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En pie de lucha: cadena de favores

  Por Ruta Libre

Publicado el martes, 26 de mayo del 2015 a las 00:56


Ciudadanos comunes en esta ciudad abanderan diversas causas, luego de haber sido marcados por sus propias experiencias de vida

Ciudadanos comunes en esta ciudad abanderan diversas causas, luego de haber sido marcados por sus propias experiencias de vida

Por Leticia Espinoza | Saltillo, Coahuila.-
Su experiencias de vida los motivan a trabajar por la sociedad, se trata de activistas que experimentaron la enfermedad o la discapacidad en su propia vida o con sus seres más queridos; el dolor que causa la desaparición forzada, la discriminación que sufren los chicos de las bandas o el drama de los centroamericanos en su paso por la ciudad los han convertido en defensores.

Ciudadanos comunes en esta ciudad abanderan causas, enseñan a las personas a volver a vivir cuando se ha perdido la vista y pugnan por mejores oportunidades para personas con discapacidad a través de asociaciones civiles.

La pandemia del cáncer en Coahuila, una de las principales causas de muerte, ha hecho que mujeres salgan a solidarizarse con las familias y las víctimas de este mal, crean lazos de apoyo para que no interrumpan sus tratamientos y tengan una esperanza de vida.

Otra generación que ha sido transformada hoy se dedica al rescate de adolescentes y jóvenes en los barrios, tocan puertas para que las autoridades crean en la persona que existe detrás de un cuerpo tatuado que viste pantalones holgados.

Y la tarea no para ahí, esta misma generación se ha propuesto salvar otros seres vivos, animales que sufren la crueldad del ser humano.

Crueldades que hoy se reflejan hacia los mismos seres humanos, en delitos como la desaparición forzada o la tortura, madres y profesionistas han sido movidas por el dolor, la indiferencia y la impunidad, convirtiéndose en defensores que a diario reman contracorriente.

Su enfermedad, retinosis pigmentaria, inició a los 15 años; antes de terminar la carrera de Ingeniería en Sistemas su problema se agudizó, ver el pizarrón o leer un libro se convirtieron en un martirio, hoy sólo conserva el 5% de su visión.

“Nosotros teníamos una baja visión, teníamos muchos problemas porque la gente cree que ves, y no ves, y la gente no cree que no veas, para conseguir trabajo, para estudiar se complica porque no puedes decir soy ciego, pero tampoco puedes decir que ves bien”, dice.

Cuenta que hace poco más de 10 años una persona que tenía una hija con retinosis pigmentaria convocó a gente que tenía el mismo problema, ella asistió junto con sus hermanos, quienes padecen la misma enfermedad, a partir de ahí empezaron a analizar qué podían hacer para ayudar.

Buscaban tener información sobre cómo iban los avances para curar la enfermedad, descubrieron que hasta la fecha no existe nada concreto que los pueda ayudar, no existe trasplante de retina, sólo investigaciones de chips a nivel de experimentación. Entonces pensaron que la ciencia no era el único camino, ni retinosis la única enfermedad que llevaba a perder la vista, así inició su activismo en Amever.

“Nos dimos cuenta de que no sólo había problemas de retinosis, sino muchos otros problemas como glaucoma, a causa de la diabetes, había muchas personas que tenían el mismo problema en un grado o en otro, gente con problemas visuales”, comenta.

A lo largo de 11 años Lumi ha evolucionado con su rehabilitación, confiesa que no usaba un bastón porque le daba pena aceptar ante los demás que no veía, ahora se desenvuelve sola en muchos lugares y lo más importante: enseña a usar el bastón a quien llega por primera vez a Amever.

“Como yo estudié sistemas computacionales,fue lo primero en que empecé a apoyar, dando clases de computación, empecé a manejar el sistema parlante, había que hacer un poquito de todo, ahorita son actividades de la vida diaria, enseñar a la gente a que vuelva a hacer todas las actividades cotidianas, la gente que pierde la vista tiene que aprender para no depender de los demás”, menciona.

Son más de 150 personas las que han pasado por la casa de Amever situada en la Zona Centro de Saltillo, algunas se han quedado porque es como su segunda casa. Lumi está casada y tiene dos hijos: “desde que nacieron saben mi problema, para ellos es algo cotidiano; creo que me ven como una mamá común o normal, ellos son unos adolescentes que me apoyan, por ejemplo cuando voy a un lugar que no conozco, que tengo que cruzar una avenida”.

Dice que perder la vista implica un proceso que inicia con el enojo y la negación, y se necesita el apoyo de la familia para salir de esa etapa: “la sobreprotección no ayuda, importa la actitud de salir adelante, pensar que aunque no vemos podemos aprender otra manera de hacer las cosas”.

Considera que a lo largo de 10 años la gente por fin conoce a la gente con problemas visuales, es más común que los saltillenses se topen con una persona con un bastón blanco en la calle porque antes ni si quiera sabían cómo actuar.

“Todavía tenemos problemas ya que al conseguir un trabajo lo obtienen como operarios. No es tan común que una empresa contrate a una persona con discapacidad visual en áreas administrativas. En infraestructura uno debe usar todas tus técnicas para el manejo del bastón para poder identificar todos los obstáculos que hay en la calle, poco a poco se nos ha tomado en cuenta, están los todos los cambios en el Centro Histórico y esperemos que sea para bien” afirma.

Lumi sueña con poder trabajar, nunca llegar a ser una carga para los demás, seguir picando piedra para que la gente los voltee a ver y seguir ayudando a personas que como ella posen un problema visual.

“Mi madre estuvo cerca de 11 años postrada en una cama a causa del cáncer, en el acompañamiento fue un vía crucis ir hasta Monterrey para que llevara su tratamiento. Veíamos que había mucha necesidad cuando estás fuera de la casa, aunque nosotros gracias Dios teníamos las posibilidades veía gente con situaciones muy difíciles”, relata.

Siempre tuvo la idea de hacer algo por aquellas personas que llegaban a Saltillo del interior del estado para atender su problema de cáncer con la finalidad de que no se interrumpiera su tratamiento.

Ella tenía cáncer de matriz, íbamos al ISSSTE de Especialidades, primero nos íbamos en la ambulancia pero mi madre llegaba bien cansada porque era esperar hasta que terminaban todos los pacientes, luego empezamos a ver la forma de ir aparte no sabíamos ni manejar, pero aprendimos”.

Su madre murió en el mes de febrero y para noviembre del mismo año ya estaban constituidas como Ayuda Rosa; iniciaron llevando cenas navideñas a los hospitales y posteriormente decidieron establecer un albergue.

En la casa ubicada en la colonia Jardines del Valle reciben a más de 10 personas cada semana, quienes llegan desde comunidades rurales para atenderse en el Hospital General y en el Hospital Universitario, les brindan hospedaje y alimentación a lo largo de su tratamiento.

En tres años Ayuda Rosa se ha fortalecido, consiguiendo medicamentos, logrando convenios para realizar estudios, recientemente inauguraron el taller de oncocostura para apoyar a mujeres sobrevivientes de cáncer y enrolarlas de nuevo a la vida económica.

“Estamos apoyando con productos oncoestéticos, brasieres, pañoletas, pintura de cabello especial, apoyamos en lo emocional tanto a ellas como a las familias. Tenemos un estudio que localiza en qué parte de tu cuerpo está situado el cáncer, esto en convenio con el Hospital de Oncología en México; todas la mujeres que necesiten el estudio se los hacemos con un costo bajo”, explica.

“Son mujeres que les ha costado mucho vivir, que por los hijos sobreviven; he aprendido mucho de ellas. Yo doy gracias a Dios que se acordó de mi madre, porque eran dolores muy fuertes, y cuando escuchas y ves sufrir a alguien que amas tanto, te duele en el alma; bendito Dios mi madre ya está descansando y si ella está viéndome está muy orgullosa de esto, porque ella decía pobre gente”, dice.

Los días de María Teresa inician temprano, procura caminar, dejar ordenada su casa, con los alimentos preparados por si tiene algún imprevisto, sin embargo, se fija como objetivo llegar en punto de las 2 de la tarde para compartir la comida con sus hijos y su esposo, y al dar las 4 pueda estar de regreso en el albergue.

“Siempre andamos en busca de algo, tenemos enfermas terminales que estamos pendientes de ellas tanto en sus casas como en hospitales, para ver que requieren; pedimos mucho Ensure porque a ellas no les cae nada, conseguimos pañales, toallitas húmedas, papel sanitario”, cuenta.

Dice que sus hijos la ven entrar y salir de su casa, al principio le preguntaban que si ella sabía lo que la asociación representaría:

“Ellos están felices porque estoy cubriendo mi proyecto de vida. Yo estoy comprometida con Dios, al levantarme le pido fortaleza porque de estas mujeres aprendes mucho; veo el sufrimiento y me quiebro, le pido fortaleza para decirles una palabra de aliento, le pido que me dé salud para ayudarlas”, dice.

Sin embargo el proyecto de María Teresa va más allá, pues piensa que en unos años será necesario cambiarse hasta el centro metropolitano, donde se situará el hospital oncológico, y ya está tocando puertas para que el nuevo albergue con el que sueña también tenga un área especializada en cuidados paliativos para aminorar el dolor de aquellas mujeres y hombres que están en fase terminal de la enfermedad del siglo llamada cáncer.

Juan Antonio Cruz conoció a Grafitos cuando el grupo llegó a bailar cumbias colombianas al barrio, la mayoría de sus compañeros se unieron pero muy pocos permanecieron, entre los ritmos y la disciplina del baile, se olvidó de las “broncas” que tenía con las bandas rivales, conoció otras fronteras y concluyó sus estudios de secundaria y preparatoria.

“Pude terminar la secundaria porque a mí me corrieron de la secundaria donde estaba y luego pasé a la preparatoria, todo lo cursé ahí. Me las corría porque me peleaba con los mismos del barrio, en Grafitos tenemos secundaria y preparatoria abierta para los chavos que no tienen la oportunidad de estudiar o que hayan tenido algún problema”, dice.

“Mi vida cambió completamente, los chavos de mi edad con los que yo me juntaba, algunos son drogadictos o alcohólicos, o están en el penal, desde ahí yo veo la diferencia, somos del mismo barrio pero ya no somos iguales; he cambiado esa parte, no tengo vicios, logré estudiar y terminar la carrera, algo que en el barrio es muy difícil porque no hay el apoyo de los papás y de la familia” añade.

Tras ser beneficiario de la asociación Voluntades por Coahuila, donde uno de los programas es precisamente el baile a través de Grafitos, hoy es coordinador operativo de los programas del organismo, se está preparando para ser presidente, cargo que hoy ocupa Rodrigo Montelongo, fundador de la asociación.

“Me encargo de acompañar a los chavos en las actividades, compartir lo que he aprendido, decirles que podemos ir mejorando las cosas que hacemos en el barrio; aunque no somos de ninguna religión, festejamos algunos santos, tenemos actividades de recreación, talleres de música, de baile, cursos de reciclado”, explica.

Recientemente se graduó de Ingeniería en Sistemas en la UTC, ahora trabaja para la Comisión Estatal de Seguridad, sin embargo cada fin de semana los dedica por entero a Grafitos.

Señala que siempre ha existido discriminación hacia los chicos del barrio, por la forma en que se visten y cómo hablan, y una de las principales violaciones es el derecho al trabajo:

“Ya están etiquetados de que roban, no se dan cuenta que como en todos los gruhay personas buenas y malas, hay mucha banda que le gusta trabajar. Falta que crean en los chavos, que no crean son lo peor de la sociedad sino que es gente con la que se puede hacer cosas, chavos que buscan la oportunidad de hacer algo, de poner un negocio de cerigrafía o de tatuajes o de tienda de ropa, pero no tienen los recursos porque no les tienen confianza”, asegura.

Dice que Grafitos pasa por una nueva etapa donde se está incluyendo a las familias de los jóvenes porque la formación que reciben la van poner en práctica en sus hogares, ya que muchas veces las familias no están unidas y desconfían de lo que se hace en la asociación.

San Juan sueña con seguir trabajando en Grafitos, ayudar a que más chavos vean que se puede salir adelante de una forma diferente de como se construye la vida en el barrio, y si algún día se da la oportunidad, abrir más grupos, una tarea difícil por la falta de apoyos.

En grafitos encontró una segunda familia, con los chavos que emanan de pandillas logró una hermandad que lo ha ayudado en los momentos más difíciles como la pérdida de su madre:

“Mi mamá falleció, pero se fue orgullosa, tranquila de que yo pude salir adelante y que ahora ya me puedo valer por mis propios recursos, y mi papá ya sabe que no batallo porque soy autosuficiente”.

Hace 14 años, cuando la protección de animales en Saltillo era nula, Marisol Figueroa Narro empezó a rescatar mascotas junto con otras personas que tenían la visión de ayudar en la conservación del medio ambiente.

La primera mascota que rescató fue en la puerta de su casa, era una perrita que iba a tener cachorros, le consiguió un hogar a la madre y sus crías, posteriormente empezó a colaborar en un albergue en Ramos Arizpe y ahí junto con otros compañeros analizó la posibilidad de habilitar un lugar en Saltillo.

Rescatar animales era un hobbie para ella, una tarea que hoy es una responsabilidad que trata de equilibrar con su vida personal. “Soy ingeniero en Materiales trabajo en una empresa, yo le decía a mi mamá que yo iba a la escuela por hobbie y que mi trabajo era el albergue, porque le dedicaba la mitad de mi día a ver casos de reportes, ir a la veterinaria y ayudarle al doctor con las cirugías, toda esa parte sí cambió en el momento que empecé a laborar”, dice.

Sin embargo, logró empatar los tiempos, invierte las tardes y los fines de semana, se apoya de voluntarios y las mascotas que están más enfermitas las lleva su casa.

Al albergue Prodevida, situado en la carretera a Torreón, llegan perritas preñadas que son abandonadas por sus dueños, mascotas maltratadas que son reportadas en redes sociales cuando las ven en la calle; reciben perritos que desde cachorros los amarraban provocando que las cadenas se les encarnaran, los cuales han sido intervenidos.

“Hemos recibido perritos de los casos más crueles, donde te llenas de tristeza de cómo el humano puede llegar a hacer este tipo de daño a otro ser vivo. El abandono y la crueldad siempre van a existir, porque al final ellos dependen de los humanos, y sí entre nosotros mismos hay tanta agresión, de pronto es difícil pedir justicia o atención hacia estos seres vivos”, considera.

Piensa que en una década la cultura de la gente ha cambiado, las personas que tienen mascotas son más conscientes, muchas personas no sabían lo que era esterilizar, había cierto grado de machismo al no querer esterilizar a los machos, hoy mucha gente contempla la adopción antes de comprar una mascota y esto la hace feliz.

“La paga que nosotros recibimos es tener una mascota rehabilitada y haciendo una familia feliz, como asociación, como Prodevida tenemos 11 años, llevamos más de mil mascotas dadas en adopción y 4 mil mascotas se han esterilizado”, comenta.

Junto con su equipo, trabaja en actividades para reunir donativos, y llevan cuatro años dentro del Programa Pedigrí Adóptame, empresa que los apoya con el alimento de las mascotas.

A sus 31 años sueña con una familia: “tengo unos sobrinos que adoro pero me gustaría tener una familia a quién dejarle este mensaje, en todo este tiempo he puesto mi granito de arena en muchas personas, me gustaría dejarlo en mi propia familia”, dice.

Está consciente de que siempre está expuesta a riesgos al tener contacto con animales, sin embargo sólo una vez ha resultado herida en un brazo, y esto fue porque se metió a separar a dos perros.

“Yo llegaba y abría todas las jaulas para jugar con todos y llegaba una compañera y se empezaban pelear, los guardaba de volada, uno les transmite a los animales todo y si uno llega con estrés, con miedo, lo resienten”, dice.

Está convencida de que a una mascota se le puede entender más que a los humanos, a su perrita “Veka” la rescató después de que la atropellaron, la educó de tal manera que la gente piensa que la tiene desde cachorrita.

“Ella entra y sale de mi casa sin ningún problema; en una ocasión andábamos en un rancho y se quedó oliendo otras cosas, me escondí y volteaba asustada y de pronto salgo y le hablo, fue como ver a un niño emocionado”, relata.

Marisol piensa que el cariño es el idioma universal entre el ser humano y los animales, sabe reconocer cuando sus mascotas están alegres o tristes, ha sentido su compañía incluso en momentos difíciles.

“Hace tres años uno de mis hermanos tuvo una accidente muy fuerte, mis papás casi vivieron en el hospital, al final del día yo llegaba a la casa y los perritos me acompañaban, entre la soledad y la incertidumbre únicamente estaban ahí, sin la intención de jugar, sólo estaban ahí conmigo”.

“Yo empecé a venir aquí al Penal hace dos años por motivación de unos compañeros, porque las personas que están aquí se sentían muy solas y necesitaban de nuestra ayuda. La labor de nosotros como Alcohólicos Anónimos es venir a decirles a las personas que están aquí que tienen problemas con su manera de beber que nosotros encontramos una forma de alejarnos del alcohol por medio de un programa y que gracias a este programa hemos conocido una forma de vivir”, dice José “M”.

José “M” llegó a AA cuando tenía 32 años, a causa del alcohol se divorció de su primera esposa, y estaba a punto de perder a su segunda esposa cuando reconoció que beber le acarreaba demasiados problemas.

Antes de llegar a AA bebía todos los días, ahora cumplirá cinco años sin beber, dos de los cuales los ha pasado compartiendo el mensaje en el cereso de Saltillo, donde se estableció desde hace casi 40 años el grupo Libertad conformado por unos 10 internos.

“Hemos tenido la suerte de andar en hospitales y en muchas partes, pero aquí en el Penal son compañeritos que han sufrido mucho y tienen muchas ganas de salir adelante, todo lo que acarrea el alcoholismo es mucho dolor, el alcohol hace que uno se retire de su seres queridos y cometa actos de mal juicio”, dice.

“La mayor parte de las personas que están recluidas en este centro penitenciario han cometido delitos bajo los influjos del alcohol o de alguna droga, pero han encontrado fe fortaleza y esperanza y tienen muchas ganas de salir adelante, se están preparando para llevar una nueva vida cuando salgan” añade.

Jose “M” dirige un pequeña empresa, pero se da tiempo para compartir con los internos del Penal su nueva forma de vida; dos veces a la semana por la tarde asiste al cereso para conversar durante una hora y media su experiencia con los internos

Lo acompaña Juan Sagar “H”, un hombre que decidió asistir a AA cuando nació el mayor de sus hijos, hace 18 años, porque no quería darle la vida que él experimentó desde niño en su hogar.

“Cuando yo llegué era una persona perdida emocionalmente y hasta físicamente, no tenía metas en la vida y al llegar AA, donde se me empiezan inculcar valores, llego después de haber fracasado como padre, como estudiante, como hijo”, dice.

Explica que su alcoholismo empezó muy joven, ya que vivía en un núcleo familiar donde había muchos problemas, su padre golpeaba a su madre, y desde muy joven supo lo que era caer preso en el tutelar de menores y el cereso, por eso hoy que ya no tienen ataduras, le gusta compartir su historia con los muchachos del Penal.

Juan Sagar “H” realiza diferentes servicios en penales, el Centro de Integración Juvenil y en hospitales, para invitar a hombres y mujeres a seguir un programa de 12 pasos que los puede llevar a ser felices.

“Los 12 pasos son para la recuperación personal, para atacar la forma de pensar del porqué bebíamos de manera descomunal, nos hacen darnos cuenta de que la raíz de nuestra enfermedad no está en lo que tomábamos, sino en lo emocional y en lo espiritual”.

“El día de hoy entendemos que es nuestra forma de actuar y pensar; nos hemos enseñado a controlar esos impulsos y esos estados emocionales que nos han dañado mucho ya que Dios nos dotó de dones y nosotros los descoyuntamos y los hicimos defectos, a través de los 12 pasos nos enseñan a controlarnos y vivir una vida útil y feliz”, dice.

Juan Sagar “H” es maestro en un centro de bachillerato técnico, y se las ingenia para acompañar a José “M” al Penal, lo motiva la esperanza de sus compañeros, porque sabe que más allá de la libertad que un día alcanzarán fuera de las rejas, los jóvenes necesitan ayuda para alcanzar una libertad mental y espiritual que un día él también alcanzó gracias a AA.

Rosa Angélica García Saucedo cumplirá 25 años de experiencia en la belleza cumpliría 10 años ininterrumpidos con su negocio propio, sin embargo, la desaparición de su hijo la dejó devastada moral y económicamente, y hasta hace unos meses emprendió su labor como estilista.

En febrero de 2012, cuando interpuso la denuncia de la desaparición de su hijo en la Procuraduría, al mismo tiempo visitó el Obispado de Saltillo para solicitar apoyo al Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios y desde ahí se unió al grito de justicia de Familias Unidas pr Nuestros desaparecidos en Coahuila (FUNDEC).

Su hijo, Jaime César Álvarez García, desapreció el 6 de enero de 2012, en Piedras Negras, Coahuila, luego de una visita que hizo a México en temporada decembrina, pues tenía 10 años radicando en Dallas, Texas.

Rosa Angélica descubrió que debido a un problema migratorio a su hijo le cancelaron la visa, y fue su pareja quien contrató los servicios de un pollero para cruzarlo. “Ella solicitó los servicios de un coyote o pollero llamado José en Piedra Negras, ella fue la que le dio todos los datos, la que le dijo dónde lo vería… Al famoso pollero no lo han podido detectar, a ella no la han llamado a declarar y todo lo que tiene la Policía hasta ahorita, yo y el Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios se lo hemos dado al Ministerio Público”, relata Rosa Angélica.

“Ella nos dijo que el pollero le dijo que a mi hijo se lo había quitado en la frontera de Laredo un grupo de hombres armados, a él y a otros que llevaba, por no pagar el derecho de paso, por eso es que nosotros creemos que cayeron en las manos de las organizaciones criminales”, dice.

Rosa Angélica empezó a buscar a su hijo en Estados Unidos con ayuda de un funcionario del Consulado norteamericano, sin obtener resultados, serán tres años y cinco meses de la desaparición de su hijo, quien cumpliría 29 años antes de su desaparición.

El mensaje que su hijo siempre le enviaba cuando llegaba a Estados Unidos nunca llegó, por eso Rosa Angélica participa en las marchas de familias de desaparecidos exigiendo la búsqueda inmediata de su hijo, para sensibilizar tanto a la sociedad como a las autoridades, estatales y municipales, que se requiere de una búsqueda en vida: “En últimas fechas ellos se han dado a la tarea de buscar, pero buscan en fosas, es un signo de que los están buscando muertos, pero nuestros hijos no están muertos ,sino desaparecidos, por eso exigimos que se mantengan los derechos humanos de nuestros seres queridos”, exige.

Cuando su hijo desapareció Rosa Angélica tenía una estética, un negocio que también desapareció porque ella se dedicó por entero a la búsqueda de su hijo. “No tenía ni tiempo para atenderla, ya no podía sostenerla, anduve trabajando en un lugar, en otro; a mí no me importa lo económico, a mí lo que me importa es él, él me apoyaba mucho, tengo poco que volví abrir de nueva cuenta el negocio pero sí me afectó mucho emocionalmente y a mis hijas, porque eran muy unidas con su hermano”,
relata.

La desaparición de su hijo la llevó a convertirse de estilista a defensora de los derechos humanos de las personas desaparecidas, su dolor la ha llevado a encabezar las comisiones que se reúnen con las autoridades federales en el Distrito Federal, e incluso ha estado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde decenas de organizaciones que defienden otro tipo de violaciones se solidarizaron con FUNDEC.

Cuenta que el apoyo de sus hijas también ha sido fundamental, pues el padre de sus hijos la abandonó. Ella sola sacó a su hijo e hijas adelante hasta convertirlos en profesionistas, ahora ellas soportan el dolor y la esperanza de encontrar a Jaime César.

“Es algo horrible por el dolor que puede existir, ni la muerte duele tanto, al menos uno sabe dónde está su cuerpo y su espíritu en la presencia del Señor, cuando un ser querido está desaparecido no sabemos dónde está. Yo confío mucho en Dios y me renové en el Señor como el águila con su plumaje nuevo, y ese dolor que traigo en mi corazón lo convierto en fuerza para seguir buscando, pues esta lucha es por todo el colectivo, porque somos una familia del dolor, de la esperanza”.

Javier Martínez Hernández egresó desde el 2002 de la carrera de Derecho, el destino lo puso en un ámbito que poco se litiga en Saltillo: los derechos humanos. “De entrada sabes que son casos donde no vas a tener ganancias económicas; desde mi punto de vista se ha avanzado, pero todavía está muy limitado sobre todo en los abogados están muy cuadrados los conceptos”.

Pese a las reformas constitucionales en materia de derechos humanos, los jueces son renuentes, quieren seguir en el sistema que siempre ha prevalecido, lo que representa un obstáculo para los defensores. “Tienes que estar con una paciencia insistiendo.

Estamos batallando con el tema de tortura; estamos luchando para que exista una sola investigación en el Ministerio Público, porque cuando hemos tenido las denuncias siempre las quieren calificar como lesiones, tenemos un amparo en contra de la CDHEC por lo mismo”.

Desde el 2004 la defensa de migrantes se convirtió en su pasión y por ellos ha traspasado fronteras, ha sido testigo de que tan sólo por su condición son perseguidos y maltratados.

“Una mujer que dio a luz en Saltillo, me tocó acompañarla al Registro Civil para que registraran a su niña, le dieron su acta de nacimiento y después se topó con gente de Migración, la detuvieron para deportarla, en esos momentos los agentes de Migración sin peritaje alguno le dijeron que el acta era falsa; batallamos para que saliera de la estación migratoria”, cuenta.

Javier revela que uno de sus mejores años fue del 2008 al 2009 en la CDHEC, cuando estaba al frente Luis Fernando García Rodríguez, pues trabajó sin freno en la defensa de migrantes.

“Hicimos una actividad que nunca se hacía, que era venir por los migrantes que se iban a tomar el tren, veníamos en carros de la CDHEC, los llevábamos a las vías y nos quedábamos con ellos esperando el tren, me tocó estar ahí cuando llegaban las patrullas rayando llanta y si no es porque estábamos los hubieran detenido, era un trabajo en conjunto, ya no es así, además había un programa de regulación migratoria, ahora ni siquiera se hacen visitas a la estación migratoria”, asegura.

Dice que lo motiva la empatía, tratar de ponerse en los zapatos de las personas, de los migrantes perseguidos y detrás del encierro.

“Las buenas prácticas se las trato de enseñar a mi hijo, él tiene 5 años y cuando es verano lo traigo todos los días, ahora que vienen muchos niños juega con ellos, para que no vaya a crecer con los estigmas hacia los migrantes, que son delincuentes o vagos”, dice.

Javier es saltillense, sin embargo algo en común tiene con los migrantes este defensor: su esposa y su pequeño radican en los Estados Unidos, los separa la frontera norteamericana, la que afortunadamente puede cruzar sin problemas migratorios.

“Después de laborar en la CDHEC me fui para Estados Unidos porque mi esposa ya estaba allá y mi hijo iba a nacer, cuando mi niño empezó a crecer se me brindó la oportunidad de trabajar de nuevo en la Casa del Migrante”, dice.

“Me pongo a comparar la vida de los migrantes, dejan hijos, chiquitos como el mío; me pongo a ver la ventaja que tengo porque yo puedo ir y venir, pero ellos pasan años para que los vuelvan a ver, imagino la fuerza que han de tener; platicando con ellos me dicen que es por amor, sacrifican estar con ellos para darles una mejor vida”, añade.

Dice que en su estancia y sus visitas periódicas a EU compara la actuación de las autoridades con los migrantes y comprueba que en México existe mayor agresividad hacia ellos: aquí sufren más persecución, cuando viví allá me iba a lugares como Home Depot, donde se reúnen muchos indocumentados en las esquinas y llegan camionetas para llevarlos a trabajar, y pasaban las patrullas y nunca me tocó ver que los agredieran, aquí sí”.

Piensa que la persona que trabaja en el tema de derechos humanos debe estar consciente de que se rema en contra corriente, y si no se tiene paciencia no se logrará nada. Dice que desde el equipo de la Casa del Migrante han tenido logros que tardaron años, como el hecho de que el Ministerio Público haga la notificación consular cuando se detiene a un migrante por la comisión de un presunto delito, pues el no dar aviso pude anular algunas diligencias.

El sueño de Javier es estar con su familia y compaginar la defensa de derechos humanos, pero en Estados Unidos: “me gustaría estar con mi familia, ojalá logre encontrar una oportunidad, trabajando en el tema de derechos humanos con niños migrantes”.

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