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Esperan un riñón para cambiar su vida

  Por Camelia Muñoz

Publicado el jueves, 10 de marzo del 2011 a las 16:00


Este jueves se celebra el Día Internacional del Riñón, un órgano esencial para el ser humano y causa de muchas muertes

Saltillo, Coah.- Este jueves se celebra el Día Internacional del Riñón, un órgano esencial para el ser humano y causa de muchas muertes en caso de que haya una anomalía en el funcionamiento del mismo.

En el país, un total de 7 mil 609 personas están a la espera de una donación de este órgano, la mayor cantidad de los 14 mil 537 que integran la lista de espera para todo tipo de órganos, como son córneas, hígado, corazón, páncreas y pulmón.

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Aunado a esta cantidad de más de 7 mil personas que requieren de este órgano, hay 12 más que necesitan además el riñón junto con páncreas, o con hígado; hay otros más que gracias a la compatibilidad de familiares pueden disponer de este órgano, pero muchos fallecen en la larga espera.

Zócalo Saltillo presenta dos historias de personas que se encuentran enfermas por insuficiencia renal, quienes sufren en carne propia el desgaste de este órgano por distintas circunstancias.

‘QUIERO ESTUDIAR’

Érick cuenta con 17 años, pero debido a que sus riñones no se desarrollaron bien, se afectó su crecimiento y parece un niño de 10 años. Sus ganas de vivir se reflejan en sus sueños, y en su confianza de que todo cambiará, pero también en su impaciencia por obtener un riñón que le permita hacer una “vida normal”…. Una vida que para él significa, simplemente, seguir estudiando.

Hace cuatro años que su salud se vio afectada cuando empezó a notarse algunos cambios, pero principalmente al presentarse malestares, dolor y una resequedad en su piel y sus labios, y éstos se tornaban con un color blanco, de forma permanente.

“Mi vida cambió en muchas cosas desde que me enfermé, quisiera estudiar como los demás niños, pero ya no pude. Yo nunca supe que me tocaría esto a mí. Yo era un niño alegre, así como los demás de ahí afuera, y cuando los veo pasar, quisiera ser uno de ellos estudiando, pero ya no pude y mi vida se vino para abajo, pero le doy gracias a Dios porque tengo a mi mamá y a donde vaya ella , yo voy”, dice con su entrecortada voz.

El apoyo de su familia es muy grande y él lo siente, pero extraña a su padre adoptivo, Juan Leopoldo, quien desde siempre le daba su cariño y su respaldo al decirle constantemente: “¡Échale ganas! No pienses en nada, tienes a tu mamá y me tienes a mí”.

“Yo le decía que sabía que tenía a los dos, pero no es igual, porque me falta algo a mí y me pongo a triste de repente y pienso por qué a mi me pasó esto y no a uno de mis hermanos, cuando quisiera ser como los demás jóvenes estudiando y tener una carrera; lo bueno es que terminé la secundaria. Me siento diferente porque sé que me falta algo, pero no hago caso y sé que algún día va a llegar un riñón para mí”, dice, tratando de evitar que sus lágrimas salieran.

A veces la impaciencia se apodera de él y piensa que sería mejor que todo terminara para que ya no sufriera más, pero su fe en Dios es mayor y comparte un sueño que tuvo hace unos meses estando internado, cuando sufrió una de las crisis de salud por su padecimiento.

Un día normal para Érick Fermín Antonio es levantarse, bañarse, dibujar, escribe canciones, cantos, escucha música, ve la tele y cuando está aburrido se duerme.

Tiene la esperanza de que esta monotonía puede cambiar si logra que exista un donador de riñón para él y por eso confía en que la población puede cambiar su manera de pensar respecto de la donación de órganos.

“Les diría que me ayudaran, que me dieran un riñón para que ya no sufra mucho así como sufro, que me ayudaran las personas porque ya no puedo seguir más. Cada vez que pasan los días me pregunto qué va a ser de mí y pues ya no puedo yo y le digo a mi mamá que ya no puedo seguir adelante”, dice mientras que ya no pudo controlar el llanto.

Hace apenas tres días tuvo una nueva crisis, debido a que no podía respirar, la tos no cesaba y el dolor era muy fuerte.

Pero aunque estos momentos de desesperación son constantes, él mantiene la esperanza de que llegará ese día que le digan que ya hay un riñón para él.

Esa esperanza se aviva al tener sueños muy agradables para él, como cuando se puso mal de salud estando en el Seguro Social cuando le daban hemodiálisis.

“Haga de cuenta que veía borroso y luego desperté y vi que estaba mi padrastro y al lado estaba Dios pero no se le veía la cara, y ahí estaba un libro y me pregunta: ‘¿Cómo te llamas?’.

Le digo que Érick y buscaba en un cuadernillo y me decía que aún no estaba mi nombre ahí. Yo le decía que por qué, si yo ya estaba muerto y me decía: ‘Tú todavía vives, todavía no está tu nombre’ y el Señor me dijo: ‘Sigue adelante, no estás solo, tienes a tu mamá, es ella es la que te apoya’ y nomás dije: ‘Está bien’”, recuerda.

Casi sonríe cuando agrega que en ese sueño Dios le dijo: “Tú tienes un propósito abajo”, y yo le decía ¿cuál?, pero me dijo que yo lo tenía que averiguar y lo único que dije que estaba bien, y ya me sentí mucho mejor.

Mi mamá me dijo que si Dios dice que tengo un propósito, pues ‘búscalo y ya vas a saber qué propósito tiene para ti’. “Me dio miedo, pero sé que yo no me voy a morir, sino que voy a salir adelante con esta enfermedad que tengo y que mis sueños se cumplan”, dice.

‘ME EMPECÉ A HINCHAR’

Cuando don Jorge Molina visitaba a una de sus hijas en el municipio de Ramos Arizpe, nunca imaginó que ese día tendría que decidir en quedarse en Saltillo y dejar su tienda en la población de Ciénega del Toro, en Galeana, Nuevo León, a causa de un malestar de riñón.

“Vine de visita y me empecé a hinchar y me llevaron a consultar para decirme que era el riñón y me empezaron a dializar; ahorita aquí estamos con esto desde hace seis meses y me dicen que no hay otras posibilidades más que ésas”.

A sus 46 años, y aún con un semblante fuerte, pero visiblemente hinchado de todo su cuerpo, dice que a diario deben estar atendiéndose en la casa de una de sus hermanas, que vive en la colonia Cerritos, cerca del nuevo Hospital General de Saltillo, en donde se atiende.

“Yo tenía una tiendita en mi rancho, pero trabajos pesados no hacía y dejamos todo allá; en el pueblo se quedó uno de mis nietos y mi hijo.”, dice.

Dice que se siente bien de salud, pero en ocasiones siente mucho cómo se hincha su cuerpo y siente un cansancio que no le permite caminar.

Don Jorge tiene el apoyo de la familia y se siente confiado de que estará bien mientras Dios lo quiera, aunque a él le confirmaron que no es sujeto a transplante de riñón por sus condiciones de salud.

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