Si Claudia Sheinbaum hubiera tenido la libertad suficiente de asistir al Foro Económico Mundial que todos los años se lleva a cabo en Davos, Suiza, hubiera escuchado de viva voz el espléndido discurso del Primer Ministro canadiense, Mark Carney. Seguramente, le hubiera aplaudido con fervor y esto tal vez hubiera servido como un guiño para la próxima y primera revisión formal del T-MEC el 1 de julio de 2026. Si la Presidenta respaldó públicamente el mensaje de Carney calificándolo de “muy buen discurso” y acorde con el momento que vive el sistema global, ¿por qué sigue enviando petróleo a Cuba, si este gesto, supuestamente humanitario, es todo lo contrario del mensaje de Carney?
El discurso -el cual causó revuelo e incluso una ovación de pie, cosa que casi nunca sucede en Davos- explicó en qué consiste vivir dentro de una mentira apoyándose en el ensayo de 1978 del disidente y antiguo presidente checo Václav Havel titulado The Power of the Powerless (El poder de los sin poder), en el cual reflexionaba: “Los poderosos pueden hacer lo que quieren y los débiles deben sufrir”. Asimismo Havel se preguntaba: ¿cómo se sostiene el sistema comunista? Su respuesta, dice Carney, empieza con la historia de un vendedor de fruta. Cada mañana colocaba un letrero a las puertas de su tienda: “¡Trabajadores de todos los países, únanse!”. El dueño de la frutería no creía en esta consigna y, sin embargo, ponía el letrero para evitar problemas y mostrar su cooperación. Y como todos los comerciantes lo hacían, a pesar de que sabían que era falso, el sistema seguía funcionando. Pero bastaba con que uno de ellos no pusiera el letrero para romper la cadena y que la ilusión desapareciera.
Así imagino que la presidenta Claudia Sheinbaum saca su letrero a las puertas de Palacio, en el cual se lee: “Es un honor estar con Obrador”. Aunque en el fondo ella misma no lo cree del todo. Lo mismo les sucede a los demás morenistas quienes todos los días sacan su cartel y lo colocan a las puertas de su oficina. ¿Por qué? Simplemente porque la Presidenta lo hace. ¿Qué pasaría si ella abandonara ese ritual? ¿Todos los demás seguirían su ejemplo sin saber por qué? Havel llamó a esta conducta “vivir en una mentira”. Y vaya que los mexicanos hemos vivido durante décadas en el país de las mentiras.
Y como bien apuntó el Primer Ministro en cuanto a la política del engaño: “El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera verdad y su fragilidad proviene del mismo lugar. Cuando incluso una sola persona deja de actuar, cuando el verdulero quita su cartel, la ilusión empieza a resquebrajarse. Amigos, ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus carteles”.
Si la doctora Sheinbaum no fue a Davos, es porque sigue aferrada a su cartel. El día que ya no lo ponga será libre. Imagínense qué hubiera dicho el expresidente López Obrador si le hubiera anunciado que viajaría a Davos: “¿Estás loca? ¿Qué te mandas sola o qué? ¿Cómo que ir a ese foro de puros millonarios neoliberales de derecha? No debiste ni siquiera haberlo considerado. No es tu papel, tú dedícate a lo que estás haciendo. Tienes mucho trabajo con las próximas elecciones. Alicia (Bárcena) y Altagracia (Gómez) lo harán muy bien. Todavía tienes que arreglar lo de los reos cabezas de los cárteles que te falta por mandar a Estados Unidos. Eso sí que es importante para calmar a Tramp (sic)”.
Antes de finalizar el discurso, el Primer Ministro de Canadá hizo hincapié en un mensaje que se difundió en todo el mundo: “Estamos quitando el cartel de la ventana. Sabemos que el viejo orden no va a regresar. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia, pero creemos que a partir de la fractura podemos construir algo más grande, mejor, más fuerte y más justo. Esa es la tarea de las potencias intermedias, los países que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y más que ganar con una cooperación genuina. Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fortaleza en casa y de actuar juntos”.
Dicho lo anterior, no en balde se considera a Canadá, entre 60 países, el más querido del mundo según la reciente encuesta del Reputation Institute del 2025.
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