que quien lo conociera pensara que tenía menor edad.
Por un tiempo vivió en Tierra Blanca, Veracruz, donde le ayudaba a trabajar a su tío Pablo Lozano, quien era el administrador de la oficina de Ferrocarriles.
“Primero cargaba paquetes, luego fui ayudante en la oficina”, recordaba don Margarito en la entrevista que Zócalo le realizara el 30 de octubre de 2010, para el reportaje Testigos de la Revolución, que publicara este rotativo en la celebración del Centenario de la gesta revolucionaria.
Luego regresó a Saltillo, tierra que –precisaba– era muy fértil, ya que en la ciudad había muchas huertas de membrillos, papayas, higos, ciruelos y nogales.
Además de que enfatizaba que había mucha agua y no se sufría en la urbe del vital líquido como ahora.
Don Margarito decidió vender cromos e iba puerta por puerta buscando clientes para las ilustraciones que comercializaba.
Vendiendo por la calles conoció a don Salomón Lenchner, quien le propuso que se fuera a trabajar con él, pues pondría un pequeño negocio de venta de muebles.
Con estudios sólo de primaria, don Margarito, con el paso del tiempo, se convirtió en administrador de la mueblería, posteriormente gracias a que las acciones que tomaba hicieron crecer el negocio en gran magnitud, don Salomón lo convirtió en socio.
Para muchos empleados y gente que lo conoció, fue de gran ejemplo por su dedicación al 100% a su trabajo.
MEMORIA REVOLUCIONARIA “Los cuerpos los llevaban en carretillas toda la prolongación Lerdo, después de las vías del Ferrocarril (atrás de donde ahora es Hospital del ISSSTE) depositaban los cuerpos”, precisaba en su conversación.
A la edad de 10 años pudo ver a don Venustiano Carranza e inclusive le tocó ser espectador de una balacera que se suscitó luego de pasar el líder revolucionario.
“Yo era un niño, siempre andaba de curioso, me gustaba ver a los soldados que acampaban cerca de donde ahora es una escuela (la secundaria Nazario Ortiz Garza)”..
“Soltaron balazos y un soldado me dijo que me agachara porque me iba a tocar un plomazo”, indicaba don Margarito, tras aseverar que eran tanto los carrancistas como los obregonistas quienes acampaban cerca de la casa de sus tías con quienes vivía.
Su memoria en ocasiones ya le fallaba, pero don Margarito no se vencía y hacía un gran esfuerzo por recordar para compartir sus valiosos recuerdos.
Rememoraba entonces que el fue testigo de cómo fusilaron a un general de apellido Corona en la barda del panteón San Esteban.
“Me mandaron mis tías a comprar unas cosas al mercado, pero vi eso y se me olvidó el mandado”, precisaba el hombre, quien indicaba que ese momento había sido muy impactante también, pues sólo tenía entre 10 y 12 años de edad.
Y señalaba: “Para mí no fue buena la Revolución Mexicana, fueron muchas muertes las que se dieron y fueron muchas mujeres a las que se llevaron lejos de sus familias y a quienes ya nunca las volvían a ver”.
SU FAMILIA Con doña María procreó ocho hijos: Elvira, María del Carmen, Esperanza, Luis, Modesto, Oralia, Armando y María del Socorro.
Sus hijos destacan que siempre recordarán cómo su padre les inculcó muchos valores, principalmente el del respeto, la responsabilidad y el ver siempre por la familia.
SUS ÚLTIMOS DÍAS En últimos días don Margarito tenía el horario invertido, por lo que por las noches se levantaba apenas para comer a veces un cereal que le gustaba mucho.
María del Socorro enfatiza que ya su padre está con su adorada esposa, doña María, pues cuando enviudó, el 17 de octubre de 1987, fue muy duro para él.
“Ahora ya están juntos, ya descansan en paz”, indica.
Don Margarito era un niño cuando estalló la Revolución Mexicana y los recuerdos más impactantes de esa época era el ver cómo mucha gente moría por los ataques.
Don Margarito se casó con doña María Carreón Carrera, quien fuera el amor de su vida.
Era como un niño, inspiraba mucha ternura sólo de verlo en su casa, en la calle Hidalgo, del centro de la ciudad. Su hija menor, María del Socorro Molina Carreón, era quien lo cuidaba y con quien platicaba mucho, rememorando tantas experiencias vividas.
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