Cada año nuevo vuelve la misma idea: empezar desde cero, como si el calendario tuviera la capacidad de borrar lo anterior y darnos una hoja en blanco. Como si todo lo vivido antes del 31 de diciembre dejara de contar. La vida no funciona así; nadie empieza desde cero, empezamos desde lo que somos y desde lo que cargamos.
Esa idea de comenzar “desde cero” suele ser más una fantasía que una posibilidad real. No llegamos al año nuevo limpios, llegamos con procesos en curso, con decisiones a medias, con recientes aprendizajes, con cansancio acumulado, muchas veces con dudas, que todavía no se acomodan y aún así, seguimos.
Los procesos casi nunca son bonitos. No tienen ritmo perfecto ni avances lineales. A veces parecen estancados, otras veces retroceden. Hay días en los que no sabes si estás avanzando o sólo resistiendo. Pero eso también es parte del proceso de la vida, aunque no se diga tanto.
Nos gusta hablar de resultados, porque son fáciles de explicar. Metas cumplidas, logros visibles, cambios claros. Lo que no se suele contar es todo lo que pasa en medio. La constancia que se pone cuando no hay motivación, la disciplina silenciosa, las veces que pensaste en soltar y aun así te quedaste.
El problema del año nuevo no es querer cambiar, es querer hacerlo todo rápido. Queremos procesos cortos, claros y sin tropiezos. Pero casi nada importante se construye así. Los procesos reales toman tiempo, incomodan y muchas veces, no tienen manual.
Empezar desde cero implicaría olvidar lo aprendido y eso no siempre conviene. Lo vivido –lo bueno y lo difícil– también forma parte del punto de partida. Los errores no son un estorbo para el proceso, son parte de él.
Pretender lo contrario solo genera frustración. Hay procesos que no se notan por fuera. No cambian tu rutina de inmediato ni producen resultados visibles. Son procesos internos. Cambios de criterio, de límites, de prioridades. Decisiones que no se anuncian, pero que con el tiempo transforman la manera en la que te mueves por la vida.
Enero suele exigir definiciones, ¿qué vas a hacer este año? ¿cuál es tu plan? ¿a dónde vas? Pero no todos los procesos comienzan con respuestas. Algunos comienzan con una pregunta honesta o con la aceptación de que todavía no sabes, y eso también está bien.
Hay momentos en los que el proceso no es avanzar, sino sostener. Mantenerte, no rendirte. No volver a lugares que ya sabes que no te hacen bien. Aunque por fuera parezca que no estás haciendo nada, por dentro estás construyendo algo distinto.
Tal vez este año no se trate de empezar desde cero, sino de empezar con más paciencia. De entender que no todo se resuelve en un mes ni en una lista de propósitos. De aceptar que los procesos largos también valen, aunque no se vean espectaculares.
Empezar algo nuevo no siempre implica cambiar de rumbo. A veces implica quedarte, pero hacerlo distinto. Con más conciencia, con menos prisa, con menos necesidad de demostrar.
El año nuevo no cancela los procesos en curso, los continúa y eso no es una desventaja, es una oportunidad. La oportunidad de seguir construyendo con lo que ya aprendiste, sin negar lo vivido.
Quizá la pregunta no sea si vas a empezar desde cero, sino desde dónde vas a empezar esta vez. Con qué expectativas, con qué ritmo, con qué nivel de honestidad contigo mismo. Porque nadie empieza desde cero, pero todos, en algún punto podemos empezar mejor.
Más sobre esta sección Más en Coahuila