Carbonífera

Publicado el jueves, 19 de febrero del 2026 a las 04:08
San Juan de Sabinas, Coah.- Martha Iglesias desearía que la muerte de su padre y de los mineros de Pasta de Conchos “valiera la pena”. Que hubiera un cambio completo en las inspecciones, en las normas, que haya responsabilidades, que haya cambios en la estructura del Estado, que cambiaran las cosas en su honor.
La realidad es otra. Desde la muerte de los 65 trabajadores en Pasta de Conchos, más de 120 mineros han muerto en la región, según datos oficiales pedidos por transparencia y la Organización Familia Pasta de Conchos.
“Aquí salió papá”, señala Martha Iglesias en una mañana congelante de enero, mientras apunta a la zona de las rampas en la mina Pasta de Conchos, en San Juan de Sabinas. Fue el 4 de diciembre de 2024, a las 9:36 de la noche, que los restos de su padre, Guillermo Iglesias, fueron desenterrados de la mina.
Pasaron casi dos meses para que las autoridades le notificaran que aquellos restos eran, en efecto, los de su papá.
No muy lejos de la mina donde Martha recuerda la tragedia y la recuperación de los restos —a unos 15 minutos de distancia—vive María de Lourdes Aguilar Flores, viuda del minero Fermín Tavarez Garza. Ella mantiene la esperanza de que entre los restos de los dos últimos mineros que fueron recuperados en enero de este año, estén los de su esposo. Ella se suma a todas las viudas que siguen esperando a 20 años con una herida que permanece abierta en la Región Carbonífera.
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