Coahuila
Hace 3 años
Tengo una hipótesis: de 2017 a la fecha, conforme fue desapareciendo el transporte público de pasajeros en Saltillo, fue apareciendo en la misma medida y proporción el llamado “transporte de personal” en la ciudad.
Así sacrificaron rutas y unidades en detrimento de la movilidad urbana, sin embargo el negocio de particulares no decayó; por el contrario, transmutó y se multiplicó.
Antes de la pandemia existía un registro de 606 unidades en circulación, de por sí pocas, distribuidas en 46 recorridos (sin contar los intermunicipales) de acuerdo con las bitácoras de ruta del Instituto Municipal del Transporte de Saltillo.
Luego quebraron presuntamente ocho concesiones en la etapa de confinamiento sanitario, algunas de las cuales volvieron a las calles con la reactivación económica, y otras más redujeron su frecuencia, aumentando considerablemente los horarios de espera para los usuarios.
El caso es que hoy circula un número que fluctúa entre 300 y 380 camiones al día para dar servicio a una región que supera el millón de habitantes. Desde luego no todos son sus clientes potenciales, no obstante, en la dimensión está el problema.
El transporte de personal, en cambio, vive una situación diametralmente distinta. Actualmente hay 2 mil 374 unidades que circulan en Saltillo, según datos de la subsecretaría de Infraestructura de Transporte y Movilidad.
Y aquí sucede un fenómeno interesante: durante 2020, en plena contingencia sanitaria, se dieron de alta 337 y otras 272 en 2021. En los primeros tres meses de 2022 se han incorporado 62 más. Dicho de otra manera: la “nueva normalidad” no afectó su economía, sino sirvió de coartada. A lo anterior hay que agregar 346 aprobadas en 2017, 240 en 2018 y 422 en 2019.
En resumen, 70% del transporte de personal que circula por Saltillo lo hace mediante permisos aprobados en los últimos cinco años: de 2017 a la fecha, periodo en que, coincidentemente, comenzó la debacle del transporte colectivo de pasajeros (la iniciativa del Saltibús, emprendida en la gestión 2010-2013 y que había sido lo más disruptivo de los últimos 20 años, fue frenada y desestimada por la Administración 2014-2017; a partir de ahí, entre otras causas materia de un posterior análisis, vino el declive de la movilidad urbana).
El punto es que sirven a empresas y no resuelven el problema de fondo (reducir la cantidad de desplazamientos en vehículos privados, por tanto el tráfico y los embotellamientos a horas pico). Se ocupan para trasladar exclusivamente trabajadores de su centro laboral a puntos cercanos al domicilio, y viceversa. El resto de viajes bien pueden ocurrir, como de hecho sucede, en coche propio. Pero es un asunto de utilidades, naturalmente. De rentabilidad inducida. La mesa está inclinada a su favor por la mano invisible del mercado.
Me explico. Así como en la década de los noventas esa misma mano invisible orientó el desarrollo urbano de Saltillo hacia el norte, una zona antinatural por sus características geográficas, ahora, con conocimiento de causa o sin él, sopesando las consecuencias o no, está destruyendo el transporte público en aras de obtener dividendos con el transporte de personal.
El tema presenta casualidades que pueden en realidad no serlo. Cito un ejemplo: al tiempo que desapareció la Ruta 10 que comunica Lomas de Lourdes, al sur de la ciudad, el sector se llenó de rutas industriales. ¿Acaso para evitar enfrentamientos entre choferes la extinguieron deliberadamente?
Acciones así, en el fondo, significan priorizar y facilitar el desplazamiento de los privados por encima de los colectivos.
Y quién es quién en el negocio, se preguntará usted. Entre 66 personas físicas y 38 morales el principal jugador local es DM Control, de la familia Musa Pader, con 410 permisos para transporte de personal; uno de cada 6 camiones que circulan por la ciudad, para contextualizar.
Luego se ubican los poblanos de Settepi, con 231, las empresas F.E.D., domiciliada en Arteaga, e IBSOM de Laura Rocío Ibarra Somera, con 212 cada una, Grupo Senda, de Monterrey, con 171, y LIPU, de Nayarit, con 116.
Existen, a su vez, múltiples casos de razones sociales que, inmediatamente después de creadas, generalmente entre 2018 y 2020, obtienen permisos para transporte de personal. Un caso particular es Operaciones de Logística y Transporte FJ, S.A. de C.V., la cual pertenece por partes iguales a Jorge Enrique Rodríguez de la Garza y Fernando Alberto Yates Cordova, de 27 y 26 años respectivamente, y pese a crearse el 11 de junio de 2019, en la Notaría 119 de Saltillo, ya había obtenido seis premisos bajo ese nombre antes de esa fecha.
De igual forma Lain Transportation, S.A. de C.V., sociedad mercantil constituida en Saltillo el 14 de agosto de 2018 pero con domicilio fiscal en Monterrey, Nuevo León, quien ha obtenido sus 139 permisos de 2019 a 2022. Sus socios son los hermanos Luis Fernando y Aaron Hosai, de apellidos Torres Estrada, de 33 y 32 años. Por separado el primero de ellos, Luis Fernando, también es permisionario y posee otros 66.
Cortita y al pie
Y aquí es pertinente abrir un paréntesis para cuestionar una dicotomía, al estilo del huevo y la gallina: qué fue primero, el saltillense que no se quiere subir al camión por prejuicios personales y de autoestima, o el camión disfuncional que no reúne las condiciones mínimas y dignas para que un saltillense suba a él. El tema conduce siempre a un debate circular e interminable.
Para nadie es un secreto que al automóvil en Saltillo se le concibe como símbolo de estatus económico y social. Antes que medio de transporte, es representación y extensión de la personalidad en la sociedad donde se desenvuelve su propietario.
Su importancia es tal que las calles se planean en torno a él, no a los peatones ni ciclistas ni motociclistas, y las construcciones, públicas, privadas o comerciales, priorizan el estacionamiento por encima de otros elementos estructurales.
La última y nos vamos
Por lo demás, hay 2 mil 374 unidades activas para transporte de personal, contra un número que fluctúa entre las 300 y 380 de transporte público de pasajeros al día. Es decir, siete a uno, en promedio.
Sí, es verdad: atienden a sectores diferentes. Aunque saltillenses y visitantes sin automóvil propio, quienes ante los ojos de la mano invisible son improductivos por no trabajar en la industria, han sido dejados a su suerte, condenados a moverse como parias en una ciudad saturada de coches, sin otra opción que subirse a uno (o uno por integrante familiar, incluso dos por cabeza) y seguir congestionando las vialidades.
Hasta que no haya lugar para nadie.
@luiscarlosplata
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