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Por
Leticia Espinoza
Publicado el domingo, 13 de julio del 2008 a las 19:16
La familia de Rosa Linda García Jasso pronto le dirá adiós al vagón de ferrocarril que durante casi diez años fue su hogar; se alejarán del ruido de los trenes y la lluvia que en estas temporadas los inundó, para ser reubicados en una de las colonias de Ramos.
Los vagones que habitan serán rematados por el Municipio, por lo que urge sean ubicados en otro sector lo más pronto posible.
Mientras sus hijos juegan en los montones de ropa que tiene sobre las camas en la segunda parte del vagón donde viven, Rosa Linda relató que ella y su esposo llegaron hace treinta años a Ramos Arizpe para trabajar en un rancho llamado Las Titas; sin embargo, la fortuna no los alcanzó porque las labores del campo pronto terminaron.
Cuando nació Margarita, su hija mayor, decidieron volver a Tamaulipas con sus familiares, pues la pequeña nació entre otros padecimientos con el de paladar hendido, al cabo de poco tiempo volvieron a Coahuila porque el clima de Tamaulipas empeoraba la salud de la pequeña.
Desde su regreso hasta hoy, su esposo Juan Nicolás Montelongo nunca tuvo un lugar estable de trabajo así que hoy se le puede ver en las avenidas de Satillo pidiendo limosna para solventar a su familia.
“No teníamos trabajo, ni casa, por eso nos venimos a vivir aquí al vagón, pero desde hace mucho yo me quiero ir, ya no aguanto el peligro que corren mis niños cuando salen y lo primero que encuentran son las vías del tren”, mencionó Rosa Linda.
Contó que las autoridades, al ver las condiciones en las que viven les prometieron ayudarlos, y lo han cumplido pues este 25 de julio Margarita será operada del problema de su labio en el Hospital Ixtlero: “No quiero, me da miedo” interrumpe la niña.
Lentamente el futuro de la familia de Rosalinda tiende a cambiar, pues explicó que sólo falta arreglar sus papeles como nacida en Ramos Arizpe para que las autoridades le puedan donar el pie de casa de un terreno en Ramos.
“Ahorita estoy batallando porque mi madre nunca me registró y no tengo papeles, y mientras no los tenga no me pueden hacer el trámite del pie de casa en un terreno, pero me dicen que ya pronto estará listo porque lo que quiero es irme”, reiteró.
El rostro de Rosalinda refleja desesperación, pues no le importa dónde puedan ser reubicados, si en Analco o el Mirador, pues lo que desea es iniciar de nuevo su vida en otro lugar, porque desea que sus hijos lleven una vida mejor, en la que comenta desearía encontrar un trabajo para ayudar su esposo, puesto que actualmente se encarga de la cocina del Centro de Atención Múltiple al que asiste Margarita, pero en dicho oficio sólo le pagan con alimentos y no con un sueldo fijo como ella quisiera.
Por el momento la vida de los pequeños de Rosa linda, Juan Pablo y Rosy transcurre jugando cerca de las vías del tren, de donde pronto serán retirados y en su mente no quedarán más que los recuerdos de sus juegos.
Pese al peligro que corren, Margarita la hija mayor desearía quedarse en lo que desde pequeña ha conocido como su casa y que ve difícil poder abandonar a pesar que sabe un mejor futuro le espera fuera de ese lugar.
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