Coahuila

Publicado el viernes, 29 de marzo del 2024 a las 15:54
Saltillo.- En sus pies llevan la marca de los millones de pasos caminados para llegar a Estados Unidos, pero ahora usan sus fuerzas para cargar la Cruz y recordar el doloroso camino de Jesús.
El Viacrucis de la Casa del Migrante es uno de los más conmovedores de la ciudad; las personas en tránsito ondean sus banderas y piden a Dios poder continuar su camino y llegar a su destino, sanos y salvos.
Procedentes de Honduras, El Salvador, Venezuela, Guatemala y hasta de Tailandia, más de 40 migrantes rezan en el atrio de la rectoría de la Santa Cruz de las Cuevas, y se enfilan hacia las calles de la Colonia Landín para recordar el camino de la cruz en este Viernes Santo.
Aquí está Denis, salvadoreño de 24 años de edad que persigue el “sueño americano” para ayudar a su mamá.
“ Mi objetivo siempre es ayudar a mi mamá, donde quiera que yo vaya puedo trabajar, y tengo mis manos y mis pies que Dios me ha dado para hacer eso y es lo más maravilloso”, expresa.

“ Somos como Hércules, quizá, todas las personas son de diferentes países, pero como siempre nos une Dios, y es lo más maravilloso, si uno se quiere meter en lo malo, donde quiera está lo malo, pero si uno sigue a la iglesia, ahí está todo, está el amor de Dios y eso es todo”.
Desde hace dos años que salió de su hogar, Denis ha trabajado de albañil en Oaxaca, Chiapas, Ciudad de México, Querétaro, Monterrey y Saltillo, sin perder de vista la meta de llegar al otro lado.
“ Hay fronteras que el mismo país, el mismo mundo las ha inventado, a veces la policía llega y lo agarra, y eso es lo más difícil porque fronteras para Dios no había, Dios caminó por todo el mundo”, expresa.
José Luis Manzo Ramírez, coordinador de Atención Humanitaria de la Casa del Migrante, afirma que el Viacrucis que viven los migrantes continúa siendo injusto y doloroso.
“ Deben ser alrededor de 40 personas, no son todas las personas que están en el albergue, un grupo salió muy temprano para continuar su viaje y enfrentar su propio Viacrucis”, comenta.
“ Desde que estaba el padre Pedro, él siempre tenía el Viacrucis como un acto de denuncia y de exigencia de justicia, tanto por las agresiones físicas, verbales, violaciones graves a derechos humanos, delitos graves cometidos en contra de personas migrantes”, detalla.
Mientras, Wilmer García de 32 y originario de Guanajuato, se prepara para cargar el Cruz y cuenta que en ocho días volverá a intentar cruzar la frontera norte.
Ha pasado dos veces y dos veces lo han regresado, pero lo seguirá haciendo debido a que el crimen organizado que impera en su estado, le impide mantener a su madre.
“ Lo más peligroso es que lo roban a uno los mismos policías de aquí de México, le quitan a uno todo, en San Luis Potosí a mí me robaron todo, mi teléfono, mi cartera, todo me dejaron sin nada”, recuerda.
El camino de los migrantes es incierto, peligroso y doloroso, justo como el que vivió Jesucristo.
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