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Publicado el sábado, 24 de diciembre del 2022 a las 21:08
Gastos excesivos, falta de dinero, nostalgia por el pasado: la expectativa navideña que siempre se busca cumplir para estar a la altura de lo que nos vende la publicidad genera ansiedad, estrés y depresión.
Este “bajón decembrino” es más común de lo que creemos y más peligroso de lo que parece, pues lo que para muchos significa alegría o felicidad, para otros puede ser un detonante para tomar decisiones fatales.
‘Ánimo estacional’
El sicoterapeuta sicoanalítico Daniel Leza explica que este estado de ánimo puede estar relacionado con una cuestión estacional, pues existe una mayor propensión a episodios depresivos en el periodo invernal.
“ Esta temporada decembrina, de las fiestas, está socialmente significada desde la abundancia y la presencia, presencias idealizadas y una abundancia idealizada.
“ Confrontamos el ritmo y el curso de nuestra vida con estas idealizaciones, lo que regularmente va a dar por resultado que se confronte uno con las pérdidas y con los vacíos de cualquier tipo, incluso con lo que sería no cumplir con las expectativas que el imagino social nos implanta”, explica.
Vacíos emocionales
Por su parte, Fabiola Rodríguez, sicóloga y suicidóloga, explica que el consumismo y la necesidad de llenar vacíos emocionales con objetos materiales incrementan la ansiedad y generan depresión.
“ Si nos vamos por el lado económico obviamente afecta, porque se incrementan las deudas, hay personas que intentan suplir esta parte del cariño con lo económico y hay más presión, y eso sí es algo que se puede percibir en el ambiente, ahorita hay mucha presión por lo material, y desgraciadamente a veces queremos suplir esta parte del afecto con muestras que sean palpables”, detalla.
Siempre será importante
En caso de que sea un amigo o familiar el que se encuentre triste o no quiera participar de las celebraciones, es importante hacerle sentir querido en todo momento, darle su espacio sin dejarlo solo, no forzarlo a convivir, pero recordándole que es importante.
“ Nuestro deber como sociedad y como familia es siempre tratar de involucrarlos”, señala, “siempre tenemos que respetar a la persona, que a lo mejor sus motivos tiene para no quererse involucrar, pero jamás hacerlo a un lado, poner nuestro granito de arena y aprender a detectar por qué no le gusta, tener un poco más de cercanía y comunicación: darle su espacio pero no dejarlos solos”.
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