Coahuila
Hace 8 meses
Mientras haya voceadores, la verdad y la palabra seguirán vivas.
El voceador forma parte del último eslabón de la cadena que produce un periódico, una revista o cualquier documento impreso, aunque para otros es el primer eslabón.
Se cumplieron este fin de semana 75 años de la Unión de Voceadores de Periódicos y Revistas de Saltillo, creada por entre otros personajes de este oficio, Antonio Martínez, Clemente Zapata y Enrique Hinojosa, ocupantes de los tres principales cargos en la respectiva escala de importancia de la organización pionera, que sirvió de pie para la creación de la Unión Nacional del gremio que cuenta con 54 delegaciones en el país.
Para mí fue alto honor poder estar en esta ceremonia, porque a lo largo de más de 65 años de comunicador he estado muy cerca de los llamados voceadores, ahora convertidos en pequeños empresarios. He conocido la limpieza de su trabajo y su entrega apasionada en la comunicación, con honestidad y dedicación.
Reconozco la labor de quienes, durante décadas, han llevado la prensa impresa a manos del pueblo, a través de calles, esquinas, mercados y avenidas. Niños, adolescentes, hombres y mujeres que vocean los titulares del día, convirtiéndose en puentes vivos entre la información y la sociedad.
El voceador no sólo vende periódicos, o revistas, es parte del paisaje urbano y de la memoria cotidiana de generaciones enteras. Su grito matutino marca el inicio del día, y su andar por la ciudad hace posible que las noticias lleguen incluso a los rincones muy apartados.
En una época sin redes sociales ni notificaciones instantáneas, el voceador era el medio más inmediato, confiable y humano de acceso a la información.
En tiempos de guerra, elecciones, terremotos, triunfos deportivos o escándalos políticos, era su voz la que informaba primero.
Hoy, con la transformación digital, muchos voceadores han desaparecido o se han reinventado. Sin embargo, su legado perdura y esta fecha sirve para honrar su esfuerzo, resistencia y dignidad laboral.
No hace muchos ayeres todavía había pregoneros en la ciudad, llamados igualmente voceadores, niños, adolescentes y adultos que se ganaban algo para llevar al hogar mediante la venta de periódicos o revistas, cuando, a pesar de todo, hay que reconocer que los saltillenses leíamos más que ahora.
Esto me remonta a los primeros periódicos que tuvo la ciudad en la era moderna, o en el tiempo que me ha tocado vivir: El Heraldo del Norte y El Diario de Coahuila, matutinos pequeños con no más de ocho paginas y a veces seis con la denominada “tripa”, o sea, una página suelta en medio del periódico.
Clemente Zapata García, Enrique Hinojosa y Antonio Martínez “La Bola”, tal vez sin proponérselo se convirtieron en pequeños empresarios al dar ocupación a decenas de chamacos, adolescentes y adultos que voceaba por la ciudad ese periódico de la época, incluyendo los foráneos como el Esto, el primer periódico deportivo de México o los capitalinos Excelsior, Novedades y otros o los periódicos estatales o regionales, La Opinión de Torreón o el Norte de Monterrey, por citar algunos; todos se vendían, había muy poca merma.
Cada uno, Zapata y Martínez, tenían sus puestos de periódicos, donde además vendían las revistas o cómics que se imprimían en la capital de la República y que eran acaparadas por los saltillenses. El puesto de Clemente Zapata se ubica aún en Padre Flores y Aldama, es atendido por uno de sus hijos, Olimpo Zapata Sifuentes. El de” La Bola” sigue operando en Aldama y Victoria, atendido por algunos de sus descendientes. Ambos con más de 75 años de existencia.
Fueron los propagadores de las noticias, gritaban como bocinas estridentes para atraer a los lectores ávidos de información sobre crímenes pasionales, asaltos, suicidios, asesinatos, espectáculos, deportes, desastres naturales, guerras, revoluciones, política y nuevos gobiernos.
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