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El niño del ‘confeti mágico’

  Por Siboney Alvarado

Publicado el martes, 8 de abril del 2014 a las 14:00


Su vitalidad e infantil risa, enmarcan el fondo de una conversación que quizá en su inocencia no alcanza a comprender…

Piedras Negras, Coah.- Su vitalidad e infantil risa, enmarcan el fondo de una conversación que quizá en su inocencia no alcanza a comprender.

El 28 de marzo, Ángel Emmanuel Lucio Soto, cumplió cinco años de edad y en mayo próximo, llegará al primer año de su tratamiento de quimioterapia: Padece leucemia.

Con un empleo estable y derecho al Seguro Aocial, Adrián Lucio García, padre del pequeño, debería no tener preocupaciones, sin embargo el desgaste físico y económico, por la enfermedad de su hijo, lo ha llevado a enfrentar junto a su esposa Mariel Soto Hernández, un desafiante escenario.

Ángel, lejos está de entender la palabra “leucemia”, cuando se refiere a su estado de salud, dice: “Tengo quimio”.

Once meses ha viajado a Monterrey, en donde es atendido, tiempo en el que ha visto y dejado de ver a niños que como él; están enfermos, o tienen cáncer.

Para Adrián y Mariel, de 30 y 26 años de edad, aceptar la enfermedad de su hijo, ha sido la parte difícil de un proceso que nunca imaginaron pasar.

“Aceptar que tiene la enfermedad es lo más difícil, muchos dicen que tu vida va a cambiar y cambia en algunos aspectos, pero hemos tratado de vivir nuestra vida normal, él nos ha ayudado mucho es un niño muy entusiasta; la gente que lo ha conocido se queda sorprendida”.

Todo comenzó después de recurrentes cuadros de gripe que obligaban a los padres de Ángel a llevarlo continuamente a la consulta médica, su continúa exposición a antihistamínicos y antibióticos, para atender males gripales y de la garganta, lo llevaron a perder apetencia por la comida.

Su pérdida de peso y ánimos de jugar, alarmó a los padres de Ángel, que por recomendación de un familiar le realizaron análisis clínicos, que al ser interpretados sugirieron una anemia muy fuerte.

“Nos mandaron al Seguro Social, necesitaba una transfusión urgente”. Ahí lo atendieron y pre-diagnosticaron, su traslado a la clínica 25 del Seguro Social en Monterrey fue inminente, la sospecha de cáncer o leucemia, se afianzaba.
El 17 de mayo de 2013, dos días después de llegar a Monterrey, Ángel, que por aquel tiempo tenía cuatro años de edad recién cumplidos, se enfrentaba a su primer quimioterapia.

Dos días antes, especialistas del hospital, le habían hecho una aspirado de médula ósea, estaba a dolorido.

“El 16 de mayo diagnosticaron al niño con leucemia, recibir la noticia fue muy fuerte, estuvo internado 18 días.

No hubo explicación, una doctora dijo que si la esperábamos, ellos cómo médicos no la tenían”.

Hay factores que pueden influir para que una persona desarrollo leucemia, como vivir cerca de líneas eléctricas de alta tensión, haber estado la madre expuesta a radiación durante el embarazo, antecedentes familiares; nada fue determinante para los padres de Ángel, para quienes la incógnita sigue.

“No hay una explicación por la que la ciencia te diga la causa de la leucemia, nada más le tocó y hay que sacarlo adelante”, fue la frase que marcaría a partir de ese momento, la vida de Adrián y Mariel.

De esa fecha, hasta ahora, Ángel, se enfrentaría a continuos tratamientos de quimioterapia, que inició de forma semanal, después quincenal y actualmente de manera mensual.

“Ha respondido muy bien, lo más difícil para él, fue cuando empezó a perder el cabello, pero como se le cayó por partes, decidimos raparlo; creímos que se le iba a hacer difícil y le iba a dar vergüenza ir al kinder, pero lo enfrentó muy bien; hizo que su papá también se rapara”.

El niño
del Con-Fe-en-ti

La determinación de Ángel, que ha enfrentado su padecimiento con vigoroso entusiasmo, no es casualidad, para sus padres, la clave ha sido Javier Lara “Confeti”.

Se trata de una persona que llamó la atención de Ángel, desde el primer momento que lo vio, cuando vestido de Arlequín, visitó a un otro niño que como él estaba internado en la Clínica 25 del IMSS y que durante su estancia no había querido recibir a nadie.

“Hay muchas personas, que hacen una labor muy bonita de visitar a los niños, les cuentan cuentos, les llevan libros de colorear y hacen lo posible por ofrecerles una buena calidad de vida para que no se pongan tristes, Javier Lara Confeti, es uno de ellos”.

“Cuando Ángel lo vio, por primera me dijo puedes hablarle a ese señor, mi esposa salió y lo hizo, Ángel estaba aislado no se podía entrar a su área sin cubreboca y bata, Javier nos preguntó que porqué estábamos ahí, le platicamos la historia, cuando Ángel, escuchó nos interrumpió y dijo: No tengo nada no se porqué estoy aquí, ya me quiero ir a mi casita”.

Javier Lara, participa en forma activa con una asociación de personas invidentes en Monterrey, que lo apoyan a llenar lo que denominan bolsas de “confeti mágico”, haciendo oración, que después son repartidas a niños enfermos, con una misión: Generar esperanza y fortaleza, en ellos y familias.

Ser sometido a rigurosos estudios clínicos, canalizado en múltiples ocasiones, ya no representó para Ángel un desespero, como al inicio de su tratamiento que en reproche, preguntaba a sus padres si acaso no lo querían, porque permitían que lo picaran.

“Después de conocer a Javier Lara, cada vez que le hacían un estudio, apretaba la bolsita de Confeti, y pese al dolor y sin poder contener las lágrimas, él mismo se decía nada me duele”.

Con el paso de los días, Ángel se ha ganado el mote del “niño del Con-Fe-en-ti mágico”; para consuelo de otros niños que como él, enfrentan una enfermedad, les empezó a compartir confeti.

“Es Con-fe-en-ti sirve para que no te sientas solo”, también ayuda a enfrentar el miedo y dolor, expresa con voz infantil y remata con lo que él llama la confetiseñal.

Mientras muchas personas esperan ver a Ángel en cama, sin cabello y sin ánimos de jugar, es todo lo contrario; esto ha llevado a sus padres a enfrentarse a la duda de otras personas.

“Hasta ahora ha respondido muy bien al tratamiento, a veces cuando le dan quimio se nos apachurra, porque le duele o se la quiera pasar solo acostado del mismo cansancio, pero en general se ve como un niño normal, con mucha energía”.

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