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Por
Redacción
Publicado el jueves, 17 de abril del 2014 a las 15:00
ESPN | Valencia, Esp.- El futbol fue injusto con Marc Bartra, justo con Bale, agradecido con el ímpetu del Real Madrid y duro con la leyenda del Barsa, que en Mestalla entregó su grandeza a través de un Clásico de enorme tensión futbolística y de claras señales de futuro. El Barsa. Este Barsa, es más pasado que futuro y tiene un presente en que se dibuja el final de una época. Sin disimulo.
A dos minutos del final el poste izquierdo de Casillas escupió un disparo de Neymar que hubiera llevado el partido a la prórroga y evidenció, ironías del futbol, la diferencia final entre él y Bale esta temporada. El galés, correcaminos impresionante, marcó un gol de bandera, el gol de la final y probablemente el mejor del año en España; el brasileño, castigado por Martino durante demasiados minutos a la banda derecha, se las vio y se las deseó para mostrar algo de provecho.
En 11 minutos la final comenzó a pintarse de blanco. Una nula cobertura de Alves, que completó un partido tácticamente horrible y físicamente desastroso, facilitó la segunda contra el madridista, que acabó con un disparo raso y cruzado de Di Maria que superó a Pinto, incapaz de mostrar los galones que se le suponen a un portero de primerísimo nivel.
Pero por unos minutos el Barsa dio a entender que puede ser más que su ídolo y que a falta de su brillantez tenía la capacidad de sobrevivir en alguna jugada aislada. Fue en un córner, al que respondió Bartra, él mejor azulgrana en Valencia, con un cabezazo primoroso que superó a Casillas.
Y a la que se dirigía el partido a la prórroga llegó el golpe de gracia. Otra vez con Alves de protagonista principal aunque en la fotografía saliera Bartra. El brasileño volvió a quedarse fuera de onda en un ataque de su equipo y Bale tomó la autopista con destreza y una velocidad y fotaleza que se llevó por delante al bueno de Bartra. Alcanzó el área, encaró a Pinto y mató la final. Soberbio. Sobrenatural.
El Madrid volvió a arrodillar en Mestalla, como hace tres años, y desempató la historia de sus finales. Pero esta vez, a diferencia de lo ocurrido en 2011, promete provocar consecuencias en el Camp Nou. Se podrá decir que cayó con la cabeza alta, sí, pero el Barsa evidenció estar a un final de recorrido indisimulado. El Real le dio la puntilla.
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