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Agencias
Publicado el domingo, 27 de marzo del 2016 a las 01:21
El Sol de México | Ciudad de México.- A la hora señalada, las seis y media de la tarde de hoy, Donald Trump, “el loco ese que quiere construir una pared” será reventado como “judas”, pero antes de morir estruendosamente, se dará el gusto de corretear a los migrantes mexicanos en forma de una “mojiganga”.
Ayer, el maestro Felipe Linares, artesano que tiene su taller a espaldas del Mercado de Sonora, daba los últimos toques a la figura del precandidato presidencial estadunidense, quien ya tenía encima los cohetes con los que sería tronado hoy.
Pincel en diestra, el maestro pintó una línea negra fina sobre una de las solapas del saco azul del empresario y político, y respondió que lo más laborioso de la figura fue hacer la cara del monigote, pues hay que perfilar los rasgos lo más parecido posible al personaje en cuestión.
Son cerca de las diez de la mañana, en la azotea de su taller el sol aceleraba el secado de la pintura de la figura, la cual ya tenía sobre su cabeza los cuetes para hacerlo estallar, mientras que su cuerpo, de más de dos metros de altura, estaba cruzado por cuerdas con artefactos explosivos, como chifladores y tronadores, mientras que sus patas estaban asentadas sobre una rejilla con ocho “volteadores”.
La idea de elaborar el muñeco fue del maestro Felipe Linares, quien empezó a trabajarla desde principio de semana, para lo cual, requirió al menos tres kilos de papel periódico, otro tanto de papel “kraft” y como medio litro de pintura azul, a fin de colorear el traje del Trump.
El costo de elaborar un “Judas” así, es de por lo menos tres mil 500 pesos y él no lo pondrá a la venta, sino que lo donará a los vecinos de su colonia para ser reventado hoy sobre la calle Oriente 30, atrás del Mercado de Sonora.
También, hoy Sábado de Gloria, serán quemados la efigie enorme de un diablo, pintado de morado y verde, en cuyo vientre luce la figura de un jaguar, un “judas” vestido con el uniforme negro de la selección mexicana de fútbol, y el personaje de una villana de la historieta de “Batman”.
El maestro Felipe Linares asegura que ya son tres generaciones de su familia que se dedican al difícil arte de la cartonería y en su casa y taller se ven por donde quiera figuras de calaveras, piñatas y judas. Ahí, también enseña una “mojiganga” con la figura de Trump, la cual se coloca uno de sus hijos mientras informa que antes el precandidato presidencial del Partido Republicano correrá tras los vecinos, así como él quiere perseguir a los migrantes mexicanos.
Otros Judas
Al igual que el precandidato presidencial de la Unión Americana, otros políticos y personajes odiados del momento no se salvarán de ser reventados, literalmente, como “Judas”, a pesar de que la tradición se va a pique en la Ciudad de México.
Una muestra de ello es que afuera del Mercado de Sonora, sobre la avenida Fray Servando Teresa de Mier, sobreviven cuatro o cinco puestos donde se venden esas figuras de cartón, en forma de diablo, con grandes cuernos, pelos en la cara y sus patas, son como las que tienen los machos cabríos; pintadas de color rojo oscuro y dibujos negros sobre sus cuerpos horripilantes.
Sin embargo, sus creadores, de acuerdo con la tradición, también venden efigies de los personajes más odiados del momento, como Joaquín “El Chapo” Guzmán, “El Peje”, la maestra Elba Esther Gordillo y Marcelo Ebrard. Una de las vendedoras pregunta ¿quiere una figura de “El Chapo”? llévese esa, recomienda, mientras señaló la figura de “Satán” y afirmó “ese que se escapó es un verdadero demonio”.
Y es que asegura Lizbeth López Barón, una de las artesanas que mantiene viva la tradición, hacer las figuras de los políticos y personajes más odiados cuestan más trabajo que hacer los diablos, porque prácticamente hay que dibujar los rasgos y sean los más parecido a ellos.
Por ejemplo, en el caso del “innombrable”, otro de los Judas más demandados, aparece con un traje perfectamente pintado de café, su calva y bigotes característicos y en sus manos tiene billetes de 500 pesos.
En medio de los judas de todos tamaños resalta “El Peje” con su traje negro, muy al estilo juarista, cabello blanco y gesto adusto bien dibujado y claro, sus patas de diablo.
La artesana lamentó que la tradición se muera lentamente y asegura que eso se debe a dos cuestiones fundamentales, la más importante es que las nuevas generaciones no saben para qué sirven, lo cual quedó demostrado en el momento en que se acercó una pareja de jóvenes a preguntarle a Lizbeth para que servían “los diablos”.
Mientras sigue la entrevista, les informa a sus compradores que a los “Judas”, el Sábado de Gloria, se les atan cuetes a sus cuerpos, así, como si fueran terroristas, se les prende fuego y todos a correr en medio de un gran estruendo.
La tradición marca que ese día, los comerciantes reventaban así a los monigotes y además les ponían mercancía, la cual salía volando para regocijo de los vecinos de la calle.
La artesana dice que otro motivo por el que se pierde la tradición es que las autoridades han restringido la venta de fuegos pirotécnicos y ese es un elemento fundamental para reventar “como Judas el Sábado de Gloria”.
Fabricarlos, aseguró, es muy laborioso y prácticamente los empiezan desde muchos meses antes de la Semana Santa y si no hay sol se dificulta su elaboración, porque se tarda en secar la pintura con la que son coloreados los muñecos.
Asimismo, cuesta mucho su creación, pues hay que comprar el papel periódico para hacer su base, luego se forra con hojas de kraft y, posteriormente, se comienza a pintar de rojo, se le da forma a sus cuernotes, barbas picudas y finalmente son dibujados sus ojos diabólicos y los gestos de maldad. Hay que recordar, esta tradición nace en el México del virreinato, cuando los primeros evangelizadores quisieron ilustrar a los indígenas, que iban a catequizar, cómo el bien siempre se imponía al mal.
En este sentido, fabricaban figuras de diablo, algunas ocasiones los rellenaban con pólvora o les ataban cuetes, que luego prendían en medio de la felicidad de los espectadores.
Los precios de los “Judas”, en algunos casos, superan los mil pesos, como todos los demonios los hay de todos tamaños, lo mismo puede uno comprar “un pobre diablo”, que una figura de tres metros llenos de mensajes en contra de la delincuencia y la corrupción.
Finalmente, Lizbeth López Barrón, afirmó, orgullosa, que es la tercera generación de artesanos que preserva la tradición, pues estas creaciones vienen desde la generación de sus abuelos, pasando por sus padres y ahora recayendo en sus manos, todos ellos en el Mercado de Sonora.
En lo que se refiere al jefe del Cartel de Sinaloa, las pocas figuras que se montaron en los puestos prácticamente volaron, junto con su querida Kate del Castillo, a pesar de que sus precios llegan hasta los mil pesos.
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