Y la noche dice ¡hola!
Elegir una noche de farra en Saltillo es sencillo: el Centro Histórico cuenta con lugares donde puedes encontrar un amigo o hacerte de alguna amistad.
Esta noche decidí retarme a recorrer los bares, cantinas y centros de diversión muy cercanos al Palacio de Gobierno y la misma catedral, para conocer de cerca el bullicio y la alegría de vivir de decenas de parroquianos.
Y que me perdone aquel famoso gobernador, Óscar Flores Tapia, que mandó cerrar casi una docena de cantinas en un pequeño sector del Centro Histórico, en torno del recinto del Poder Ejecutivo, una frente a su despacho por la calle de Juárez, pues daban mal aspecto y no lo dejaban concentrarse, al inicio de su Administración (1975-1981).
Buscaba el gobernante Flores Tapia transformar la imagen urbana de Saltillo, remodelando el Centro, recubriendo edificios con cantera rosa y “limpiando” la zona de establecimientos considerados focos de vicio o inseguridad.
Ahora, desde muy temprano, apenas se oculta el sol por el horizonte empieza la llegada de personas, principalmente jóvenes a la zona comprendida de Allende y calles aledañas. Cuando apenas el sol tiñe el cielo de rosa comienza la diversión, comienza “la vida”; no se trata de aferrarse, sino de aprender a soltar todo el potencial que da la juventud.
La puesta de sol para los trasnochadores representa una transición única: el momento en que las responsabilidades diurnas se desvanecen para dar paso a la creatividad, la introspección y la libertad.
Y para ello hay más de 14 establecimientos, cuyos dueños aprovecharon casonas y patios coloniales; rompieron el cerco creado por Flores Tapia, para imponer sus establecimientos libremente, sin cortapisas.
El Centro Histórico de Saltillo ofrece diversas opciones de bares y antros, destacando Brujas Pub, bar temático con decoración esotérica, música en vivo y comida; Hypnotic Rest, con variedad de bebidas, karaoke y DJ sets; la taberna Cerdo de Babel, conocido por su ambiente cultural y bohemio. Coralillo, destacado por su coctelería; La Carreta Bar, con rock en vivo y noches sin cover; Mamba Vivo Bar Saltillo, con música en vivo; Botánico Moritas, con la clásica botana y bebidas. O el bar Agustín Jaime. Hay un lugar que ofrece baile los fines de semana con conjuntos musicales en vivo y desde luego bebidas alcohólicas.
Botas de charol, botines, boinas, cachuchas, sombreros vaqueros, escotes, tatuajes, disfraces, atuendos brillantes, que importa la percha, la noche “está que arde” e invita a pasar unas horas fuera de la tranquilidad del hogar o del estrés de la fábrica o el bullicio de la escuela. La mayoría son jóvenes, los que disfrutan “una botana”, una hamburguesa o simplemente una cerveza, una bebida (o varias, hasta que el cuerpo y el dinero aguanten).
Y los vecinos del Centro Histórico de Saltillo protestan por la contaminación auditiva (ruido excesivo), basura y el funcionamiento sin permisos de terrazas. Aseguran que no pueden dormir y que las problemáticas se han repetido desde hace años, además la operación fuera de horario, gente haciendo sus necesidades fisiológicas en la vía pública, dejando fuertes olores a orines. Piden la clausura definitiva de los establecimientos que incumplen las normas, como el bar Agustín Jaimes, uno de los principales señalados por funcionar con irregularidades y terrazas sin permisos.
Los vecinos no están en contra del desarrollo económico, pero exigen que se respeten sus derechos al descanso y a una vida digna, señalando que la zona se ha vuelto insegura.
Para los trasnochadores, la puesta del sol no es el final del día, sino el telón de fondo de un cambio de guardia. Es el momento frenético, comienza su escenario favorito, la libertad de la noche, la contaminación auditiva y la rienda suelta a sus instintos. Pero viéndolo más positivo, hay menos incidentes que en la periferia.
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