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Publicado el jueves, 25 de julio del 2013 a las 14:00
Saltillo.- En sus andanzas por el barrio, así nacieron los primeros exponentes de la luche libre en Saltillo a mediados del siglo pasado, cuando jóvenes hacían travesuras con los amigos de la cuadra hasta el día en que conocieron un gimnasio con una comunidad de atletas enmascarados.
La primera época de gloria para el deporte del costalazo en Saltillo, ocurrió tiempo atrás en el antiguo barrio Ojo de Agua, reconocido por cobijar a un grupo de muchachos que motivaron su fama como semillero de míticos luchadores y conservan en auge la tradición popular.
Hombres comunes, sin medir riesgos, ejecutaron proezas “como las viste en televisión”, con técnica excelsa, para asistir otro día al trabajo pese a dolores del cuerpo, lesiones o cabezas peladas. Así, gracias a ellos, los cuadriláteros no se volvieron tarimas de baile o anaqueles.
Las figuras de antaño se cuentan con los dedos porque promocionaron su etapa en el esplendor de sus facultades y algunos siguen vigentes como ídolos del Ojo de Agua. Zorro Plateado, Trébol blanco, Cavernario Uribe, El Califa García, El Rebelde, Relámpago Sam, Halcón Morales, Ave de Fuego, Pantera Negra, Lobo Yaqui, Imperio Rojo, Benny Cordero y El Pingüino fueron algunos.
La mayoría inició en el Deportivo Madero y brincó al Deportivo Otilio “Zurdo” Galván, entre otros escenarios de casa como la Obreros del Progreso, para consolidarse en su patria chica. Uno que pasó de la lucha libre a los banquetes, fue el empresario Martín “Copetes” Palomo. El luchador retirado conserva en la pared de la casa su única máscara ganada. Se la quitó a su compadre, Trébol blanco.
“El Copetes”, Imperio Rojo y el periodista Nicanor Aguirre tienen su sitio en la historia local no sólo por su trabajo como gladiadores, sino también por proyectar talento en el ‘Zurdo’ Galván.
Su retiro llegó temprano, a los 20 años como profesional. Abandonó su personaje cuando El Olímpico murió en un accidente a causa del alcohol. “Se estrellaron y se mató El Olímpico. De ahí para adelante, yo renuncié a todo”, manifestó.
La antigua arena ofreció peleas de exhibición con ex campeones del mundo como los boxeadores “Pipino” Cuevas, Rodolfo Martínez y “El Púas” Olivares. Ídolos como Canek y Villano III engalanaron sus carteleras.
A su disposición, había cerca de cien elementos. Los enmascarados eran solidarios con las causas nobles para ayudar escuelas o levantar templos, y se rotaban en las arenas chicas sin el celo de hoy.
“Hicimos muchas cosas; abrimos muchos caminos. Dimos la mano a mucha gente”, afirmó. “Nos pagaban con una caja de cocas de vidrio y una caja chiquita de lonches”. “Este barrio es de las arenas de lucha libre, es un clásico. Existió el Deportivo Madero y el Deportivo Ojo de Agua. Aquí nací en este barrio y siempre tuve la ilusión de ser luchador”, dijo.
Cordero Gómez provocó la alegría del público infantil, gozó de mucha fama en la región norte de México y se dio el lujo de vivir del azotón junto a su familia, cuando la televisión no transmitía las funciones. Su chamba consistía en ser exclusivo del ring.
La respuesta del público fue imborrable para él desde 1995 y durante cinco años más. “Es darle una alegría a los niños por cumplirles su fantasía al estar con el personaje. Los ven en la tele y luego en carne y hueso. Tú te sientes grande”, explicó.
ROCKY MACÍAS “Esto lo inicié como plan de cotorreo con los compas de barrio. El que más me enseñó fue el Bronco Rosales. De esa época, quedamos pocos. Ahí con la raza empecé y me gustó”, relató el barbaján conocido en sus inicios como Break Heart en 1978.
Para él, encarnar la parte malvada del pancracio es todo un arte y se requiere de un alter ego: “El rudo tiene que ser fuerte, de carácter seco, para que le llames a la gente. Si no te abuchea, no te dice groserías, no eres un buen rudo, así tengas buen físico. Pero, sobre todo, más si no se tiene el don del otro yo para transformarse en el ring”.
PANTERA NEGRA Tras su debut durante 1973 en la Arena del Ojo de Agua, sus manos, más exactas que sus desarmadores, armaron una nueva dinastía. Así pagó con creces a su padre liderando como el rufián tormentoso al clan Ramírez, una familia de luchadores.
Sus hermanos, Pantera Negra II y Zorro Galáctico, combatieron junto a él, también sus sobrinos Zorro Galáctico Jr., Lince de Oro y Tormento Negro. Además, fue entrenador de muchos otros. Sombra Lagunera, Argos, Águila del Norte, Apolo Ibarra, Conde Azul, Navegante y Gavilán Negro son algunos discípulos.
“Me encuentro a mis alumnos de antaño y me ven como si fuera otra cosa. El Pantera Negra no tiene derecho a enfermarse”, dijo. “Me dicen que me van a mandar a su hijo o sobrino. Piensan que soy eterno”.
RELÁMPAGO SAM
Recordado como un mito que va de boca en boca, así persiste en la memoria de la afición uno de los gladiadores más espectaculares de Saltillo. No fue llamarada de petate, brilló con la fuerza del rayo. Era Santos Torres, alias Relámpago Sam.
Hoy la identidad de un veterano parece un misterio inescrutable. Pese a varias desilusiones, el más famoso de los cuatro hermanos luchadores, surgió de la penumbra. Sam atendía su pequeño comercio de abarrotes en lo profundo de la colonia Güayulera.
“Yo empecé desde que estuve en las botanas hasta llegar a ser Campeón Welter de Saltillo”, refirió sobre su corto ciclo de éxito. Debido a sus movimientos, audacia y arrojo, se le consideró uno de los más electrizantes gladiadores, aunque duró poco en activo.
“Por los entrenamientos y seguridad que adquieres en el ring, todo eso te provoca hacer cosas diferentes”, subrayó. “Siempre me gustó ser más aventado que la demás gente”. La Sombra y El Rebelde abrieron camino en los 60’s para sus dos hermanos menores, Benny Torres y el llamado Relámpago Cubano en un inicio. Inspirado en el destello zigzagueante procedente del cielo nocturno, un joven saltillense con problemas de adicción se salvó del alcohol y las drogas al incursionar en la lucha libre. Pese a los desafíos y pruebas tanto de la vida como del enlonado, el gladiador aéreo alcanzó el firmamento de los favoritos del público y no quiere bajarse de su nube, aunque abandonó las filas de la caravana estelar de Triple A y ahora pertenece al círculo de Los Independientes.
“Yo tuve un fondo de sufrimiento muy crítico, desgraciadamente a mi corta edad. Entre los 14 y 21 años eché a perder mi tiempo en la vida, no lo aproveché, no estudié ni nada. Fue una vida desviada”, confesó quien ganara la Copa Higher Power en 2012 del Grupo Internacional Revolución de Lucha libre (IWRG, por sus siglas en inglés).
Nunca fue tarde para admitir su error y comenzar otra vez. Pero aunque intentó abandonar su dependencia a esas sustancias, reincidía constantemente.
“En mi caso, estuve en un grupo de rehabilitación por dos años por mi propia voluntad. Aprendí mucho con literatura muy padre donde manejamos doce pasos. Cuando salí, lo hice recuperado”, relató. “Me ayudó bastante, pero me faltaba algo más porque me desviaba, seguía mal”.
La motivación aparecería al doble más tarde, luego de tener a su hijo en brazos y una pasión innata por echar maromas.
“Después conocí a la mamá de mi hijo y comencé una mentalidad diferente para tomar la vida. Entonces, ahí descubrí la lucha libre y fue un buen paso para salir adelante y ser una persona deportista, sana, sin vicios ni drogas”, reveló.
‘COPETES’ PALOMO
BENNY CORDERO
Benito Cordero creció hipnotizado por el hechizo del pancracio y los equipos vistosos de sus protagonistas. Soñaba vivir la experiencia y entrenó para lograrlo en el Ojo de Agua, pero hasta los 32 años de edad alcanzaría uno de sus máximos anhelos.
Es uno de los hijos pródigos del Ojo de Agua. Aún cuando sus facultades no son tan brillantes como en el pasado, continúa sus asaltos al ring sin fatiga ni hartazgo. Con 34 años de experiencia, las burlas respecto a su edad son gajes del oficio, pero se resiste a dejar el ring.
“Yo me sentía incómodo con mi papá porque pensé que le había fallado”, reveló el relojero de oficio y luchador profesional. Durante su infancia, rompió la tradición familiar de practicar el pugilismo, se escapaba del gimnasio de box cuando su papá lo llevaba a entrenar, y no se calzó a gusto los guantes mientras soñaba con probar suerte bajo una máscara.
DEL BARRIO A LA FAMA
RELÁMPAGO
Hace nueve años decidió encarnar a Relámpago, cuya fuerza de voluntad lo llevó de las calles al ring, y hoy brilla con luz propia a nivel nacional.
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