Cd. Acuña

Publicado el sábado, 22 de agosto del 2015 a las 15:01
Saltillo, Coah.- El réquiem para los taurinos se convirtió en una fiesta para los ambientalistas.
La sala de sesiones del Congreso se volvió un ruedo político en el que diputados a favor y en contra “capotearon” sus argumentos. Una multitud embravecida daba la espalda al retador, pero también aplaudía a su defensa. Tras 16 estocadas, el enemigo cayó, y así la fiesta brava fue erradicada de Coahuila.
Lo habían anunciado. Los priista irían a favor. Panistas, en cambio, entraron con el capote escondido, y sin un “olé” de por medio, sacaron la banderilla y la clavaron con su anuncio: votarían en contra.
Jesús de León Tello habló casi agachándose para alcanzar los micrófonos. No dijo si estaba a favor de la fiesta brava, tampoco si era taurino. Sólo en una ocasión, al principio de su intervención, se refirió a los que gustan de las corridas de toros.
“¿Dónde están los derechos de la libertad de los que también les gusta y asisten a la tauromaquia?”, dijo el diputado panista. “No podemos caer sólo en el tema de las corridas de toros”, diría primero de León Tello, y después agregaría “¿por qué no tocamos el tema de las charreadas o las peleas de gallos?”.
Fue la única defensa que en dos horas de discusión tuvo el bando opuesto, el taurino, ese que días antes prometió ampararse en caso de no ganar la faena legislativa.
Ningún taurino, ni siquiera los de hueso colorado silenciado entre las curules, salió a pasarle alguna banderilla a la masacre que se avecinaba. Frente a él, una turba de más de 100 protectores de animales, con pancartas en mano y actitud desafiante, esperaba los motivos de su voto en contra.
No era, dijo De León, que no estuviera a favor de prohibir las corridas de toros, sino que la iniciativa se aprobara en fast track, con pocas semanas de haber llegado al Legislativo y sin profunda discusión, a pesar de que había otros temas, para él, más urgentes, como la pobreza o la deuda, o las venganzas políticas.
“No es tema”, gritó Francisco Tobías levantándose de su curul. El público aplaude, cuestiona, grita, rechifla. La presidenta de la Mesa Directiva reprende a ambos.
Y entonces optaron por callar. Tomaron sus pancartas y le dieron la espalda al panista que votaría en contra. Y así lo hicieron cada que pedía el uso de la voz. “Nos vamos a acordar de ti en las elecciones”, gritó una voz entre la tribuna.
“No es lo que persigue el respeto del tema a la fiesta brava lo que nos tiene aquí, y porque vamos a votar en contra Acción Nacional. Sino porque se ha prestado el Congreso para legislar sobre el caso para una revancha política y no lo podemos permitir”, gritó desde tribuna.
Luego subió Melchor Sánchez, el diputado “Pocholo”, para los cuates, quien no tuvo empacho en declarar haber asistido a la fiesta que ahora votaba en contra.
“He ido personalmente a las corridas de toros en la Plaza México y he estado aquí en Saltillo y en San Buenaventura, que son las tres que conozco, y cada vez que voy digo ‘cómo es posible que permitan esta barbaridad’. Y voy porque después presentan a los Tigres del Norte”, dijo. Y el público estalló en risas.
Siguió hablando. “Todos los que me han hablado de que si estoy loco al aprobar esto, ha sido los de la lana, la gente con dinero; los pobres no van a los toros. Qué triste es que alguien defienda esta barbaridad”, declaró.
Y llamó oportunista al legislador panista, al tiempo que declaró que él desde niño había aprendido a dar discursos de demagogia, e intentó también atacar con discursos contra gobiernos panistas, pero la presidencia de la Mesa Directiva le cortó las ganas.
Se conformó con seguir haciendo el “fuchi” a un espectáculo que describió con “santo y seña”. Como que lo había presenciado. El pinchazo al toro al salir al ruedo. Las picadas. Las banderillas. El enfrentamiento. La espada en el corazón. La sangre saliendo a borbotones. El remate al toro bramante. El corte de cola y rabo. “Que espectáculo tan bárbaro”, seguía repitiendo Melchor.
Y entonces entró al ruedo legislativo Luis Gurza, el expanista, hoy diputado local por el PRI, que acusó a su antiguo compañero de partido de aprovecharse de los medios de comunicación para hacer publicidad a otros temas, menos al que se estaba legislando. Y luego contestó al argumento de que dicha iniciativa llevaba dedicatoria.
“Si el tema fuera contra ese empresario, diputado De León, el que usted afirma trae dedicatoria esta iniciativa, pues aquí no estaríamos prohibiendo las corridas de toros, estaríamos prohibiendo la explotación de los trabajadores de las minas y el coyotaje del carbón, o prohibiendo que los hombres se pinten el pelo y se vistan de short con botas puestas”, dijo Gurza, cual certera estocada. Y vinieron las risas en coro. También los aplausos.
Y tomaba el panista fuerza y contestaba los argumentos. “No tienes principios”, le dijo a Gurza. Y otra vez los activistas, allá en la tribuna, se levantaron y pusieron de espaldas. Saltó otra vez al ruedo legislativo Tobías. En su mano otra banderilla.
“No me puedo imaginar que hay una fracción parlamentaria de este Congreso que va a votar en contra, por las migajas de financiamiento político y vuelos privados de algunos ganaderos”, espetó. Silbidos. Aplausos. Silencio. Y hubo respuesta.
“Él habla de vuelos. Le voy a mandar por ahí algunas bitácoras de vuelos que tengo muy interesantes que le van a causar sorpresa”, contestó Jesús de León.
Los ataques siguieron. Algunos aplaudidos, otros repudiados. Poco descanso hubo en las casi 20 intervenciones, en las que hubo hasta su breviario cultural, cuando la diputada Ivonne Gallegos entonó, con voz y ademanes, de esos que enseñan en primaria, un poema anónimo para iniciar su intervención.
“…Aunque ya con sangre mi cuerpo cubierto, el público ruge de contento, por fin ya voy comprendiendo, es sangre que piden, están sedientos, y mi rica sangre que da vida al cuerpo, quisieran beberla cual manantial, y el graderío estalla de emoción, cuando el blanco de sus pañuelos piden claros sus apéndices…”, leyó la legisladora del Panal.
Se levantaron otras más a secundar su oposición a los toros. Verónica Martínez, entre ellos. Lariza Montiel también subió a tribuna, aclaró un tema político, defendió al panismo, pero de toros nada dijo.
Y así pasaron dos horas. Ya nadie defendió las corridas de toros. Fueron 16 votos los que se clavaron en el corazón de la fiesta brava, y el público brincó enardecido. Hubo aplausos, gritos, burlas, abrazos. El enemigo había muerto. Había que festejar.
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