Saltillo

Publicado el domingo, 21 de septiembre del 2025 a las 04:42
Saltillo, Coah.- Cada semana, un pleito; cada siete días, un muerto. La violencia en la ciudad escala de manera alarmante, y si no se empiezan a aplicar políticas públicas y estrategias puntuales, el número de casos seguirá en aumento, del mismo modo que la furia ejercida en cada riña.
César Arnulfo de León Alvarado, director de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Coahuila, advierte que los jóvenes hoy ya no solamente usan los puños a la hora de un altercado o de un pleito. Recurren a manoplas de hierro, objetos punzocortantes y hasta armas de fuego, situación que debe de detenerse.
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Cuando vemos este tipo de conductas, que escalan a este nivel, quiere decir que como sociedad algo está pasando, (la violencia) se normaliza, porque ya vemos que los incidentes aumentan en magnitud; es decir, aumenta la cantidad de casos que tenemos. La tendencia es a aumentar, no a disminuir, y eso nos indica que algo nos está rebasando”, asegura el docente.
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Esas narrativas ya se están normalizando, y sí, por un lado el tema es desde la política pública, qué podemos hacer, pero también la reflexión a nivel familiar es, qué estamos haciendo en casa”.
De León Alvarado señala que han colaborado en investigaciones con dependencias de Gobierno y organizaciones de la sociedad civil, con estudios en niñas, niños, adolescentes, padres de familia e, incluso, con adultos mayores, y los resultados muestran que falta trabajo de intervención y de acompañamiento social, encaminado a modificar conductas y lograr una mayor sensibilización.
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Estrés, ansiedad, pobreza y depresión son factores que pueden desencadenar actos violentos contra los demás y contra uno mismo. Son las interseccionalidades las que deben ser atendidas. Por ejemplo, un joven que ha sufrido violencia en casa, con situación económica precaria, con problemas de identidad, sin acceso a la educación y en un entorno donde hay drogas, es urgente que reciba atención médica, sicológica, emocional y de apoyo”.
Qué podemos hacer
Desde el núcleo familiar se pueden tomar estas tres acciones para prevenir la violencia doméstica y su impacto social:
Fomentar la comunicación abierta: Practicar el diálogo respetuoso y la escucha activa entre todos los miembros para resolver conflictos, sin violencia.
Enseñar valores de respeto: Promover la empatía, la tolerancia y el manejo de emociones en los niños y adultos mediante el ejemplo diario.
Buscar ayuda profesional: Acudir a consejería familiar o servicios de apoyo ante signos de tensión o violencia para prevenir su escalada.
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