Clasificados
Por
Maricela Jiménez
Publicado el sábado, 26 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- El recientemente rehabilitado callejón de Miraflores, en el Barrio Santa Anita, alberga decenas de años de historias; pero la mayoría de ellas parecen girar en torno a un afamado salón de baile de los años veinte, el Copacabana.
Cuando las casas aún eran de adobe y el callejón no tenía banqueta, mucho menos pavimento, este salón de baile se estableció allá por el año 1927, en la acera poniente, entre Pípila y Escobedo, y según se decía era frecuentado por hombres jóvenes y de posición adinerada.
Aunque algunos vecinos del lugar aseguran que siempre fue un lugar discreto –pues la música no se escuchaba al exterior–, otros relatan que se veían lujosos automóviles estacionados afuera, de los cuales descendían desde altos funcionarios de Gobierno hasta jerarcas de la Iglesia católica.
“Venía gente de mucho dinero, cuando en ese entonces era raro ver un carro. Había otro salón (de baile) en la (calle) de Mina, pero ése no era tan elegante”, recuerda una habitante del callejón.
El salón de baile pertenecía a “Doña Concha”, quien también se volvió famosa, pues ahí se practicaba el danzón y el tango, además era atendido por hermosas mujeres. Una de ellas, de nombre Silvia, era la más destacada gracias a su cadencioso ritmo.
SONIDOS ATRAPADOS
Antonio Ávalos, comerciante que habita en el callejón desde hace más de 60 años, recuerda cómo en las horas del mediodía las damas que atendían el lugar se sentaban afuera del salón de baile y pedían a los pequeños que jugaban alrededor que les trajeran algunos abarrotes de la tienda del barrio.
El sitio funcionó hasta los años 50; pero después de cerrado hay quien dice que la música seguía escuchándose, tal vez como una repetición de aquellos sonidos atrapados por el tiempo, después de tantos años de haber hecho bailar a innumerables personas.
Después de pasar por varios propietarios –todos los cuales buscaron tesoros sin encontrarlos–, por los años 60 la finca fue comprada por el señor Manuel Alvarado, quien hizo remodelaciones a la propiedad, una de las cuales incluyó la remoción de una fuente y escultura, bajo las cuales sorpresivamente encontraron una gran cantidad de centenarios de oro.
“La quitó (la fuente) porque le estorbaba, quería estar más amplio en el patio; pero después de ahí compró la casa de enfrente, una acá a la vuelta, y se fue a vivir allá a la Latino. Le fue bien, encontró puro centenario”, relata Don Antonio.
Las bailarinas, los elegantes visitantes, los ruidos, murmullos y música de danzón ahora viven sólo en el recuerdo de los habitantes, quienes ya no guardan esperanzas de encontrar más tesoros.
en breve
Actualmente, el callejón abarca dos cuadras solamente.
En fechas recientes fue remodelado, con rehabilitación de fachadas y piso adoquinado.
El edificio que fuera el salón de baile Copacabana sigue ahí.
Más sobre esta sección Más en Clasificados